Las diferentes experiencias y el aprendizaje de cosas nuevas es la información que cada día obligan a nuestro cerebro a decidir qué vale la pena guardar para luego poder recordarlo, dado que le es anatómica y fisiológicamente imposible el poder almacenarlo todo y siempre. Para eso se vale de una de sus principales funciones, la llamada «memoria».
En muchos sentidos, nuestros recuerdos nos hacen ser quienes somos, son nuestra esencia como seres humanos. Pero para que esos recuerdos perduren necesitan de la «memoria», un concepto que a pesar de ser conocido por todos, sigue siendo una perfecta desconocida en profundidad.
Se trata de una «función del cerebro» que resulta esencial para nuestro aprendizaje y, por tanto, para nuestra supervivencia del día a día. Gracias a ella podemos adaptarnos mucho mejor a las necesidades de nuestro más variopinto entorno diario.
Hace referencia a una capacidad mental cuya función es codificar, almacenar y recuperar toda esa información. Es decir, nos permite guardar en nuestro interior experiencias tales, como sentimientos, sucesos, imágenes o ideas y, en definitiva, cualquier elemento o acontecimiento que pertenezca a nuestro pasado y que resulta muy útil y esencial para nuestro aprendizaje y, por tanto para nuestra supervivencia.
Desde un punto de vista anatómico y morfológico, la memoria está estrechamente relacionada con el «hipocampo», pero cabe señalar que son varias las regiones del cerebro que influyen en su proceso. Resulta interesante mencionar que el significado de las palabras se almacena en el «hemisferio derecho» , mientras que los recuerdos de la infancia se conservan en el «córtex temporal» y que los «lóbulos frontales» se ocupan de la percepción y del pensamiento.
La teoría «multi-almacén» de Richard Atkinson y Richard Shiffrin sostiene que. «la información atraviesa distintos almacenes conforme se va procesando en el cerebro» y es por lo que contamos con tres tipos diferentes de memoria, a saber: la «sensorial», la «de corto» y la «de largo plazo».
La «Memoria sensorial», de escasa duración, registra la información a través de los sentidos y procesa todos los estímulos que permanecen el tiempo necesario para su selección, identificación y posterior procesamiento.
La»Memoria a corto plazo» posee una capacidad limitada y retiene muy pocos elementos durante un breve periodo de tiempo.
La «Memoria a largo plazo» es la que más tiempo nos permite retener y almacenar de manera consciente, toda la información recibida.
Según esta clásica definición y clasificación de la memoria, las famosas y vengativas– «Memoria Histórica y Democrática»– del tan cacareado Gobierno de coalición progresista y socialcomunista de ZP y de Sánchez, encajarían a la perfección con la «Memoria a largo plazo», ya que en ellas se hacen alusiones directas a los distintos personajes con nombre y apellidos, acontecimientos, fechas, guerras, hechos y elementos de la cultura popular tradicional, tales como las leyendas, costumbres, fiestas, canciones, mitos, bailes populares y las tradiciones, que caracterizan la vida de una nación en su desarrollo histórico.
En la Ley 52/2007, de 26 de diciembre –que popularmente es conocida como la «Ley de la Memoria Histórica»– se amplían, se reconocen derechos y se establecen medidas a favor de todos los que sufrieron violencia o persecución durante la guerra civil y la dictadura franquista.
Fue una ley del ordenamiento jurídico español aprobada –por el Congreso de los Diputados el 31 de octubre de 2007– y que partió del proyecto de ley previamente aprobado por el Consejo de Ministros del 28 de julio de 2006, siendo presidente del Gobierno el «felón» socialista ZP.
La Ley establece que los «escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación personal o colectiva del levantamiento militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura» deberán ser retiradas de los edificios y espacios públicos.
La memoria histórica permite a las personas recordar aquellos sucesos que vivieron en el pasado o, simplemente recrear el momento donde ocurrieron eventos que cambiaron el sentido de la vida: esto es tomado en cuenta porque es importante que un pueblo conserve su memoria a través del tiempo y, que en un momento determinado pueda tener una explicación del porqué de la existencia de ciertos sucesos actuales que ocurren hoy día.
La memoria histórica es un vehículo para el esclarecimiento de los hechos violentos, la dignificación de las voces de las víctimas, la construcción de una paz sostenible en los territorios y el derecho a la reparación integral de las víctimas del franquismo.
El 15 de septiembre de 2020, el gobierno de Pedro Sánchez presentó un «anteproyecto de Ley de Memoria Democrática» para reemplazar la Ley de Memoria Histórica de 2007. Finalmente fue derogada por la Ley de Memoria Democrática que entró en vigor el 21 de octubre de 2022, siendo ya presidente Pedro Sánchez.
Después del largo proceso de gestación de esta «vengativa» ley, sus principales disposiciones han sido las siguientes:
–La ley reconoce –en todos los juicios sumarios del franquismo– «el carácter radicalmente injusto de todas las sanciones e incluso de la violencia personal durante la Guerra Civil y la Dictadura».
–Ayudas a los represaliados y a las víctimas del franquismo y a sus familias (compensaciones, pensiones, etc).
–El Estado ayudará a localizar, identificación y exhumar eventualmente a las víctimas de la represión franquista, cuyos cadáveres se encuentran aún desaparecidos, a menudo enterrados en fosas comunes.
–La retirada de todos los símbolos franquistas –los monumentos, escudos, placas. otros objetos– y menciones conmemorativas de la exaltación personal o colectiva del levantamiento militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura» deberán ser retiradas de los edificios y espacios públicos.
