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OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «El «gandhismo»de Feijóo»

Pedro Manuel Hernández López 04 Dic 2023 - 18:15 CET
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Más vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar por la mentira»(…).

Estoy seguro que –si en algún momento de su vida han oído o leído esta filosófica y famosa  frase política– les habrá gustado mucho, aunque no supieran quién era su autor.
Pero si les digo que se trata del político y dirigente más destacado del movimiento de independencia de la India contra el «Raj británico»–el gobierno colonial británico que abarcaba los actuales territorios de India, Pakistán, Birmania y Bangladés– para lo que practicó la desobediencia civil no violenta y su autor,  a demás de pacifista, pensador y abogado hinduista indio y,  que fue bautizado con el nombre honorífico de «Mahatma –por el poeta bengalí, filósofo y el primer no europeo en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1913, Rabindranath Tagore–rápidamente van a caer en la cuenta de que se trata del gran Mohandas Karamchand Gandhi, universalmente conocido como «Mahatma» y que en sánscrito significa «alma grande».

Trece días después de ese «politicum totum revolutum», ocasionado  por el polémico, frustrante y patético debate de
investidura de Sánchez  — y ahora cuando ya parece que las turbulentas aguas de la intensa crispación política por el chantaje de la inconstitucional amnistia empiezan a volver a su aparente cauce  de «anormal normalidad»–conviene recordar, o mejor, no olvidar las grandes verdades que el jefe de la oposición y presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en su turno de réplica al candidato a presidente, nos dejó en su magnífico discurso y, que a ciencia cierta, ocupará un lugar prominente junto a los discursos políticos más brillantes de la historia política de España.

Entre las muchas e irrefutables «verdades del barquero» –con las que esa misma mañana, Núñez Feijóo, el siempre «invicto» político galego de Nosa Señora do Pilar dos Peares(Ourense), colmó y apaciguó nuestro alterado espíritu democrático — solo citaré algunas de ellas para no alargar demasiado este artículo.
Su discurso alcanzó el punto más álgido cuando –con una actitud sincera pero noble, sencilla y hasta «presidencial»– desde la tribuna del Congreso y sin titubear lo más mínimo ni temblarle la voz, nos fue enumerando con esa firmeza y seguridad –que solo se manifiesta cuando emana de la moralidad, la legalidad y de la rectitud de conciencia– los  «13 noes políticos feijóoistas» más importantes y rotundos que en nombre de millones de españoles le fue espetando, a modo de un directo «trabucazo», al candidato Sánchez y a sus valedores anticonstitucionalistas  y cobardes socios de gobierno:

(…) «¡No a Pedro Sánchez, no a la amnistia, no a las víctimas del separatismo, no a borrar los delitos de corrupción y de terrorismo, no a mediadores internacionales, no a pasar por alto la injerencia rusa en nuestros asuntos, no a cesiones pagadas con cien mil millones de euros de los trabajadores, no a EH-Bildu, no a que unos pocos decidan por el conjunto, no a darle la espalda a más de la mitad de los españoles, no a una democracia recortada, no a la mentira, no a la desigualdad entre españoles,  y no a Pedro Sánchez y a sus chantajes para seguir diciendo «sí» a una nación de ciudadanos libres e iguales ante la ley».

Todos sabemos que Sánchez no ha conseguido limpiamente los votos del resto de los grupos parlamentarios, sino que los ha comprado firmando cheques en blanco que pagaremos todos los españoles. “Esta investidura, según Núñez Feijóo, es una humillación clara y manifiesta a todos los españoles», a sus leyes, a su forma de gobierno (la monarquía Parlamentaria)  y a la  Constitución del 78.

Otro de los momentos más álgidos y tensos de la réplica, fue cuando, Alberto Núñez Feijóo, investido del  más puro estilo «gandhista»,  ha resumido el fraude de esta investidura — ya abocada, de ante mano, al fracaso– con está apologiística afirmación:

(…) «Prefiero no ser presidente del Gobierno antes de serlo sometido a un permanente  «chantaje» (moral y político) de los separatistas y de los traidores a España y,  que durará lo que dure la actual y aún no estrenada nueva legislatura».
Pese a que entre la  afirmación de Mahatma y esta, la de Alberto Núñez Feijóo– ya han transcurrido  92 largos años– ¿no ven entre ambas una gran analogía y un cierto paralelismo …y que, tanto la una como la otra, podían haber sido pronunciada indistintamente por uno u otro, salvando los pequeños matices lingüísticos y cronológicos?

En el ámbito político y ético, ambos rechazan la idea de la «dualidad moral» que postula distintos principios para el comportamiento individual y social  de los grupos. Siempre sostienen que lo que es ética y jurídicamente malo para el individuo es igualmente malo para una comunidad o para el conjunto de la sociedad  o para la nación.
Tampoco aceptan esa doble vara de medir ni el distinto rasero preconizado por Maquiavelo, Meinecke, Weber y otros famosos historiadores, filósofos o políticos –teorías, hoy dia, cada vez más postuladas y defendidas por los actuales políticos y gobernantes a nivel nacional e internacional– de que el Estado o el partido político de turno en el Gobierno tienen amplia patente de corso y disfrutan de licencias especiales para actuar al margen de la moral, de la justicia y de  los derechos constitucionales de cualquier estado democrático.

