Esta frase la dice Alec Leamas personaje interpretado por Richard Burton en la película El espía que surgió del frío. Hay otras frases de este personaje de la novela de John Le Carré que da nombre a la película. Entre ellas hay una que puede ser aplicada a los políticos que gobiernan el mundo en este siglo XXI, en el año 2023. Dice así: “¿Qué demonios cree usted que son los políticos? ¿Filósofos moralistas que calibran todo lo que hacen? Son un atajo de desdichados, escuálidos bastardos. Hombres y mujeres insignificantes, borrachos, invertidos, papanatas. Funcionarios que juegan a vaqueros para dar brillo a sus precarias vidas”.
John Le Carré publicó esta novela en el año 1963 y ya entonces puso de manifiesto como los poderosos con el servicio de los políticos adormecían al pueblo, a los pueblos y dibujó con trazos firmes lo que ya en aquellos tiempos era un político. Imagínense lo que son ahora esos políticos al servicio de los poderosos disponiendo de los medios de que disponen para manipular y adormecer a los pueblos.
Yo no creo en nada de lo que adormece al mundo, en nada, incluidas las religiones. Pero, a pesar de ser denostadas, las religiones aportan a sus fieles conocimiento, valores, principios y fe. Sin embargo la política, esa ponzoñosa doctrina, ese tóxico más tóxico que todos los tóxicos conocidos, esa secta que envenena a quienes la siguen, a quienes se entregan a ella bien por el programa que nunca cumplen o por el “carisma” del candidato o candidata, no solo no aportan nada a los ciudadanos que, adormecidos por los efluvios pestilentes de sus mensajes, se lo creen todo, sino que les manipulan obscenamente con el único objetivo de conseguir el poder y, una vez conseguido, mantenerse en él el mayor tiempo posibles. Menos aún creo en las instituciones internacionales que ponen de rodillas a los gobiernos de los países porque están regidas y dirigidas por los poderosos que disponen de un arsenal de medios para poner y quitar gobiernos utilizando para ello a los adormecidos pueblos que, anestesiados por los medios de comunicación a su servicio, ciegos y sordos por la ignorancia acumulada a lo largo de tantos años de manipulación, creen que son ellos los que, con su voto, eligen a los políticos que les gobiernan. Mención aparte merecen los medios de comunicación, al frente de los cuales está ese perverso medio llamado televisión que crea conciencias, estilos, gustos, apetencias, tendencias, héroes, villanos etc. deformando la realidad y escondiendo la verdad atiborrando al pueblo de la toxina informativa a dosis diarias tres veces al día como mínimo, toxina que les mantiene adormecidos como si de tranquilizantes y ansiolíticos se tratara. No creo en las nuevas tecnologías que, a pesar de las bondades que les atribuyen, lo único que han aportado es dar un paso más en ese adormecimiento que envuelve la vida de los hombres. Ni que decir de la llamada Inteligencia Artificial que está logrando que los seres humanos no distingan entre lo real y lo virtual. No, no creo en nada de lo que nos quieren imbuir como lo que nos va a cambiar nuestra viada a mejor.
No, porque lo que se persigue es añadir a todos los medios actualmente al alcance de los que nos quieren entontecer, anestesiar, adormecer; lo último en llegar para hacer de nosotros un rebaño de homínidos adormecidos por los cantos de sirena de todo lo que se da en llamar progreso. Ríanse ustedes del opio de las religiones, es un placebo en comparación del opio que todos los días y a todas horas nos suministran desde las atalayas de los poderosos a través de los políticos a su servicio, de los medios de comunicación de los que son dueños, salvo excepciones. Son dosis de adormecimiento paulatino para hacer que, como la rana hervida suavemente, no sintamos nada mientras penetran con ese opio en nuestros cerebros.
No creo en nada de lo que adormece al mundo, y si tengo que creer en algo, creeré en algo que me ofrezca valores, principios, conocimientos y fe y no las pestilentes doctrinas de los políticos al servicio de quienes nos quieren adormecidos, atontados y anestesiados para que podamos ser conducidos a punta de tralla como sumisos rebaños de hombres y mujeres perrunos y ovejunos.
MAROGA
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