La psicostasis es el acto de valorar un alma mediante su pesaje. Desde el antiguo y milenario Egipto hasta hoy, los hombres creían y creen en la otra vida a la que se accede, según la corriente religiosa que imperó hace miles de años y que ha ido desapareciendo a lo largo de la Edad Moderna y Contemporánea. La iconografía, tanto en piedra como en pintura, así lo demuestra. El ángel es San Miguel, encargado de poner en cada platillo de la balanza las buenas y malas acciones que han jalonado la vida del que acaba de morir, muerte física que, tras el pesaje, pasará a vivir eternamente o sufrirá la segunda y definitiva muerte.
En las creencias del más allá de la antigua civilización egipcia, destaca una muy importante: La psicostasis, es decir, el pesaje de las almas tras la muerte física. Este pesaje se hacía para, en función del peso de las buenas y las malas obras del muerto, este sería recompensado o condenado. Pero ¿cómo determinar las buenas y las malas obras del muerto? Para ello los egipcios instituyeron la psicostasis o pesaje de las almas, un juicio del alma después de la muerte.
Para pesar el alma, el dios Anubis extraía el corazón del difunto donde se asienta la conciencia y la moralidad de las personas colocándolo en uno de los platos de la balanza. En el otro plato se colocaba la pluma del dios Maat, símbolo de la Verdad y la Justicia Universal. Antes de ordenar el inicio de la pesada, el dios Osiris pronunciaba esta frase: “el corazón no debe ser más pesado que la pluma” Una vez terminado el pesaje, Osiris dictaba su sentencia en función de si era el platillo del corazón o el platillo de la pluma de Maat el que más pesaba. Si pesaba más la pluma el alma podía ir a disfrutar de su vida eterna; si pesaba más el corazón, el alma del difunto era arrojada a Ammit, la diosa devoradora de los muertos que acababa con ella produciéndole la “segunda muerte” que significaba el final de su condición de inmortal.
Imaginemos que nuestro corazón funcionara como un disco duro en el que se van almacenando todos los actos de nuestra vida y que, una vez muertos, alguien extrae todos su datos poniendo al lado derecho los actos que fueron conforme a la verdad y la justicia y los que se realizaron desde la falsedad y la injusticia a la izquierda – En el Juicio Final está escrito que Cristo pondrá a su derecha a los justos: “ Venid benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” – Y a los pecadores a su izquierda les dirá: “Id, malditos de mi Padre al fuego eterno”. Imaginemos aún más. Dicen las religiones que todos nuestros actos, pensamientos y deseos quedan registrados en el cielo tal como se recoge en la nube todo lo que hacemos a través de nuestro ordenador. Si así fuera y toda nuestra vida fuera depositándose en algún lugar, cosa nada peregrina si creemos que la energía no se destruye y que todo, hasta los pensamientos producen energía. Nos encontraríamos con que, una vez muertos, accediendo a la nube informática sabrán todo, absolutamente todo lo que hemos realizada a través de Internet. Y si toda nuestra vida, a través de la energía producida por nuestros actos, pensamientos y deseos, queda registrada en algún lugar, no sería descabellado creer – como creían los egipcios – que se pueda hacer un pesaje de nuestra alma y, según que platillo pesara más, enviarla a vivir eternamente en la plena felicidad o a lo que solemos llamar infierno que para ellos era la segunda y definitiva muerte.
Todo esto puede sonar a paranoia, no digo que no, pero no debemos olvidar que todas las religiones que han sido y son han creído y creen en que la muerte física deja paso a una nueva vida que viviremos en función de cómo hayamos vivido la terrenal. Y tampoco olvidemos que la civilización egipcia alcanzó niveles materiales, científicos, sociales y espirituales que aún permanecen en su mayoría ocultos en las arenas y las pirámides y que nosotros ni siquiera llegamos a imaginar.
MAROGA
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