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OPINION

Pedro Manuel Hernández López: «¿El ministro Urtasun a caballo entre Eróstrato de Éfeso y Mendizábal…?»

Pedro Manuel Hernández López 29 Ene 2024 - 14:55 CET
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Ante un discurso tan colosalmente delirante  como el del nuevo ministro de Cultura, Ernest Urtasun –el «burócrata ideologizado» que creará la Dirección de Derechos Culturales para luchar contra la  opresora y fascista «censura» y la «injerencia» política en la gestión cultural del PP y  Vox– sobre la urgente e imperiosa necesidad de «descolonizar» los museos españoles, lo primero que uno debe preguntarse es cómo ha podido llegar a tan alto grado de ineptitud y sectarismo que contienen sus recientes intervenciones públicas .

No hay que irse demasiado lejos ni «buscarle tres pies al gato» para encontrar una explicación lógica y coherente a una actitud tan fundamentalista y tan disparatada. Basta con que nos remontemos a  su «afortunada» infancia-juventud por haber tenido unos progenitores que, en vez de llevarle de vacaciones a Disneyland-Paris o a cualquier  Parque Acuático o Temático para disfrutar de todas esas lúdicas actividades –como normalmente haría cualquier hijo de vecino– aprovechaban el vacacional estío para visitar, ni más ni menos, que uno de los más grandes y famosos campos de concentración de la Alemania nazi de Hitler, como es el caso del campo de concentración de «Buchenwald» inaugurando en 1937 con prisioneros traídos del campo  de Lichtenburg, ocupado en su mayoría, entre otros, por homosexuales, testigos de Jehová y prisioneros políticos– y uno de los campos más usados junto con el de Auschwitz.

Conociendo la manifiesta orientación política e ideológica de sus progenitores –miembros activos del PSUC– no es de extrañar que el chico «tire al monte» como la cabra del clásico aforismo castellano.

(…) «Vamos a levantar la bandera de la cultura frente a la censura y el miedo que nos quieren imponer el PP y sus socios de VOX, en la calle, en todos los medios de comunicación y en las distintas redes sociales y donde sea».
Así nos lo espetó a bocajarro en su discurso de investidura. A pesar que está vez no acudió al mismo –en zapatillas deportivas y con una chaqueta «a desjuego» con el pantalón, como lo hizo cuando prometió en el Palacio de la Zarzuela fidelidad al Rey y acatar la Constitución .

Antes de nada, creo que se debería explicar qué se entiende por la «descolonización de los museos», en esa sagrada misión y valerosa cruzada a la que va a dedicar nuestro recién investido ministro de ‘Kultura» toda su futura singladura de «cultureta wake», bajo las estrictas órdenes del «almirante general» Sánchez y, con su expreso consentimiento y connivencia.

Básicamente –según la moderna museología–  «es el ejercicio de eliminar de los museos todo aquello que ha sido «expoliado» de manera ilegal, forzosa o turbia del patrimonio de otros países, fundamentalmente de los países coloniales de América latina». Es algo parecido a la famosa «desarmortización»  de Mendizábal de 1836 y que consistió en la «expropiación» de las tierras eclesiásticas–las  denominadas «manos muertas», por su improductividad– y su posterior subasta pública. Estas tierras habían llegado a la Iglesia a través de diversas donaciones, herencias y «abintestatos», algo muy, muy similar al origen de las piezas de arte de nuestros museos.

Resulta muy curioso que en el nuevo ministerio de «Kultura» se haya reencarnado –en la persona de su ministro– el espíritu incendiario de Eróstrato, el tristemente famoso pastor de Éfeso. Aunque, si bien es cierto, que hoy nadie debería ni conocerlo ni saber absolutamente nada de él.
Esa era la idea cuando, en el 356 a. C., tras ser hallado culpable, fue torturado, fue condenado a muerte y fue ejecutado por el colérico y asombrado emperador persa– el gran Artajerjes III Oco, de la dinastía aqueménida, cuyo linaje era dueño de Èfeso, ciudad de la Jonia griega. Su delito fue  haber convertido el Templo de Artemisa o el «Artemisión de Éfeso» –considerado una de las «Siete Maravillas» del mundo antiguo y la más bella, en opinión del poeta epigramista Antípatro de Sidón( siglo II a.C.), que las había visitado –en una inmensa pira, con tal de ver su nombre asociado a la más alta popularidad y, de paso, escrito en el libro de la historia.

Ya saben cuál es el problema del ministro de Kultura: quiere pasar, sí o sí, a la posteridad y que su nombre sea escrito con letras de oro en el libro de la historia. Lo mismo quería el megalómano Eróstrato y no olvidemos como terminó.

No, no va a tener que incendiar el Museo del Prado ni el Museo Reina Sofia ni el Museo Thyssen Bornemisza o el Museo Sorolla ni ningún otro de los 85 museos restantes en Madrid , amén de los otros 1.411 museos de arte censados en toda España. Su labor se va a centrar en avanzar en esa nueva «línea», ya abierta  por varios museos de arte internacionales, para poder «descolonizar» nuestros museos nacionales. Y ya sabemos que es lo que entienden por la descolonización museística de España. Pues a eso es –ni más ni menos– a lo  que se va a dedicar nuestro «kultureta» y sanchista ministro.

