Aunque » 3-EN- UNO» les suene y lo asocien al famoso y genuino aerosol de aceite mineral multiusos –desarrollado en 1894 por el estadounidense George W. Cole, residente en Asbury Park (Nueva Jersey)– que lo mismo lubrica eficazmente cualquier mecanismo que elimina los chirridos, limpia el metal y protege contra el óxido y la corrosión en cualquier lugar de la casa, como las bisagras de puertas, las bicicletas o las máquinas de coser. No, hoy no toca hablar de este casi milagroso producto, sino del presidente Sánchez, alias «TRES EN UNO». Hoy toca hablar de un presidente que ha vendido su honor, su dignidad y su credibilidad a los comunistas, a los separatistas y a los Bildu etarras, no por un «plato de lentejas» –como hizo Esaú, el bíblico hijo de Isaac y hermano de Jacob– sino por seguir durmiendo en la Moncloa, viajar por medio mundo en Falcón y vacar durante el estío a cuerpo de rey en los palacetes de la Mareta (Lanzarote) y las Marismillas (Doñana). «Cada era histórica tendrá su propio Fausto», como escribió Kierkegaard, y a nosotros nos ha tocado “Fausto” Sánchez. Su histriónica personalidad, su acentuado egocentrismo y su compulsiva y patológica tendencia a la felonía y a la mentira le han convertido en el peor presidente de la historia de España. No creo que nadie pueda igualarle y mucho menos superarle.
Ha superado al absolutista Luis XIV de Francia –llamado «el Rey Sol», «el Grande» y » el Diosdado»– a quien se le atribuye la histórica frase << L’etat, c’est moi >> (El estado soy yo»), pese a que los historiadores la consideran una imprecisión histórica, ya que es más probable que dicha frase fuera forjada por sus enemigos políticos para resaltar la visión estereotipada del absolutismo político que representaba. También le ha echado un pulso en » autarquía» al mismísimo Fernando VII, «el Rey Felón» –el que usaba «paletót»– y lo ha ganado. No puede resistirse a ser el «primero «en todo, aunque sea en lo peor. Si con «El Rey Sol» Francia se consolidó como el país más poderoso de Europa, con Pedro Sánchez, España —política, económica y socialmente— se ha colocado a la cola de Europa. En cuanto al segundo, al monarca «Felón», si en su momento anuló «la Constitución de Cádiz», disolvió las Cortes y suprimió la prensa libre, Sánchez no se ha quedado atrás y ha puesto todo su empeño en que el «espíritu de las leyes» de Montesquieu y la «separación de poderes» no figuren y desaparezcan de su personal código ético y, por ende, del Gobierno de España.
Ha reducido y convertido «los tres poderes» — los pilares básicos y constitucionales de cualquier estado democrático– a «uno», al «poder sanchista». Al poder por el poder, como único y exclusivo fin. Tanto el Poder Legislativo como el Ejecutivo y el Judicial están a su servicio. Hace y deshace lo que le viene en gana como quiere y cuando quiere. ¿Acaso ya han olvidado de quién dependen los poderes del Estado español… y quién manda en España…? ¡Pues… eso! ¿A caso no está todo el poder en sus manos? Los gobernados, incluidas las Cortes Generales, somos todos sus lacayos. En su gobierno ni intervenimos en nada ni contamos para nada. Todos los derechos constitucionales brillan por su ausencia. Para rematar la faena solo le falta imitar a Luis XIV y elegir como emblema un «Sol» (el astro al que todos debemos la vida) y cambiarlo por el puño y la rosa. Si aún no lo ha hecho, tranquilos, que aún está a tiempo antes que las «Idus de diciembre» –impregnadas de ciertos “airiños da súa terra», la galega terra de Alberto Núñez Feijóo como presidente de un PP totalmente reforzado y renovado– le arrojen de la Moncloa a la «gehena».
El monarca francés — a diferencia de Pedro Sánchez– al verse así mismo como el representante de Dios en la tierra no tardó nada en ser conocido como el «Rey Sol», un ser infalible cuyo poder le había sido concedido por el mismo Dios. Por el contrario, a Sánchez, hoy por hoy, aún no se le conoce por el «Presidente Sol». Su poder no le viene directamente de Dios, sino de una cicatera y vengativa moción de censura basada en una «traición peneuvista» y del apoyo de las facciones más radicales de la extrema izquierda española, a las que protege y respeta en señal de agradecimiento y, que incluso teme, pues en ello le va su supervivencia política y su poder. Entre los múltiples «alias» –con los que pasará a la historia y se le recordará siempre– figuran los de felón, mentiroso, autarca, falconero, soberbio, megalómano, histriónico, prepotente, e incluso, con el lúgubre y despectivo título de Sánchez «El Desenterrador». Al parecer le ha tomado el gusto a este nuevo oficio, pues –desde la primera exhumación de Franco hasta la última de Primo de Rivera– ya lleva cinco sobre sus espaldas. Después de estos títulos –ganados a pulso día a día– ya no tendrá que preocuparse por cómo pasará a la historia y por cómo se le juzgará. Dará igual que está sea histórica, democrática o las dos juntas a la vez. Ahí tiene ya la respuesta. Desde que se ha convertido en el presidente «Tres en uno», lo mismo le da legislar una ley –por muy antisocial, antiética y antijurídica que sea– que ejecutarla y condenar a quien no la cumpla…porque ¿la Fiscalía de quién depende…? ¿De quién depende…? ¡Pues ya está! ¿Acaso no soy yo el presidente «tres-en-uno»…? Pues eso, todo lo demás sobra. La última obsesión del “sanchismo” es asaltar el Poder Judicial. El PSOE se ha “polemizado tanto, que es difícil reconocer a Pedro Sánchez como un social-demócrata y progresista como a él le gusta llamarse. Que no nos engañen más. Moncloa solo tiene un objetivo a corto plazo: renovar el Tribunal Constitucional a su conveniencia. Ya controla el Congreso, el Senado, la Fiscalía General y la Abogacía del Estado. Le falta el Tribunal de Garantías para que Conde-Pumpido y sus amigotes “se manchen las togas con el polvo del camino”. Es ahí, en esa mayoría absolutista de 7 a 4, en la que el “sanchismo” pervivirá en el tiempo y el espacio.
