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OPINION

Manuel del Rosal: «La España de los Goya atrapada entre Sánchez, Feijóo, sus ciudadanos y los tóxicos medios de comunicación»

Manuel del Rosal 16 Feb 2024 - 10:30 CET
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España está atrapada entre un presidente vendido y que vende a España para saciar su infinita sed de poder, un jefe de oposición que no encuentra los mecanismos para poder superar la pinza entre el gobierno y los independentistas, una ciudadanía perdida y desorientada sin saber qué es lo que más le conviene a España y unos medios de comunicación que en vez de cumplir con su misión de informar, intoxican a los ciudadanos por mandato de quienes les subvencionan. ¡Pobre España!

Aquella mujer tenía 35 años a las luces de neón del club y 55 a la luz del sol. Les pasa igual a los políticos, sobre todo a los más señalados, estos, ante las cámaras, los focos y los medios de comunicación parecen que gobiernan, pero cuando salen a la luz del sol aparecen como son: unos perdularios enfermos de codicia y de poder a los que lo que menos les importa es el bienestar de España y de los españoles. Nuestros políticos, sobre todo los más señalados, son tan falsos que hasta sus calvas son falsas y sus sonrisas, de tan forzadas e hipócritas, semejan una vagina distendida por la cirugía estética. Tan falsos como los Goyas de este y de todos los años, organizados por una academia endogámica que más que academia semeja una secta. ¿¡Cómo se puede explicar que una sola película haya acaparado casi todos los premios?! Yo solo le encuentro una explicación: son tan malas todas las películas que había que buscar una medio decente para justificar los premios. Recuerdo que el admirado Alvite, en su momento, definió el cine español como ese cine en el que” la frase más larga que dice la protagonista es un jadeo” y “el protagonista es un pene”. Yo añado que escuchar los diálogos de esas películas es como escuchar a Sabina cantando fandangos de El cabrero. Acabó la gala y acabó como siempre: a ritmo de eslóganes políticos rancios y horteras y – mirando al presidente Sánchez y los ministros que allí estaban – pedir todos a coro subvenciones y subsidios.

España – desde que se instaló la llamada democracia – es como una sempiterna gala de los Goya en la que los políticos, como consumados actores y actrices, juran cambiar nuestras vidas pidiéndonos a cambio la subvención y el subsidio de nuestros votos para, una vez en el poder, montar la película que, durante cuatro años les cambiará la vida a ellos.

España se desmorona entre Sánchez y Feijóo ¡una pena! España anda desnortada y los españoles, atiborrados de comer bocadillos de ansiolíticos, tranquilizantes y antidepresivos; ni saben ni contestan y hay momentos en los que nada les importa con tal de que tengan garantizados los próximos capítulos de Netflix y HBO y las cervezas a pie de terraza, aunque llueva inmisericorde; a lo que hay que añadir que el equipo favorito sea campeón de algo, aunque sea a cañonazos, que no a fútbol. Sánchez y Feijóo puede que no lo sepan, pero forman una pinza diabólica que aprisiona a España, la paraliza y la mantiene estuporizada entre las garras ansiosas de poder al precio que sea de Sánchez y las paridas que nunca vienen a cuento de Feijóo. Pero uno se pregunta si hay algo más entre los políticos que los españoles hemos puesto en el Congreso, que el humo que rodea a Sánchez y a Feijóo que no nos permite ver más allá de nuestras narices si miramos al frente, ni más allá de nuestro ombligo si miramos hacia abajo.

¿Y los medios de comunicación? Los medios de comunicación solo son máquinas de esparcir tóxicos mentales, no son el medio por el cual el ciudadano puede sentirse más o menos informado, Tras años de dudas sobre si decir la noticia tal como ha sucedido o intoxicar con la noticia y a pesar de la llegada de la llamada democracia, los medios de comunicación -salvo algunos con huevos – se han situado decididamente y sin el más mínimo enrojecimiento ni escrúpulo en la posición del esbirro ante su señor. La comunicación en España está al servicio de quienes pagan para intoxicar, que no informar, a los ciudadanos.

Y en esta mezcolanza de indignidades, es reconfortante ver como en el secarral de tibieza, de conformismo, de cobardía de una ciudadanía afónica y conformista surge una mujer del pueblo llena de la dignidad de la que careció Marlaska y enfrentándose a él con la gallardía, la valentía, la decisión y la claridad del mensaje le detuvo impidiéndole que pusiera sus manos sobre el féretro de su marido asesinado por quienes sabían que, ni él ni sus compañeros, disponían de los medios necesarios para hacerles frente por la desidia del ministro.

¡Qué pena de España! tan lejos de Dios y tan cerca de unos políticos, una ciudadanía y unos medios de comunicación nefastos.

MAROGA

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