Ante el grave y pretendido dislate «kultural»de Urtasun,las opiniones de historiadores, arqueólogos, gestores de museos y antropólogos sobre la necesidad o no de abrir ese proceso de revisión que permita superar ese marco colonial anclado a  conocidas inercias «etnocéntricas» que –según el ministro han lastrado, casi siempre, la visión del patrimonio, de la historia y del legado artístico de una nación– no se han hecho esperar y, ya hay historiadores que lo sentencian.

Para Cesáreo Jarabo, autor de «El fin del imperio de España en América» (Sekotia, 2023):
(…)»La descolonización del Urtasun no es ni más ni menos que un paso más en la dinámica anglófila para desprestigiar aún más a España». Las personas que defienden esto, actúan de modo inconsciente como autenticos agentes de la pérfida «Albión».

Nuestro ministro de Cultura, con esta  empecinada y cicatera actitud está demostrando una incultura garrafal y sin límites, pues: la restitución de nuestros tesoros museísticos sería una auténtica barbaridad, porque si España hizo algo en América fue crear cultura –con mayúsculas–construyendo escuelas, iglesias y universidades, enseñando latín o haciendo hospitales y nuevas carreteras con su propio dinero.

¿Tendrían que devolver a España todo ese patrimonio los países de América latina, tras la pretendida descolonización nacional de nuestros museos de arte?

No estaría de más que–tanto Urtasun como el resto de sus correligionarios ministros– estudiasen un poco más sobre las materias y competencias de sus respectivos ministerios. Así evitarían hacer el ridículo y dejar constancia de su  vasta incultura.

¿Es que en su libro de historia no figuraba que la Monarquía de los Austrias aplicó a todo su imperio la misma igualdad que reconoce incluso  la Academia de Historia Argentina y, que España no ha tenido nunca «colonias» y, que cuando llegó a América, se expandió y siguió siendo España, incorporando los territorios a la Corona con «status de virreinatos», con legislaciones, instituciones y gobiernos propios que, lógicamente, dependían de la Monarquía..?.

¿No demuestra esto que la participación de los indigenas americanos en la política fue evidente y, que un habitante de Cuenca era tan español como uno de la homóloga localidad ecuatoriana de Cuenca?

Comparar lo que España hizo en América con lo que el resto de Europa hizo en África o en América, ¿a caso no es un histórico insulto imperdonable, porque eso sí que fue opresión, esclavismo, colonialismo y expolio?

¿Obvia Urtasun que las leyes españolas siempre han hablado de «provincias»,  de «reinos», de «repúblicas» o «territorios de islas y tierra firme» y que el término «colonia» nunca se empleó en el ámbito jurídico con los territorios que habían sido incorporados a la Corona de Castilla hasta mediados del siglo XIX?

¿Acaso están tan ciegos culturalmente que no ven que en toda esta nueva línea de pseudo  progresismo descolonizador subyace un  desaforado afán propagandístico de mantener y perpetuar la » leyenda negra» de España, por parte de los agentes británicos y holandeses y que los historiadores cerraron hace ya años?

Lo que realmente debería hacer el ministerio de Cultura –y no hace– es denunciar pública e historiográficamente todo esto, en vez de tirar piedras sobre nuestra propia historia, cultura y patrimonio nacional.

Con respecto a la pretendida «descolonización», el grupo de trabajo ministerial que pretende llevar a cabo este disparate, es un nuevo capítulo progresista y socialcomunista más de la actual politización de la historia. Esta es un saber, que no se ha respetado como debía; O, en el mejor de los casos, se trata de un conocimiento objetivo que se tiene que desarrollar siempre al margen de la política.

Los políticos nunca serán los que dicten la auténtica verdad histórica. Solo los historiadores actuales y sus generaciones futuras los únicos y exclusivos responsables de esta misión.

Las piezas museísticas de arte están donde deben están por algo –ya sean por motivos  nobles y humanísticos o por otros, más o menos polémicos y bochornosas– y solo se debería plantear una futura devolución cuando su posesión o tenencia viole claramente las leyes y convenciones internacionales. La historia del arte también se debe explicar a través de estudios historiográficos para complementar todas sus diversas y variadas perspectivas y contemplarlas desde todos sus matices y, no,  eliminándolas.

La supina ineptitud y la gran ignorancia histórica que subyace en la obcecada pretensión del  burócrata y visitador de campos de exterminio nazis, el ministro Urtasun– de descolonizar los museos «nacionales», que no los estatales como afirma–  casi supera con creces la inigualable megalomanía de su presidente Sánchez.

Intentar reescribir politicamente lo que refleja un museo y la historia narrada a través del arte, es simplemente orwelliano y digno del distópico «Ministerio de la Verdad» que George Orwell nos propone en su alienante novela «1984» .

Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo.en Peridismo y ex senador por Murcia.
 

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