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OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «¿ Las»comparaciones» suelen ser siempre odiosas…?»

Pedro Manuel Hernández López 15 Jul 2024 - 10:50 CET
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Según la  RAE : «Comparar o cotejar es fijar la atención en dos o más personas, objetos, cualidades o circunstancias para descubrir sus relaciones o estimar sus diferencias o sus semejanzas». Sin embargo, muchos autores de ensayos psicológicos modernos recomiendan evitar comparar a las personas o cosas entre sí, para prevenir el menosprecio de sus valores intrínsecos y sus futuras consecuencias .

A lo largo de la historia muchas han sido las citas —unas veces a favor y otras en contra— sobre las bondades o no de las comparaciones. Más habitual y algo menos recogido en la literatura es aquello sobre lo que nos advierte, en general, el refranero español cuando nos advierte y nos recuerda que: «las comparaciones, todas, son odiosas». Ya Fernando de Rojas — en La Celestina IX, 35– nos dice que «toda comparación es odiosa». En el Quijote II, 23, nos volvemos a encontrar con que «las comparaciones son siempre odiosas»; Mark Twain, a su vez, nos recuetda que » la muerte  de la alegría es la omparación» y, Soren Kierkegaard, entre otros, nos dejó escrito que «la comparación es la relación más peligrosa que el amor puede hacer».

De todos es sabido que a los seres humanos nos encanta  «compararnos» entre nosotros, y el motivo –antes que cultural– es biológico, ya que nuestra especie, evolutivamente, está especialmente diseñada para aprender los unos de los otros.

Ya desde niños, de todos los básicos y primeros instintos que desarrollamos, uno de ellos es el de la comparación. Observamos cómo los adultos realizan las actividades prácticas, primero, y luego, el enfoque y resolución de problemas, para comprobar si nuestra actitud es la correcta.

Aunque, en general, no conviene comparar personas, cosas y/o actitudes entre sí, para evitar su  menosprecio y porque todas tienen sus propios y diferentes valores, en política, no solo no son siempre odiosas, sino que  muchas veces, incluso son «obligatorias», «necesarias» e incluso «saludables» porque afectan esencialmennte a los derechos constitucionales de todos los ciudadanos de un país.

Esta actividad –a la que hemos  llamado  «politica comparada»– es una disciplina esencial que permite «comparar» — valga la redundancia– los diversos sistemas políticos de países diferentes para, así,  poder formular distintos argumentos sobre las causas y los efectos relacionados con la política y la sociedad. Mediante ella solemos analizar  las estructuras, los procesos y resultados políticos en los diferentes países o regiones y, a la vez, responder a las preguntas de ¿por qué la democracia gobierna en algunos países y  en otros no?, ¿por qué un país entra en guerra con otro? o ¿por qué algunos países se alían y otros no…?

A través de ella,  se pueden examinar las estructura de los  gobiernos, los sistemas de elección, los partidos políticos,  a demás de  otros aspectos relacionados con la política, en general, para identificar los patrones, las tendencias y las relaciones causales y  poder explicar los fenómenos políticos que tienen lugar en el mundo.

Parafraseando a Carlos Alsina –en su reciente monologo «Adiós, tsunami»– «cualquier parecido entre la situación política de Francia y la de España es pura coincidencia»(sic).
Una vez más,  la experiencia nos demuestra que al caballo ganador intentan subirse todos sin distinción de raza, credo, sexo o poltica.  Como al final ha ganado las elecciones francesas la coalición electoral de las izquierdas — el Frente Popular en número de diputados y en la segunda vuelta– a Pedro Sánchez, a sus ministros del mántrico argumentario y a la «fashionaria» Yolanda Díaz les ha faltado tiempo para entonar ese hermoso salmo que dice que los franceses han hecho ahora lo que los españoles ya hicimos aquí hace un año, frenar a la ultraderecha.¿De verdad se lo creen…? ¿Tan tontos e ilusos les parecemos ? ¿O es que lo somos  realmente…? Creo que no, pero aveces, tengo serias dudas a la vista del resultado de las últimas elecciones generales en las que Sánchez alcanzó la codiciaada  presidencia gracias al pacto chantajista con el prófugo y golpista residente en el palacete de Waterloo. Pero en el pecado llevamos la penitencia…ya que  «cada país tiene el gobierno que se merece»,  según nos dejó dicho el francés Joseph-Marie, conde de Maistre (Chambéry, 1753).

Empezando pr el actual sistema electoral francés y siguiendo por el porcentaje de voto que tiene cada una de las opciones políticas, surgen las diversas  comparaciones:
·
–En Francia, el grupo político  con más escaños va a ser el Frente Popular, mientras que en España es el Partido Popular.

·-En Francia, el Partido Socialista se ha presentado dentro de la coalición de izquierdas y bajo el liderazgo del Pablo Iglesias de allí, el tal Mélenchon; en España el Partido Socialista lidera la izquierda, mientras Podemos y Sumar se desangran lentamente.

·-En Francia la extrema derecha ha obtenido el  40 % del voto y es el primer partido del país; en España, Vox no llega al 13% y es la tercera fuerza política, de momento. Aunque después de la Abascalada de ayer –haber roto el pacto de gobierno con el PP en las comunidades en las que gobernaban juntos– creo que va a seguir los pasos del extinto partido de Albert Rivera.

— En Francia han sido los votantes que no quieren tener a Bardella de primer ministro los  que han abierto camino a un gobierno de centro–izquierda; en España, por el contrario,  fue un partido independentista y de derechas quien hizo posible que siguiera en el gobierno Pedro Sánchez y son sus votantes los  que desean que Cataluña deje de formar parte de España y  los que prefieren un gobierno de izquierdas a uno de derechas.

Por eso, cualquier parecido de la política francesa con la española es pura coincidencia y por más que el gobierno sanchista de coalición repita –como nos  tiene acostumbrados–  el típico mantra  de que Francia ha frenado a la ultraderecha, no nos lo vamos a creer porque : uno, la ultraderecha no es un fenómeno exógeno al que Francia haya conseguido frenar ; dos, la ultraderecha francesa la forman, hoy día, cuatro de cada diez franceses; y, tres, si  allí ellos tuvieran el sistema electoral que tenemos aquí, hoy Bardella –el homólogo de nuestro  Santiago Abascal– sería, probablemente,  el jefe de gobierno y, a demás, con mayoría absoluta.

Esto es lo que a Macron–sin apenas alivio ni euforia– le preocupa, muy mucho, que bajo su mandato presidencial Marie Le Pen haya obtenido los mejores resultados de su historia. Esto le obliga a que en los próximos tres años que le quedan, trate de evitar por todos los medios que siga creciendo.

Visto lo visto y a modo de conclusión,  es posible afirmar que no debemos olvidar las comparaciones por muy odiosas que sean y que nos lo parezcan y, a demás, cuando se trate de personas y temas políticos, no solamente no son odiosas sino que son muy necesarias e incluso recomendables aunque esto, suponga echar por tierra la opinión de una gran pléyade de ilustres literatos, grandes filósofos y humildes autores anónimos que en sus escritos nos dicen lo contrario a pesar de que las comparaciones nos revelan diferencias en calidad, equidad y eficiencia –en los sistemas educativos y sobretodo politicos– que desde un punto de mira internacional nos suelen ofrecer referencias para poder  interpretar mejor nuestros  resultados nacionales.

Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador por Murcia.
 

 

 

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