Está vez mi modesto artículo no va a ser el azote y fragelo de Sánchez y su socialcomunista gobierno de coalición –al que autodenomina a bombo y platillo «progresista» y «feminista»– con motivo del discurso pronunciado en la convención socialista celebrada este fin de semana en A Coruña. Un discurso tan autárquico, tan triunfalista y tan «supremacista» –que me ha recordado tristemente a ese «otro»– cuya aciaga memoria está nefastamente asociada a seis millones de muertos durante el «Deutsches Reich».
En un mundo –virulentamente globalizado, altamente tecnológico y profundamente deshumanizado– en el que cada vez tienen menos cabida los eternos valores como la humanidad, la justicia, la solidaridad, la libertad, la responsabilidad, la empatía y la preocupación por conservarlo y hacerlo mucho mejor en lo posible,no está de más que tengamos un entrañable y justo recuerdo — bajo el aspecto de un artículo de opinion– para con aquellos grandes hombres que dieron su vida por unos ideales cuyo principal objetivo fue siempre la lucha por la libertad, la justicia y el bienestar –en todas sus dimensiones humanas, sociales, laborales , políticas ,y juridicas– de los pueblos más pobres y oprimidos, con independencia de su estatus social, raza, religión, ideología y lugar de residencia.
En esta ocasión me voy a centrar fundamentalmente en dos grandes paladines y defensores de los derechos de los colectivos oprimidos por los supremacístas regímenes políticos del «apartheid de Sudáfrica» y de algunos estados de la América profunda.
Para la «entrada» periodistica de este artículo nos valdrían muchisimas frases publicadas a lo largo de la historia de la humanidad y que han sido pergeñadas y pronunciadas por grandes hombres y personajes ilustres en defensa de los derechos humanos con motivo de las más diversas situaciones sociales, raciales y políticas.
(…) «Si eres neutral en situaciones de injusticia, significa que has elegido el lado opresor».
Sin duda esta es la frase más popular, conocida y transcendental pronunciada por el reverendo Desmond Mpilo Tutu –el pacifista clérigo sudafricano que adquirió fama internacional durante la década de 1980 a causa de su lucha contra el apartheid de Sudáfrica — por la gran repercusión social y política que ha tenido. Esta frase es la que encabeza la «tesis» del artículo de hoy.
No ha pasado desapercibida por su profundo contenido y espíritu religioso– esa otra pronunciada también por él, en aquellos difíciles años supremacistas– en la que, a modo de una sencilla oración, nos decía:
(…) «Dios, sabemos que tú estás a cargo pero ¿no podrías hacerte un poco más evidente…?”.
En ella, le «echaba en cara» al supremo Creador, que hiciera más patente su divina presencia y justo proceder en todas las cotidianas dificultades y problemas que acuciaban y complicaban la dura realidad y la vida de la gran mayoría de las personas de raza negra en aquellos convulsos años.
Desmond Tutu será siempre recordado y pasará a la historia por haber defendido de frente y con valor a las personas oprimidas de Sudáfrica durante la segregación y la opresión de las personas negras por el supremacista gobierno del apartheid, que les negaba derechos humanos tan básicos y fundamentales como la libertad de asociación, de circulación y de reunión.
No puedo ni debo olvidarme de ese otro luchador nato y gran defensor de los derechos humanos, Martín Luther King Jr. –ministro y activista bautista de Atlanta– que se convirtió en el mejor vocero y en el líder más visible y carismático del movimiento de derechos civiles, de la población de color, desde 1955 hasta su asesinato, en el Motel Lorraine de Tennessee, en 1968. de la población de color americana.
El ideal al que dedicó toda su vida fue denunciar los atropellos y abusos sufridos por los afroamericanos debido al conflicto racial de los últimos cien años de historia de EE.UU, y exigir la justicia y la libertad a la que tenían derecho como ciudadanos norteamericanos.
Por su plena dedicación en cuerpo a la causa de la igualdad, la justicia y el cambio social sin violencia, el doctor Martin Luther King ha sido uno de los gigantes morales del siglo XX. Su arma de combate fueron las protestas pacíficas, en las que pronunció discursos que siguen resonando en la actualidad en nuestra mente y en nuestro corazón:
(…) «¡Tengo un sueño!… ¡Sueño con que mis hijos vivan un día en un país donde no sean juzgados por el color de su piel ni por sus ideogías politicas ni creencias religiosas !».
Con estás emotivas y sinceras palabras, Martin Luther King iniciaba su más famoso y más conocido discurso «I have a dream», con:
(…) «No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, y de los sin ética. Lo que sí me preocupa es el silencio de los buenos».
Y este cada día es mayor y ensordecedor, aunque parece que a nadie le importa y, por eso, nadie se detiene a escucharlo.
