“Los sueños de la razón engendran monstruos”
“La niñez se mide a través del sonido, olores y observaciones antes de que aparezca la sombra oscura de la razón” El niño con el pijama de rayas
“En la Edad Media el hombre no disponía de muchos medios, pero sabía perfectamente cuales eran los fines. El hombre de hoy dispone de todos los medios, pero ha confundido los fines”
Me reencuentro con un libro de mi juventud en el que se habla de las fuerzas telúricas y de su influencia en todo lo creado.
Y vuelvo a preguntarme cuando los hombres fuimos abandonados por Dios y nos perdimos en lo que hemos dado en llamar, apoyándonos en las ciencias, mundo moderno y racionalidad huyendo de todo lo que podía sonar a primigenio y telúrico, de todo lo que ahonda en nuestro origen, en el origen de la Tierra; de todo lo que nos relaciona y une por lazos invisibles al Cosmos. Hace años que olvidamos que lo de arriba es igual a lo de abajo y que el progreso solo es posible desde la armonía y el equilibrio entre lo de arriba y lo de abajo.
La Edad Media, tan denostada, no fue lo que se ha dicho a lo largo de la historia. Ni la oscuridad que se le atribuye fue tal, ni su retraso, ni su miseria; todo lo contrario, fue la última vez que el hombre estuvo cerca de Dios y vivió en armonía con el Cosmos.
La Edad Media dio a la ciencia hombres como Roger Bacon, Alberto Magno y Guillermo de Ockhan entre otros muchos. Las primeras universidades de Europa surgieron en la Edad Media: Bolonia 1088, Oxford 1096, La Sorbona 1150, Cambridge 1209, Salamanca 1218. Muy al contrario de lo que se ha dicho, la mujer de la Edad Media poseía más libertad que la del siglo XIX; además de ejercer diversos oficios: boticaria, copista, maestras de escuela, comerciante etc. Ejercieron el poder cuando en la Europa de la ilustración y el renacimiento eran relegadas: Blanca de Castilla, Leonor de Aquitania y Juana de Arco son buen ejemplo de ello. Pero lo que definitivamente desmiente las falacias sobre la “negra Edad Media” que articuló la soberbia del renacimiento haciendo creer que el mundo empezó con él, falacias que la ilustración se encargó de aumentarlas y corregirlas, son las catedrales. Una civilización que fue capaz de alcanzar los cocimientos de matemáticas, física, geometría, resistencia de materiales, hidráulica, astronomía, industriales, de compensación de fuerzas etc. para levantar las catedrales góticas que vencieron la gravedad y permanecen en pie 1000 años después de su construcción, era una civilización envidiable, mucho más cuando todo lo realizó manteniendo la relación con el Creador y con el Cosmos. Hay más; ¿Cuántos metales y cuerpos físicos y químicos salieron de la alquimia? Esa ciencia también denostada porque se basaba en la búsqueda de la perfección del hombre a través de la verdad que hay dentro de él y de su relación con Dios, y que escondía esta búsqueda bajo el manto materialista de la transmutación de los metales. La Edad Media fue la última vez en la que el hombre vivió en equilibrio entre los cielos y la Tierra, la última vez en la que el hombre buscó a Dios en las múltiples manifestaciones que de Él tenía y dentro de sí mismo. Y, en esa búsqueda, las catedrales fueron fundamentales porque la catedral medieval era el atanor donde se producía la fusión entre el hombre y su Creador.
Desde que el hombre puso sus pies en esta Tierra ha buscado los lugares donde las fuerzas telúricas eran positivas y producían una interacción entre lo de arriba y lo de abajo que beneficiaba el cuerpo y el espíritu de quienes allí estaban. Los conocimientos astronómicos y telúricos le llevaron a levantar construcciones en esos lugares que se convertían en lugares sagrados en los que el hombre podía purificarse. A esos lugares, paradigma de los cuales es Santiago de Compostela a donde llegan peregrinaciones desde hace 12 siglos, acudían los hombres desde cualquier parte del mundo buscando su purificación. Dólmenes, menhires y crómlech se pueden ver aún a lo largo de toda la geografía terráquea. Todos y cada uno de ellos están asentados en lugares telúricos donde las fuerzas de arriba interaccionan con las de abajo. Stonehenge con una antigüedad de 5.000 años y Carnac con una antigüedad de 6.000 son dos de las construcciones megalíticas más conocidas. Pues bien, ambas están construidas en lugares telúricos, es decir, lugares relacionados con las fuerzas de la Naturaleza y su interacción desde el Cosmos a la Tierra y viceversa. Y los peregrinos buscaban purificarse al recibir en su cuerpo y en su mente las corrientes positivas telúricas. Fue en la Edad Media cuando se levantaron las catedrales en esos lugares telúricos; su asentamiento lo deciden las corrientes que del Cosmos a la Tierra y de la Tierra al Cosmos se entrecruzan creando unas fuerzas que envuelven a los que entran en ellas en una paz y en una serenidad que les permite mirar dentro de sí mismos, percibir y sentir a Dios. Y es que la catedral es como el atanor alquímico donde se produce la transmutación del metal vulgar al oro. Y estando el hombre en ese atanor catedralicio siente en su ser las influencias telúricas que le llevan a transmutar su alma de lo vulgar a lo sagrado y en esa transmutación sentir y hablar con Dios y sentirse como parte de un todo universal que se mantiene gracias a la armonía y el equilibrio entre lo de arriba y lo de abajo.
Hoy y desde que la razón y la ciencia suplantaron a la Naturaleza, desde que el hombre fue erigido como el centro del Universo, desde que se olvidaron los primigenios conocimientos cosmológicos y astronómicos arrumbándolos en los sótanos oscuros de la razón, esa razón que cuando duerme engendra monstruos, las catedrales han pasado de ser atanores de la purificación a entornos turísticos sin alma en los que ha sido desterrado el silencio, la paz y la serenidad. Y las peregrinaciones han dejado de serlo para convertirse en caminos y lugares gastronómicos y de ocio rompiendo el nexo entre el cielo y la tierra. Y Dios ha pasado a ser un desconocido, cuando no alguien que molesta a las corrientes que empezaron a establecerse en el Renacimiento y la Ilustración. Hoy las catedrales han sido sustituidas por los centros comerciales, los caminos de peregrinación por caminos que conducen a miles de personas a festivales de música, y Dios ha sido sustituido por el consumismo, ese dios al que los hombres rinden culto y que no tiene ateos porque todos creen en él.
MAROGA
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