El maniqueísmo es un viejo ejercicio de la izquierda de siempre y en todos sitios: Ellos son la luz, todo lo demás la oscuridad
La mujer del presidente Sánchez ha sacado los pies del plato y se ha metido en un barrizal chapoteando, haciendo que el légamo salpique a su amado Pedro.
El novio de la presidenta Ayuso parece ser que ha cometido un error, voluntario o no, con Hacienda y ese marrón se lo ha estado tragando la pobre novia.
El maniqueísmo es una religión sincrética que afirma que todo está dividido entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Fuera del maniqueísmo como religión, lo encontramos en política como arma arrojadiza contra los otros. La izquierda de siempre lo ha utilizado para predicar que ellos son la luz, la verdad, el bien frente a la oscuridad, la mentira y el mal de la derecha, sea esta la que sea.
Cuando el novio de Isabel Díaz Ayuso fue denunciado por motivos relacionados con Hacienda, la izquierda con Sánchez al frente bramaba y escupía veneno afirmando que Isabel había sido colaborador necesario de su novio. Sánchez en el Congreso y fuera de él espumeaba espesas babas por su boca, y con las mandíbulas apretadas y el gesto de un dóberman expulsaba el veneno de su rencor, su envidia, su resentimiento y su odio hacía quien siempre le había ganado en Madrid. Sánchez, acompañado de sus corifeos vendidos, entregados y apesebrados esparcía por todos los rincones de España la ponzoña contra Isabel pidiendo a voz en grito su dimisión.
Begoña Gómez, esposa de Sánchez ha sido denunciada por Manos Límpias. Entre otras cosas, Manos Límpias apunta a tráfico de influencias, que no es poco. Inmediatamente y tras publicar una carta inaudita en cualquier democracia Sánchez ha dado orden tajante a sus corifeos de apoyar a Begoña y atacar a esos malvados de las tinieblas que viven en el mal, a esa derecha y ultraderecha montaraces, retrogradas y fascistas que, sin existir la mínima causa para ello, ponen en la picota a su amada Begoña. Los mismos que atacaban inmisericordes a Isabel Díaz Ayuso por nada, echando espesas espumas por sus bocas portadoras del veneno más tóxico que existe: la calumnia, y con argumentos falaces, ahora y a través de esa epístola más falsa que Judas en la que Sánchez se apoya para hacer ver a los ciudadanos que, tanto él como su mujer, ambos enamoradísimos el uno del otro, son víctimas de una campaña para derribarle. Y en una utilización más de su retorcido magín que imagina lo inimaginable, abandona durante cinco días el gobierno, amaga con dimitir y nos emplaza al lunes 29 para despejar la incógnita que ni es incógnita ni nada que se le parezca, sino una trampa más de las muchas que Sánchez ha utilizado para mantenerse en el poder. Y en esta ocasión ese argumento torticero viene acompañado de la cobardía de quien se esconde bajo las faldas de su mujer y de quién carece de la gallardía de aceptar lo inevitable y dimitir como han hecho políticos con vergüenza y dignidad.
Una vez más la izquierda, fiel a su maniqueísmo nos quiere hacer creer que la luz, la verdad y el bien son ellos y únicamente ellos. Y por si la carta demencial fruto de una mente infantil y perversa, no es suficiente, de inmediato Sánchez ha ordenado poner en marcha el agitprop, un clásico en el manual de las izquierdas.
Si alguien cree que Sánchez va a dimitir o es tonto o está apesebrado y tiene un miedo atroz a perder su ración en el pesebre.
MAROGA
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