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OPINION

Victor Entrialgo de Castro: » La mujer del César»

Victor Entrialgo de Castro 11 Mar 2024 - 13:26 CET
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Para tapar el mayor incendio político desde los ERES el Gobierno de la Nación está colocando más cortafuegos y cortinas de humo que en los trágicos sucesos recientes. Así que, quien pretenda investigar y avanzar entre semejante nube tóxica debe «chercher la femme».

Poirot la ha encontrado en San Petersburgo con Victor Aldama, el comisionista de las mascarillas amigo de Abalos, en 2019. Y más tarde en junio y julio de 2020 en Pozuelo, en Globalia-Air Europa con Javier Hidalgo, con quien despues de las gestiones de las mascarillas, otra cosa es que fuera para echar una mano, la mujer del César firma un Convenio para patrocinar «su negocio», Wakalua, dias antes de que Air Europa se beneficiase de un rescate millonario, empresa que ahora va a patrocinar «Zorra», la canción que gusta al Presidente Sanchez y ahora va a representar a España en el festival de Eurovisión, lamentable idea del gabinete de comunicación de Moncloa.

La mujer con todas estas amistades peligrosas que ha descubierto Poirot es la misma a la que habían regalado una cátedra sin ningun por qué pero mucho para qué, sobre la que el diario France-Soir escribe: «l’idiotie majeure de Pedro: les juteuses affaires de sa femme!» La idiotez mayor de Pedro Sanchez: los sustanciosos negocios de su mujer.

La misma que, despues de varios errores protocolarios de su subconsciente con los Reyes de España, dió muestras ante el presidente de EEUU Joe Biden, de sentirse como Cleopatra en un club, mientras se bamboleaba con excesiva soltura en la cumbre de la OTAN en presencia de su marido y rodeada por los brazos de gagá.

Ella no estaba en estas cosas pero, casualmente, cuando su marido llegó al gobierno se le antajó una granja en África. En el mismo África Center. Luego en la Ape de Maroc, Asociación de empresas marroquíes. Y cuando su marido tuvo el teléfono pinchado y viró en un instante la política exterior española, invariable por decenios, se sucedieron los viajes a Marruecos aparte de estos otros no aclarados a República Dominicana.

Despues de aquel paseo de San Petersburgo el Sr. Aldama, el amigo de Ábalos del Ferrari, aparece de nuevo en Barajas a recibir el 20 de enero de 2020 a Delcy que traía cuarenta maletas y que por sanciones de la UE no podía entrar en suelo europeo, estando pendiente el pago de la deuda con la compañía aérea de 176 millones de euros de «la Venezuela de Zapatero».

El Gobierno, con el miserable al frente, -porque bwana ha viajado adonde van todos los que huyen-, lleva estos días echando cortinas de humo sobre el incendio de Ábalos y estas «pequeñas casualidades», ocultando respecto a la mujer del César, que hay una ley en España que obliga a Presidente, ministros y altos cargos a abstenerse cuando puedan existir intereses de parientes en sus decisiones.

La mujer del César no debe ser honrada sino además parecerlo y estar por encima de toda sospecha. Por eso,  si acusan finalmente a la mujer del César de colarse en los negocios y fiestas del Gobierno, Sanchez,  -como dice Alfonso Rojo-, en su afán de conservar el poder repudiaría a su mujer antes de dimitir, igual que hizo César con Pompeya por culpa de Publio Clodio Pulcro que, casualmente, también era un matón y se había colado en una fiesta reservada, en este caso, para mujeres.

Mientras Poirot sigue investigando, debe aclararse que en lo de la mujer del César es irrelevante la intencionalidad. Incluso que se hayan formalizado o no finalmente negocios o comisiones. Basta la evidente conexión entre fechas, hechos y personas porque,
al margen de responsabilidades  penales, lo relevante es «su soberbia actitud de impunidad».

Soberbia actitud que le ha permitido andar en negocios contiguos a los de su marido, casualmente Presidente del gobierno de España. Algo que si su escaso caletre no le permite alcanzar, tendría que haber salido de papá, mamá, gagá, o de «su marido sabrá». Salvo que estén todos en la pomada.

Aunque sería igual si no la hubiera, en la ambición de estos burdos imitadores de César y Cleopatra hay voluntad. Y al margen de la ambición y la soberbia, ésto tiene cada vez más aspecto de asociación o matrimonio de conveniencia.

Una cosa es la presunción de inocencia judicial, otra la presunción de inocencia política, y una tercera, muy diferente, el comportamiento exigible a la mujer del César.

El muñeco Bolaños lanza el miserable speech de la amnistía, pero cuanto más énfasis pone, más mueve los brazos, y más se felicita a sí mismo, más patético resulta el intento de apagar el incendio y contener el tsunami, que ahora salpica a la mujer del César, con una amnistía que parece un traje hecho a medida. Y no sólo para Puigdemont.

 

Víctor Entrialgo

 

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