Pregunten lo que pregunten en el Congreso o en el Senado los diputados y senadores del PP –da igual que sea a la mismisima persona del presidente Sánchez que a cualquiera de sus elatos y excelentísimos ministros– la respuesta a los problemas planteados, en vez de las lógicas y coherentes soluciones como debería de ser, siempre se escucha el mismo monótono y repetitivo mantra: » Isabel Díaz Ayuso debe dimitir «.
¡Que pena que la gran showgirl, la italianisima cantante de Bolonia, Rafaella Carrá, nos dejase para siempre el 5 de julio de 2021! De seguir viva, estoy seguro que hubiera convertido –la insistente y vengativa «petición de dimisión» que le están exigiendo desde todos los niveles del partido Sanchista a la presidenta de la Comunidad de Madrid– en la canción más popular del verano y su éxito habría sido rotundo.¡No lo duden!
La consigna que todos los ministros y ministras, los portavoces y «portavozas» del partido Sanchista y de sus adláteres, me ha recordado a aquella otra –muy famosa e histórica que se escuchaba siempre en el Senado de Roma– que nos ha llegado en una doble versión, y a cuál más cierta : «¡Carthago delenda est!»(¡Cartago debe ser destruida’) o «Ceterum, censeo Carthaginem esse delendam» (Además, opino que Cartago debe ser destruida).
Está celebre locución latina se atribuye a Marco Porcio Catón, más conocido como Catón «El Viejo» quien, según fuentes antiguas, la solía pronunciar y repetir cada vez que finalizaba sus discursos en el Senado de Roma –incluso aquellos que no tenían ninguna relación con el tema– durante los últimos años de las guerras púnicas, en la década del 150 a. C. Fuera de que fuera la moción o tesis planteada, la respuesta y solución era siempre la misma: «¡Cartago debe ser destruida!»
También me viene a la memoria lo que se cuenta en la leyenda –que circuló en la España medieval de 1212 durante la Reconquista– cuando las mesnadas del rey castellano, atacaban Úbeda para apoderarse de ella, Alfonso VIII, animado por la victoria lograda en la batalla de las Navas de Tolosa, tras su cerco a la ciudad, encomendó a Álvar Fáñez, uno de sus mejores capitanes, la vigilancia del flanco sur. Este –conocido por ‘El Mozo’ y quizá descendiente del que fuera famoso compañero de El Cid– se distrajo de las obligadas funciones de su rango por haber estado muy ocupado y entretenido «faciéndole el amor que no la guerra», a una bellísima sarracena sorprendida mientras realizaba sus rituales abluciones vespertinas en el Guadalquivir. A la mañana siguiente, cuando el soberano castellano le preguntó irritado ¿qué dónde demonios había estado durante el asedio y por qué no había acudido a rendir la ciudad?, éste –precoz precursor de las encamadas pacifistas y de la pueril y bobalicona «alianza de civilizaciones» del nefasto ZP– ni corto ni perezoso y con el indice señalando al horizonte tuvo el salero de responderle : «Me perdí por esos cerros, señor, por esos cerros”, en clara referencia a los ‘Cerros de Úbeda’, sin darse cuenta que tales cerros, en realidad no existían.
Mal no le fue al capitán Álvar Fáñez con aquella salida, pues posteriormente sería visto –según diversas fuentes– en distintas ocasiones como el protagonista de nuevas correrías en Valencia y, quizá por eso, desde entonces, los ‘Cerros de Úbeda’ se han convertido en uno de los lugares comunes más mencionados de este país por los expertos en evasivas, por los maestros del escaqueo y por los geómetras de la tangente, como es el caso de nuestros actuales ministros y especialmente del megalómano y felón presidente Sánchez, «el que nunca miente» pero que «tres de cada dos veces cambia de opinión» con total impunidad, sin sonrojarse y siguiendo la técnica del escaqueo y de la evasiva cuando no de la mentira.
