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El destape del amo

Francisco Gilet (ENRAIZADOS) 12 Sep 2024 - 15:04 CET
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…Y lo hizo, tardó, pero lo hizo; destapó todas sus vergüenzas, con absoluto desparpajo y sin rubor alguno. El amo de este país ― según su ministro ferroviario y todos los indicios, cincuenta organismos a sus órdenes ―, que accedió al poder con el propósito anunciado de acabar con la corrupción del ejecutivo, ha dejado atrás sus palabras y anuncios de regeneración democrática para establecerse como único valedor y ostentador de derechos y libertades. El partido socialista, creado, dicen, para eliminar privilegios de la burguesía, resulta irreconocible en la actualidad, incluso para alguno de sus destacados miembros, al haberse instalado en un neopopulismo, soportado desde el más absoluto de los despotismos. Innumerables cargos adjudicados a antiguos ministros, familiares directos, amigos de pupitre, hasta vecinos de apartamentos, mientras el amo extiende privilegios a escogidos y esparce desventajas y postergaciones a quien no se inclina ante su poder.

Es tan dueño y señor de ese poder que es capaz de cambiar de opinión en la misma frase, obviando que miente hasta dormido. E incluso, si es necesario, alardea de ilustración como medio de camuflar la realidad. Desde hace meses se está anunciando la aplicación de un acuerdo con la Generalitat de Cataluña, empero no conocer ni una sola letra de dicho texto. La señora ministra de verbo ininteligible, se esforzó en el Senado para dar a entender lo que explicó, cuando lo que se anuncia en un convenio de suma gravedad para los españoles que, sin comerlo ni beberlo, contemplamos como el mercadeo para mantenerse como amo, incluye el precio de la desigualdad y de la insolidaridad entre los españoles. Y, a la hora de vender tal comercio, pretende hacer lo propio con el resto de las autonomías, seguir dando dinero comprando apoyo o acatamiento.

Este hombre y sus acólitos consideran que mantenerse en el poder es un objetivo, y para lograrlo, siguiendo al actual jefe del gabinete presidencial, utiliza la forma del engaño desde la ambigüedad, echando mano de “mensajes llenos de vaguedades, anfibologías y eufemismos”. Es el rey del subterfugio, de la ambigüedad, del engaño. Vende hoy lo que ayer descalificaba, permuta hoy lo que ayer despreciaba. Todo cuanto sea necesario para mantenerse en el poder y conservar la urdimbre de acólitos, es idóneo para su fin. Incluso gobernar sin presupuesto, sin techo de gasto, sin planificación de objetivos públicos, para reinar con el Decreto-ley y la canonjía oportuna. Es el acto típico de todo gobierno totalitario: no facilitar un elemento que permita una real oposición y un control de la acción gubernamental.

Es un repetir cuanto se puede leer en muchísimos medios, ajenos a la urdimbre clientelar; está colonizando todos los poderes democráticos, apelando a la democracia que no respeta jamás. Poderes todos a los que ha ido ocupando, sin bien le faltaba uno: el legislativo.

Y hace unos días, se destapó: gobernaremos con o sin el poder legislativo, afirmó, es decir, sin el control del primer poder, la sede de la soberanía popular, el Congreso y el Senado. El amo se desprendió del último velo que le cubría y, sin vergüenza, demostró lo que realmente anida en su ego: la autarquía más profunda y el totalitarismo más férreo. No hay un adarme de democracia en el sentimiento y espíritu del amo, inexistencia ya vislumbrada con sus designaciones a dedo, con sus ataques a los jueces, con la ocupación de fiscalías, con el uso y abuso de la Abogacía del Estado. Todo está trastocado por la sencilla razón de que el amo no es un demócrata, es un admirador de aquel nefasto Largo Caballero que condujo al país, con Prieto, a la guerra civil.

Inger Enkvist, en su libro El naufragio de la Segunda República, se refiere a esta como una “democracia sin demócratas” y, hoy, ahora, con la independencia judicial amenazada, con el tribunal de garantías sometido, con el poder legislativo ultrajado, con el cuarto poder aborregado, con el ejecutivo desprestigiado por sectario, con nepotismo en todos los niveles, no resulta difícil rememorar dicha afirmación, con el final de la Segunda República, tan apreciada por el amo y un expresidente edecán becario, mamporrero de cualquier dictador.

Días atrás nos referíamos a una democracia, pero menos, en estos momentos, después del comité federal sanchista podemos concluir que España camina, veloz y rauda, hacia una autarquía instaurada a voluntad y deseo del amo, con total desprecio de los valores democráticos surgidos de una transición que desprecia por completo. Transición, democracia y constitución, son basura para el amo, para el líder.

Después de arrinconar, por inútil a sus intereses, el poder legislativo, ya solamente le queda un objetivo a “okupar”; la monarquía. Y a esta, desde el primer día, ya contemplamos como la desprecia. No olvidemos que un “puto amo” no tiene jefe.

Francisco Gilet, colaborador de Enraizados. 

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