El sanchismo no es más que un velo para encubrir el conjunto de intereses que auparon a Sanchez al Gobierno de la Nación para tomar las instituciones y lograr así en el Estado una posición de dominio.
Los intereses tapados por el velo están cada vez más al descubierto y trazan ya un mapa de parentela, negocios y geografía mientras los doberman salen a chillar igual que en las películas de miedo se oyen de fondo ladridos de perros. Sin embargo no son las personas, las intervenciones en el parlamento, las comisiones o las ideas sino «los hechos» los que provocarán la caída del personaje más dañino para la Nación en mucho tiempo. Son pues hechos bien investigados y comunicados los que provocarán su caída.
El sanchismo es una sucesión de oportunismos, chapuzas, insensateces e infamias que en cualquier país donde se respete su Constitución y con un gobierno con un mínimo de honor habría provocado ya no una sino varias crisis de gobierno.
Pero mientras levantamos el velo, se produce la desbandada de los pájaros grandes y quedan atrapados los pequeños, los hechos van poniendo al descubierto la trama que colocó en el poder a esta banda de atrevidos indocumentados.
Entre esta sucesión de mentiras, atropellos, arbitrariedades y desafueros que forman el legado de Sanchez destaca por su gravedad presente y futura, además de la desfachatez de su mujer que refleja una profesión de impunidad propia de las dictaduras, la rendición del Gobierno de la Nación ante el narcotráfico y su negligencia con resultado de muerte de dos guardias civiles en Barbate con la repetición de la burla y el desafío al Estado ante el clamor de la poblaciones y las peticiones de auxilio de sus alcaldes.
Con su falta de reacción en un plazo inmediato que ya ha transcurrido y su elocuente silencio, el Gobierno está haciendo una confesión velada de cesión o colaboración con los intereses del narcotráfico por un lado, y de traición en favor de potencias extranjeras por otro, hechos gravísimos que por incumplimiento de sus deberes constitucionales amén de la omisión del deber de socorro, será determinante en su caída y debiera llevar al Gobierno de España ante los Tribunales.
La insoportable levedad de este gobierno invertebrado no tiene esqueleto articulado y tiene su columna vertebral, su exosqueleto, fuera de él, por eso Sanchez se inclina ante quien teme. Es el velo, la cortina, la delgada película que encubre los negocios e intereses que le auparon y le protegen. La cuestión es que llegan las elecciones catalanas, vascas y europeas y, como en la mayoría de invertebrados, -medusas, gusanos, babosas,- el velo que cubre el sanchismo herido es cada vez más fino y a partir de ahora cualquier pequeña herida puede acabar con ellos.
Víctor Entrialgo
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