A Sánchez le urge ese cambio para “desjudicializar” los golpes de Estado permanentes del separatismo (amnistía para Junqueras, Puigdemont y cía), las reformas del Código Penal ) para anular los delitos de sedición y secesión, dar vía libre al referéndum en Cataluña y País Vasco y lavar la imagen de Bildu y de los asesinos etarras –con la complicidad del PNV– para regocijo de los presos vascos y humillación de las víctimas y sus familias, constitucionalizar las leyes del aborto, de la eutanasia, de la “okupación”, de las normas LGTBI, Memoria Democrática y legalización de todos los Reales Decretos del periodo sanchista. Le sigue urgiendo la desjudicialización para poner de patitas en la calle a los ladrones del PSOE en Andalucía (EREs y Formación Profesional), para .consagrar las leyes que permiten pasar de curso sin aprobar, la erradicación del español en casi media España, para permitir la expansión de los Països Catalans a Baleares, Valencia y Aragón, la anexión de Navarra por Euskadi, la entrega del Sáhara Occidental a Marruecos sin pasar por el Consejo de Ministros ni por el Congreso y, si me apuran, para ilegalizar y erradicar a VOX para que la derecha no gobierne nunca jamás.
Es volver a la España del 1931, a la Segunda República .Por eso hay que ganarle la Guerra Civil a Franco, aunque sea ochenta y un años después de muerto y exhumado del Valle de los Caídos, hoy en el argot progresista y superdemocrático de “Cuelgamuros”. Es su único objetivo y al parecer el de sus colegas de gobierno. Todo eso y mucho más (leyes para el exprópiese por motivos ambientales y/o de seguridad nacional) se podrá aplicar para vaciar de contenido la Carta Magna y, ante este panorama, proponer con urgencia un “proceso constituyente” que permita entronizar la III República para que las élites extractivas –del PSOE, IU, PCE, Podemos, ERC, Junts, PNV, EH-Bildu, Compromìs, Más País, CUP, Comuns, PCR y Teruel Existe– se repartan los cargos como lo hacen los familiares de Castro, de Ortega, de los Kim norcoreanos, de Putin en Rusia o de los Kirchner en Argentina. Solo les falta imponer –con la anuencia del TC de ese nuevo orden– la cartilla de racionamiento propuesta por la señora Díaz, para cuando sus fijos discontinuos sean más discontinuos que fijos y no trabajen. Han sido tres años de caos, de connivencia con quienes quieren romper el orden constitucional, España y lo que se ponga por medio. Todo sea por mantenerse en y con el poder absoluto en todo y para todo. No olvidemos que es el presidente » Tres en uno» y, así Moncloa se convertirá en el único poder multiusos, en “Tres- en- uno”: El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
El siguiente paso será consagrar un partido único bajo la continua vigilancia y supervisión del orwelliano “Gran hermano” y las leyes serán habilitantes, como la que quita y otorga poderes al Consejo General. Ya conocemos los experimentos del 33 en Alemania – designación de Adolf Hitler como canciller y el establecimiento del régimen nazi– y las consecuencias posteriores: la abolición de las libertades básicas y la creación de una comunidad “Volk” (pueblo, nación). Sánchez nos ha sumido en una incertidumbre perpetua. Ha engañado a muchos mucho tiempo. Pero no puede engañarnos a todos todo el tiempo ni un minuto más. Habla de transparencia cuando es el Gobierno más opaco de Europa. Ni siquiera ha enviado a la ministra de Justicia para que pase el examen de nuestra democracia en el Parlamento Europeo.
Defiende los casos de corrupción en Andalucía porque está defendiendo la corrupción de su propio partido, que no es otra que la suya propia. Y por eso permite que Bildu y ERC le marquen el camino de la “Mesa del Diálogo”. Dijimos y acertamos que no presentarían recurso al Constitucional por el “asesinato” del español en las aulas de Cataluña y ni siquiera lo ha hecho el Defensor del Pueblo…Pero mientras tanto, “el niño de Canet de Mar”, sigue inmerso y hundido en el fango catalán o dicho finamente, en la inmersión lingüística del catalán. ¡Qué razón tenía Cervantes! —aun cuando apócrifamente se le atribuya esa frase que nunca puso en boca de nuestro buen “hidalgo”— al exclamar sabiamente: “Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras”. Pues eso, de este personaje que ha hecho de la mentira y la traición su baluarte no se puede esperar nada bueno para España.
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, periodista y ex senador por Murcia.
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