No, no hay una ética individual y otra ética «del» y «para» el grupo social . Hay una sola moral y una única ética general llamada a regir todos los actos humanos, ya sean iindividuales, sociales, nacionales o internacionales. Estas son las tesis que Mahatma y Feijóo mantienen y aplican,  incluso,  en las circunstancias políticas más duras, convulsas y  adversas, como es hoy día la de España, mientras siga regida por un presidente sometido al chantaje permanente de las minorías separatistas e independentistas de JxC, EH- Bildu y ERC.

Con sus fuertes convicciones éticas, morales y jurídicas vetan cualquier recurso o intento de violencia moral, política o etica  que  justifiquen la defensa de sus ideas convicciones  tesis por otros medios. El rasgo más típico que  caracteriza al «feijóonismo» y que lo equipara al más puro atributo del «gandhismo» es el enfoque moral de la solución de los problemas sociopolíticos o la «moralización» de toda la actividad política.
Su concepción de la actividad política –como actividad pública de servicio al interés general de los gobernados–  que se fundamenta esencialmente en la verdad, en la nobleza, en la moral y en la justicia, es de una claridad meridianamente  absoluta. El triunfo de los injustos, mentirosos, traidores y amorales lo es, en modo efímero; la injusticia, la mentira, la traición y la amoralidad son las hojas de un árbol caduco que tarde o temprano terminan cayendo y pudriéndose.
Por el contrario, la defensa de la justicia, la verdad, la nobleza y la moralidad no siempre nos reportan beneficios personales, es más, a veces nos llevan al ostracismo y la condena, pero, a la larga, es la única vía de permanecer abrazados a lo eterno, ya que siempre acaban permaneciendo, por más que se intenten ocultar o quieran destruirlas.

El líder del Partido Popular terminó afirmando, alto y claro, y echándole en cara a Sánchez que (…) «lo que se trae hoy a la Cámara no se votó en las urnas y que esta legislatura nace de un fraude» y de un chantaje moral y político por parte de un golpista y prófugo de la justicia española con nombre y apellidos: Carlas Puigdemont  i Casamajó.

Por todos los argumentos– ya expuestos a lo largo de su turno de réplica con sólidos y razonables fundamentos éticos, políticos y juridícos– Núñez Feijóo volvió a recalcarle  y  a proclamar con valentía y serenidad que:
(…) «No soy presidente porque no me vendo ni vendo a los españoles. Yo no puedo aceptar que la democracia española sea igual a una dictadura» social comunista.

Las frases del discurso de Alberto Núñez Feijóo, con independencia de su gran paralelismo –con Mahatma Gandhi– nos retrotraen a las publicadas por otros grandes filósofos, políticos y militares de la historia, como por ejemplo, la que nos dejó  Nelson Mandela, el gran «Madiba» en referencia a su tribu: «Cualquier hombre o institución que trate de despojarme de mi dignidad, fracasará»,  o esta otra de Emmanuel Kant:» Mediante la mentira, el hombre aniquila su dignidad como hombre».

Como colofón de ese matiz «gandhista» de Núñez Feijóo durante su réplica al discurso de investidura –de un conocidísimo candidato a presidente por sus continuas chapuzas y  mentiras, sus muchas felonías y sus impudicos chantajes– no me resisto a resumir gran parte de la actividad política de ambos en una magnífica y moralista frase y, que,  a pesar de ser anónima, bien podría figurar entre las mejores atribuidas a Cicerón, Séneca, Lincoln o a cualquier otro de los grandes hombres de la Historia: «La verdad no mancha los labios de quién la dice, sino la conciencia de quien la oculta».

Esta máxima es  una clara referencia a las distintas personalidades de Núñez Feijóo  y de Sánchez que resume, en pocas palabras, la «catadura moral» de uno y del otro. Más le valdría a Sánchez que en vez de prometer por su «honor y conciencia servir a España y al Rey», virtudes de las que adolece, de todas todas– y por lo que se ha visto obligado a viajar a Waterloo para pedírselas prestadas a su amo y señor, «el molt honorable» prófugo y golpista, Puigdemont– copiara un poco del recto proceder de Feijóo y de su leal y democrática actitud de respeto y acatamiento al Estado de derecho, a la Constitución, a la separación de poderes y a los derechos fundamentales de cualquier gobierno que se precie de democrático.

A nadie le extraña hoy,  que una vez más nos haya mentido a todos –por su «conciencia y honor»–oficial y solemnemente «ante» el Rey y «sobre» la Constitución y, por ende, haya cometido «perjurio». Aunque la «promesa» es –un «ofrecimiento solemne» sin fórmula religiosa–judicialmente se la considera equivalente al «juramento» de cumplir bien los deberes de un cargo o función pública que va a ejercerse.

Siempre lo ha hecho y así lo ha demostrado desde que intentó «pucheracear» a sus propios conmilitones en aquellas memoriales y chapuceras elecciones –a secretario general del Comité Federal del PSOE–  en las que fue condenado al más crudo y merecido ostracismo al perder las dos votaciones en marzo de 2016. No olvidemos que–al igual que «el escorpión de la esópica fábula»– en su código genético lleva impreso su megalómana ambición, su compulsiva tendencia a la mentira y su sociopática felonía y que… ¡estos son sus icónicos principios!  Pero si no nos gustan…tiene otros, como nos lo recuerda Groucho Marx.

Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado y Lcdo. en Periodísmo.

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