En nuestra España actual –esa que tanto «le dolía» al vasco universal Miguel de Unamuno– ya no oímos la frase de Catón «El Viejo» ni la del capitán Álvar Fañez, pues tanto en la sesión de control al Gobierno del Senado como en la del Congreso y en cualquier acto, reunión o comisión en la que intervienen, todos y cada uno de ellos– sin distinción de rango y categoría política– han exigido, bien directamente o bien pidiendole a Núñez Feijóo el fulminante cese de Isabel Díaz Ayuso, acusándola de mentir respecto a los dos supuestos fraudes a la Hacienda Pública de su novio , el empresario Alberto González Amador.
Cuando Núñez Feijóo le echo en cara a Sánchez y le dijo en el Senado que » gobernar no es vivir en la Moncloa» (sic), este le respondio con la velocidad del rayo que «gobernar no es vivir en la Moncloa como tampoco lo es vivir en dos pisos de más de dos millones de euros pagados, en buena medida, gracias a ese fraude fiscal de la que ella es cómplice». ¡Plante de una vez cara a la corrupción de su partido y exíjale de inmediato su irrevocable dimisión a la presidenta de la Comunidad de Madrid !»(sic).
Con sus arrebatos al más puro estilo narcisista y ebrio hasta las trancas de una indisimulada megalomania, Sánchez se olvida con demasiada frecuencia de que la obligación de la Oposición es preguntarle al Gobierno y la obligación de este es responder siempre a todas sus preguntas e interpelaciones .
El Art. 108 de nuestra vigente Constitución –con relación a la responsabilidad del Gobierno en su gestión política ante las Cortes Generales– establece que << el Gobierno responde solidariamente en su gestión política ante el Congreso de los Diputados».
Esto debería tenerlo siempre muy presente y recordárselo a su Ejecutivo y conmilitones para que no lo olviden nunca, sepan a qué atenerse y, sobretodo, para cumplir con lo que en su día prometieron y/o juraron ante SM el Rey de España y un ejemplar de esa misma Constitución.
Todos sabemos que la memoria — en general– no es santo de su devoción, salvo que se apellide «histórica» o «democrática» y le sirva a sus espurios intereses. Desde Sánchez hasta su perro ladrador «oscarcerbero» y su bufón-portavoz el «Patxi pá los amigos», pasando por la vicepresi primera Montero, la «farruquita de Triana, Marlaska «sin Grande» (desde que fue abducido al ministerio), Isabel Rodríguez, la abenojarense ministra de Vivienda, Pilar Alegria, la mañica ministra de Educación y portavoza del Gobierno, el madrileño Bolaños ministro de presidencia y actual «pepito grillo» del ejecutivo sanchista desde que fuera fulminado sin previo aviso «el factotum» Iván Redondo y, del resto del equipo presidencial, cada uno y todos a una, como en «Fuenteovejuna, aprovechan cualquier rueda de prensa para –aunque no venga a cuento cómo hacía Catón en el Senado– exigir de manera desaforada el cese de Díaz Ayuso por el doble fraude fiscal de su novio, aunque cuando supuestamente este fue cometido aún no se conocían ni eran pareja.
El tema tiene cuerda para rato y están empeñados en que dimita por activa y por pasiva. Aunque si la conocen deben saber de sobra que han topado «no con la Iglesia como el Quijote» sino con «Isabel de Madrid», la nueva «Agustina de Aragón», aunque ni estemos en 1808 ni Madrid este sitiado por las tropas francesas– aunque si acosado por las huestes sanchistas– ni necesite arrebatar de las manos de un artillero moribundo una mecha y prender un cañón de 24 para repeler sus furibundos ataques.