Por haber encarnado con su vida los principios de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos», la ONU honró su épico legado otorgándole el año 1978 un público y merecido. reconocimiento .
Los problemas de nuestro mundo –y en concreto en la España sanchista y coaligada– no derivan sólo de las malas acciones ni de las decisiones mal tomadas ni de las corruptelas ni aranas ni violencias e injusticias , sino también y en mayor medida, de la actitud contemplativa de ese otra media España que considera que los problemas de “los otros” no les conciernen ni les afectan. Esos otros que sufren no son personas, son simplemente «cifras», números en frías tablas de estadística.
La frase de Luther King –que con toda seguridad hemos oído y leído muchas veces, encapsula la realidad de nuestro tiempo. Lo increíble es que a pesar de todo, casi todos dormimos tranquilos, porque hemos permitido que anestesien muy bien nuestras conciencias.Estamos tan acostumbrados a las cifras y a los datos que no son más que eso; datos: 1/6 de la humanidad muere por malnutrición, un 73% de los europeos no ve tan mal la corrupción política,dos millones de niños son explotados sexualmente en América Latina, 150 millones de niños en el mundo trabajan para que otros ganen dinero, en 2030 el mundo tendrá que enfrentarse a un déficit mundial del 40% de agua en un escenario climático en que todo se deteriora, 1.100 millones de personas viven aún en la más extrema pobreza…etc, etc.
Y mientras todo esto ocurre en el mundo, en España…un 20% de la población está en paro, es uno de los países con más casos de explotación laboral de la Unión Europea y, miles de niños sufren las consecuencias de la pobreza y del hambre, mientras, a diario, las inmensas «colas del hambre», la inflación de los elevados precios de los alimentos y combustibles básicos no dejan de subir y los «bancos de alimentos» de disminuir a país agigantados.
La información en forma de datos nos dice que cada día en este mundo que habitamos, millones de personas sufren por distintas causas, hambre, paro, esclavitud, violencia, guerras, persecución…INJUSTICIAS en general, de las que nos guste o no, nos moleste o no, ¡todos somos cómplices y en gran parte responsables!
Espero que nadie se sienta ofendido por esta afirmación. Sé que muchos de nosotros podemos pensar y hasta creer que somos “buenos”, porque realmente no hacemos nada malo, pero el problema está en eso, en no “hacer nada”. Esa «nada» es la auténtica y real enfermedad de nuestros días, de nuestro siglo, de nuestra sociedad y sobretodo de nuestra España. Esta «nada»supone indiferencia y pasividad y es el preocupante «silencio de los buenos».
Los problemas actuales de España no derivan sólo de las malas acciones, de las tropelías, de las decisiones políticas mal tomadas, de las corrupciones y violencias ideológicas de su actual gobierno de coalición, sino también y en mayor medida, de la actitud contemplativa de esa otra media España –que sostiene y apoya con su voto al Gobierno– y considera que los problemas de “los otros” no les conciernen. Esos otros que sufren no son personas, son simplemente cifras, números en frías tablas de estadística y que además suelen votar al PP y a VOX, esos partidos que acatan la Constitución del 78 y que, pese a estar en la oposición, luchan por el progreso y la unidad de España.
(…} «La indiferencia es una posición que tomamos y una decisión que condiciona la situación actual del mundo que compartimos con los otros, dijo ella filósofo alemán Joshep Schelling en el siglo XVIII. Sin embargo según se comenta– fue el gran filósofo de la famosa Academia de Atenas, quien consideró que (…) «la indiferencia es una actitud de idiotas».
Ser idiota es una forma egoísta de «mismidad» emocional y en ella estamos todos inmersos cuando nos mantenemos indiferentes ante los problemas que nos afectan.
Esta actitud de espectadores indiferentes o idiotas( léase según convenga), además nos transforma en auténticos seres deshumanizados. La verdadera innovación de nuestros días no tiene que ver con la tecnología sino con un movimiento de seres humanos a favor de otros seres humanos. Personas que desplazan el centro de su universo desde su ombligo y vuelven su vista hacia los demás. Todos sabemos que es imposible que esto mejore, si cada uno de nosotros– como hace el progresista gobierno de Sanchez– sólo nos ocupamos de nuestro dedo meñique y que estamos tan empeñados en ocuparnos de realizarnos y liberarnos a nosotros mismos, que estamos poniendo en peligro la auténtica libertad y dignidad de los demás.
Pero la mentalidad responsable y esta conciencia de ser cómplices –de un mundo en el que unos actúan mal, otros sólo miran y los demás son las víctimas– es lo que sincera y verdaderamente hay que cambiar. Tenemos que dejar de asumir como dada una realidad injusta para muchos seres humanos, y dejar de ser cómplices por acción o por omisión, para que una libre, justa y verdadera civilización sea posible en un futuro muy próximo.
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo.en Periodísmo y ex senador por Murcia.
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