“Los seres humanos aparecieron inmolados sobre una pira ardiente de restos de aparatos tecnológicos”
El hombre, el ser humano, es considerado el rey de la creación. Pero ¡cuánta pequeñez la del ser humano y cuánta soberbia atesora!
El huracán Milton ha devastado Florida. Dieciseis muertos, 3,2 millones de personas sin luz eléctrica, casas, puentes, centros comerciales, estadios hechos ruinas; ciudades sin agua potable, ni alcantarillado; pérdida de cosechas, medios de producción afectados…Las firmas de seguros calculan que el coste de esa destrucción puede alcanzar entre 46.000 y 55.000 millones de euros…Y los hombres nada hemos podido hacer para evitarlo a pesar de que los servicios meteorológicos lo venían anunciando.
Aquel ciudadano poseía todo lo relacionado con las nuevas tecnologías: móvil, Internet, GPS, automóvil de última generación, Televisión, Blackberry, DVD, ¡por supuesto I.A.! Podía volar en pocas horas a cualquier parte del mundo, su casa – que ha sido engullida y destruida por el huracán – contaba con los más modernos sistemas de seguridad y domótica etc. etc …Y de nada le ha valido todo eso que ha sido enterrado bajo los escombros o volado y desplazado a decenas de kilómetros.
Estados Unidos, la primera potencia mundial en economía, ciencia, técnica y tecnología nada ha podido hacer frente a esa manifestación de la naturaleza. Y esto es así porque ni EE UU ni ningún país están preparados para hacer frente a un desastre natural.
Los hombres sabemos de los desastres, los conocemos, hemos vivido y vivimos con ellos desde que el mundo es mundo, pero ¿hemos intentado conocer sus causas, prevenirlos, domesticarlos? No. Una simple tormenta, una gota fría pueden dejar una región arrasada; lo sabemos. Lo saben mejor que nadie los científicos, pero… ¿investigan los científicos algo relacionado con contrarrestar estas catástrofes, con, al menos, prevenirlas.
El ser humano, el rey de la Creación, ha alcanzado cotas tecnológicas, técnicas, científicas, de investigación etc. jamás conocidas, sin embargo, es incapaz de hacer frente a una manifestación de la naturaleza, manifestación que, puede que sea el trabajo que la naturaleza se ve obligada a hacer por el desequilibrio creado por el hombre al tratarla sin respeto, Seres inferiores al hombre detectan el acercamiento de una tormenta, de un terremoto, de un maremoto, de la entrada en actividad de un volcán que lleva cientos de años inactivo. El hombre no, el hombre carece de lo que podríamos llamar instinto o lo ha perdido y para llenar ese vacío ha inventado sustitutos, el último de ellos la I.A. que para nada le sirvió a ese hombre que, a pesar de disponer de todo lo último en aparatos tecnológicos, no pudo evitar que el huracán arrasara con todo. El huracán Milton ha puesto una vez más ante los ojos de una humanidad sobrecogida lo pequeño que es el hombre y lo olvidado que está de la madre Tierra. Miles de millones nos gastamos en intentar alcanzar vida en otros planetas, en desarrollar instrumentos para que no podamos vivir sin ellos siendo innecesarios; lo último ha sido la Inteligencia Artificial, inteligencia que ha demostrado ser inútil cuando la tierra protesta porque nosotros le hemos roto su equilibrio, Sociedades milenarias más avanzadas que la nuestra desaparecieron a causa de catástrofes naturales, algunas provocadas por la intervención del hombre. ¿Sería mucho pedir a quienes investigan por “mejorar” nuestra calidad de vida que echaran una mirada hacia el interior de nuestra Tierra, la vieran como lo que es, un ser vivo que necesita cuidado, equilibrio y respeto? Puede que ahí esté el secreto para evitar o, al menos, prevenir catástrofes como la que desolado Florida, un Estado del país más poderoso del mundo, cuyo poder de nada le ha servido para evitar semejante aquelarre de muerte y destrucción.
MAROGA
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