El problema del gobierno de Sánchez y de sus diputados autonómicos –encabezados por Juan Lobato y apoyados por los de «Más Madrid»– es que como no pueden ganar la presidencia de la Comunidad de Madrid en buena lid, hagan lo que hagan y presenten al candidato/a que presenten –intentan por todos los medios com sus frecuentes calumnias, mentiras y falsas acusaciones– descalificarla y descabalgarla de la Puerta del Sol, cueste lo que cueste y al precio que sea.
Ante la intensa campaña de acoso y derribo personal por parte de todo el Ejecutivo de Sánchez a Díaz Ayuso y a su avezado y experto asesor personal Miguel Ángel Rodríguez, Alberto Núñez se ha visto obligado –frente a los públicos y enconados asaltos de Sánchez en los plenos de las Cortes Generales– a amenazarle con una exhaustiva y especifica investigación sobre algunos «asuntos» que podrían afectarle directamente a su entorno más inmediato e incluso personal, tanto a nivel parlamentario como judicial.
Todo esto en franca referencia al gran y elevado Coeficiente intelectual (CI) y la precocisima inteligencia de la «primera dama» y esposa de Sánchez. Esta, a pesar de haber nacido en 1975 , en 1989 inicia su supuesta Licenciatura en un Marketing, cuyo título no está «homologado» porque estudió en una escuela privada conocida como »M&B Escuela Superior». Asegura además que cursó dos másteres en el ESIC y que dirige, desde el año 2020, una Cátedra en la Universidad Complutense de Madrid, un puesto del que emergen serias sospechas y muy fundamentadas por su falta de formación universitaria.
En su perfil –de Xing.com, red social de ámbito profesional para «gestionar contactos» y establecer nuevas conexiones entre los profesionales de cualquier sector– nos cuenta que comenzó su supuesta licenciatura en 1989 .¿No les choca y les sorprende…? A mi si y mucho, y más teniendo en cuenta que si nació en 1975 solo tenía 14 años cuando inicio la licenciatura. De ahí lo de su alto CI y su precoz inteligencia. Quizá por todo esto y algunas irregularidades más Moncloa ha evitado siempre dar detalles sobre su formación académica.
Se habla, se lee y se comenta que incluso habría mantenido un encuentro con el comisionista del Ministerio de Transportes, Víctor de Aldama y con el consejero delegado de Globalia, Javier Hidalgo –vinculados con la investigación del Caso Koldo en relación con las » fake sanitary masks»– según una investigación que publica El Confidencial y que incluso habría tenido con ambos una reunión en 2020 buscando su apoyo para un negocio muy relacionado con la compra de medicamentos a domicilio a través de una aplicación y de un proyecto inmobiliario en pueblos abandonados. Pero todo esto carece de importancia. La ley del embudo sigue cada vez más vigente en el sanchismo y la que tiene que dimitir, sí o sí, siempre es Isabel Díaz Ayuso.
Patxi López –el gran bufón de la corte del reino de Sanchezstein y ex lendakari–ha tachado de «delirantes» algunas de las informaciones publicadas y que los comentarios de Feijó sólo buscan «ensuciar por ensuciar el buen nombre de la esfera particular del presidente.»
Esto no quita que una de las acusaciones más sólidas de Alberto Núñez a Sánchez sea la de que la «falsa amnistia es mentira y su Gobierno también» (sic). Con ella no va a mejorar en nada la convivencia ni la concordia política de los catalanes, sino que la intensa brecha de la separación y de la división política existente actualmente va a aumentar al discriminar en negativo ante la Ley al resto de los españoles. Es bien sabido que no hay mayor injusticia que la «desigualdad ante la ley entre iguales». Pero como suelo decir casi siempre «estos son los principios de Pedro Sánchez» y de los socios paniaguados que lo sustentan… Y ya saben si no les gustan …no le voten. Lo que no puede ser, no puede ser y además, esto –la fraudulenta y anticonstitucional AMNISTIA– es imposible. La elección es bien simple: «¡ O leche o pan, pero «sopas», no!».
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodísmo y ex senador por Murcia.
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