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OPINION

Manuel del Rosal: «El avance de la I.A. no me preocupa, la que me preocupa es el retroceso de la inteligencia natural»

Manuel del Rosal 09 Ene 2024 - 13:19 CET
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“Y mandó Jehová Dios al hombre diciendo; De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia no comerás porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” Génesis 2:16-20

“Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres” Flora Tristán, escritora y fundadora del feminismo moderno

La historia moderna será recordada como la época en la que el hombre, al comer del árbol de la ciencia, sustituyó a Dios por una turbamulta de dioses: dios moda, dios deporte, dios dinero, dios internet, dios redes sociales, dios apariencias, dios automóvil, dios viajes…con el dios consumo al frente de todos ellos. Los hombres expulsaron a Dios al desván y colocaron en el salón a una pléyade de dioses. Se libraron – según ellos – del yugo al que los tenía sometidos y se sometieron el yugo de una caterva de dioses a cuál más estúpido que – según ellos – les hacía libres. No teniendo bastante con este sinnúmero de dioses ante el que el Olimpo griego palidece, ahora han inventado otro dios al que rendir pleitesía: La Inteligencia Artificial

Las últimas noticias sobre la IA son que padece alucinaciones al igual que los simples mortales, claro que los mortales son los que le meten datos a la IA, así que ¿cómo no va a tener alucinaciones? No creo que la IA vaya a aportar nada a la mejora de la vida de los seres humanos, no hay más que ver cómo ha mejorado la vida de los hombres desde la irrupción de las nuevas tecnologías, y cuando digo vida me refiero a lo que sucede cotidianamente, eso que ni la IA ni las tecnologías pueden prever y que nace de la naturaleza del humano, naturaleza absolutamente libre para lo bueno y para lo malo. Unamos a esto que la IA llega tarde, llega cuando la inteligencia natural está más degradada que nunca tanto a nivel individual como social. Y nunca olvidemos que somos nosotros, los humanos, intoxicados por toda clase de taras, los que inventamos los algoritmos de la IA, los que introducimos los datos, los que hacemos las preguntas: garbage in garbage out. Los informáticos saben a lo que me refiero. ¿Puede extrañar que lo último relacionado con la IA hayan sido las alucinaciones que padece?

La naturaleza odia lo postizo. Y todo va mejor en ella cuando no ha sido estropeado por el artificio. Sobradamente está ya perjudicada la inteligencia natural que se va desangrando poco a poco para que un artificio llamado IA quiera sustituirla. Lo único que va a conseguir la IA es aventar la paulatina pérdida de la inteligencia natural. Estos adalides de lo digital, de lo artificial, del contrachapado metálico de lo natural, ignorando su condición de hombres y queriendo emular a los dioses inmortales, hacen la guerra a la naturaleza valiéndose de las armas de la ciencia.

Van a conseguir inmolarnos a las ciencias como el hombre del común no despierte de su pesadilla de progreso. Ya lo anticipó Raoul Bergez en su libro Los yunques de cristal publicado en 1976: “Los hombres, atados en hacinado montón y puestos sobre la pira de las tecnologías, serán inmolados a ellas”

MAROGA

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