El Supremo ha declarado ilegal el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal de «la memoria histórica», que es justamente la pretensión ideológica de escribir la Historia sin memoria.
Ni a las mentes enfermas que diseñaron el horror de Auschwitz ni a los peores estalinistas del Gulag, ni siquiera a la genialidad creativa de Gabriel García Marquez al narrar las mayores extravagancias bolivarianas del otoño del patriarca se les ocurrió la creación de una fiscalía para la «Memoria Histórica» y colocar en ella a Dolores Delgado y su marido, togas praetextas de raso negro y grandes puñetas con el fin de llevar a cabo la perversión inquisitorial sanchista de reescribir la Historia.
Gente que parece okupar las más altas magistraturas del Estado para suplir, cubrir o tapar carencias personales y conspirar sobre asuntos de «información vaginal, negocio asegurado» al lado de «querido Emilio…» expulsado de la carrera judicial por violar la norma más elemental de la abogacía y por ende de la judicatura, el secreto de las comunicaciones entre los letrados y sus clientes.
Esta asociación de ambiciosos conspirando en contra de una Nación es el arquetipo de un grupo ingente de políticos y jueces megalómanos que se hacen llamar socialistas y matarían por salir en el HOLA. Un compendio, querido Emilio, de envidia, ambición e incongruencia política y económica, en las que influyen los orígenes y una personalidad digna de ser estudiada por el mismo especialista que está estudiando la de Sanchez, si no fuera porque no da abasto.
Y ahora viene el «Siervo suave», el Fiscal general del Estado que ha mudado su piel recusando a los fiscales del Tribunal Supremo que deben informar sobre sus actos y los de sus subalternos investigados por haber filtrado datos fiscales confidenciales del novio de Isabel Diaz Ayuso.
Pero hay fiscales valientes e independientes como María de la O Silva que, actuando en interés de la legalidad, de acuerdo con la Constitución, el Estatuto de Ministerio fiscal y su noble función, ha mostrado ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid su oposición a que, -sin prejuzgar el resultado de dicha investigación-, se archiven sin la investigación oportuna las diligencias previas abiertas por el titular de Juzgado de Instrucción número 18 en Madrid, siendo apartada del caso por ésta razón, en un ejemplo paradigmático de cómo están secuestradas las instituciones en España.
Ya se ve que el sembrador de toda ésta discordia y su mujer, «los autócratas», han diseñado todo esto desde hace más tiempo de lo que la gente cree y, en busca de su impunidad, han ordenado ahora a sus huestes el asalto definitivo a la fortaleza del Consejo General del Poder Judicial como hacen todos los totalitarios cuando ven peligrar su poder por el levantamiento del velo de sus oscuros negocios, arbitrariedades y maniobras.
Sus asesores le han leido el arte de la guerra, de Sun Tzu, que es el arte del engaño, y por eso Sanchez pretende vencer sin combatir. Pero si quiere lograr la impunidad tendrá que hacerlo y la compulsión de la mentira no será suficiente para lograrlo.
Porque, aunque haya togas como la de Conde Pumpido dispuestas a mancharse con el polvo del camino; aunque haya amnistías que vulneren el principio de igualdad, golpistas de rositas por interés exclusivo del presidente y gente en prisión 5, 6 o 7 años por verdaderas memeces políticas, mientras terroristas violadores andan sueltos; aunque desde la propia tribuna del Parlamento una puigdemona desafiante e intolerable haya amenazado al propio poder judicial y a jueces concretos considerando «injerencia política» la función de aplicar la ley contra los prófugos.
Aunque todo esto haya sucedido por culpa de un personaje nefando, y ésto sí que es «Memoria histórica» que no se debe olvidar, los jueces y fiscales dignos de este país, armados con el principio de legalidad y, en defensa de su dignidad y soberanía, los ciudadanos que no quieran colaborar con éste autogolpe resistirán hasta que la Yoli, el tirano y su mujer, ¿les he hablado ya de su mujer? se vayan en el cohete del que hablan a menudo. Porque aunque el tirano compre el silencio o la colaboración de algunos medios, por aquí ¡no pasarán!
Víctor Entrialgo
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