–El Valle de los Caídos se regirá por las normas aplicables a lugares de culto y religiosos. Se dispone su despolitización, se prohíben los «actos politicos exalzadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo».
–A todos los brigadistas internacionales se les concederá la nacionalidad española, sin que tengan que renunciar a la propia.
–La nacionalidad española también les será concedida a los hijos y nietos de los exiliados.
–Se crea el Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH) en la ciudad de Salamanca, en el que se integrará el actual Archivo General de la Guerra Civil .
Paradójicamente, en todas las disposiciones de esta Ley, a día de hoy, ni he visto ni he leído ninguna referencia aplicable (en igualdad de condiciones y en justa ley) a todas las víctimas del «bando rojo», torturadas y asesinadas –sin juicio alguno, ni siquiera bajo alguno de aquellos tan sumarísimos juicios, tan de moda y tan fáciles de aplicar en aquellos convulsos años –con un tiro en la nuca, de noche, sin luz ni taquigrafos que pudieran corroborar aquellos crueles asesinatos, bajo la escusa de ejecuciones legales por el mero hecho de vivir en zona nacional.
La violencia consistió –a raíz del golpe militar de la derecha en julio del 36– en el asesinato de decenas de miles de personas, incluidos 6.832 sacerdotes católicos y monjas, nobles españoles, pequeños empresarios, industriales, maestros, profesores universitarios, políticos conservadores y partidarios conocidos o sospechosos de confraternizar con la derecha, e incluso, por usar corbata y no tener callos en las manos, etc, etc.
<< Apostillas sobre la Memoria Histórica y Democrática…>> (2ª parte)
Estos fueron, entre otros, los delitos frecuentes y los crimenes más comunes cometidos por el Gobierno de la Republica y sus sanguinarios gobernantes que dieron lugar a las famosas «sacas» de presos» –«situaciones de extrema violencia ocurridas en las cárceles de diversas partes de España»– durante la guerra civil española (1936-1939) junto a los «paseos» y las «checas», donde su destino final siempre eran las «cunetas» o las «fosas comunes».
Y si alguien ya no lo recuerda … que se lo pregunten al entonces Consejero de Interior de la Comunidad de Madrid– D. Santiago Carrillo, alias» Duque de Paracuellos», a partir de esta luctuosa efemérides– quien dió la orden para que alrededor de 6.000 civiles fueran fusilados en Paracuellos del Jarama por las Milicias del Partido Comunista de España.
Durante la brutal represión del bando republicano — conocida por el «Terror Rojo»– el número de muertes de civiles españoles del bando nacional asesinados osciló entre 55.000 y 110.000, cifra que oscilará, según sea estudiada por las diferentes ideologías de los historiadores del tema o apliquen «la Ley Campoamor» que nos recuerda que : «en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira».
Tampoco he visto que , a día de hoy –ni durante el gobierno del felón presidente ZP ni del mejor y más aventajado alumno suyo, el megalómano y mentiroso compulsivo, Pedro Sanchez–ninguno de los dos hayan dado las oportunas y necesarias órdenes al Ministerio adecuado para que, al igual que están haciendo con todos los vestigios y las menciones conmemorativas de la exaltación personal o colectiva del levantamiento militar y de la represión de la dictadura– sean retiradas todos los símbolos «rojos» o republicanos de todos los edificios y espacios públicos (calles, plazas y ciudades) de España.
No hace falta ser un sabueso ni tener la sagacidad intuitiva de Sherlock Holmes para poder constatar –paseando.por Madrid, Barcelona y demas capitales de provincias– y poder percatarse de que «los vestigios de la legalidad republicana siguen ondeando desafiantes» como si fueran banderas al viento.
La política de renombrar las calles para desacralizar los espacios públicos durante la Segunda República fue otro de sus objetivos más mediatos. La idea inicial fue potenciar un nuevo santoral laico, donde junto a anticlericales próceres civiles –como «Marcelino Domingo» o «Vicente Blasco Ibáñez»– poder exaltar sin ambages a militares y mártires republicanos.
Los republicanos emprendieron una política de desacralización de edificios y una nueva reterritorialización del espacio público durante la época del Gobierno social-azañista . El resultado: la sustitución del nombre de muchas calles en las distintas ciudades de España.
La obsesiva reterritorialización republicana conscientemente provocadora y generadora de conflictos, resultó ser un ejemplo más de la escasa capacidad nacionalizadora e integradora de la mitificada y añorada Segunda República por los socios de Sumar y de ERC.
Al contrario –de los últimos y vengativos gobiernos social comunistas y bananeros de ZP & Sánchez– ni siquiera el «gran dictador» Francisco Franco hizo de la eliminación de los símbolos emblemáticos de los edificios publicos y de muchos nombres de la República de las calles, una compulsiva, intensa y vengativa obsesión. Muchos se quedaron ahí, a la vista de todos y ahí siguen. ¿Para qué iba a invertir el dinero público –que no tenía– en suprimirlos, si había ganado la guerra civil y la difícil situación autárquica de la España de la postguerra, no estaba para tirar cohetes…?
Prueba de esto, es que, a día de hoy, aún son varios los «escudos republicanos» que siguen luciendo en icónicos edificios, como el que preside el «Banco de España», en la calle de Alcalá; el que hay sobre el reloj exterior en la «Estación de Atocha» y el que luce en el «Palacio de Parcent», una de las tres sedes de que dispone el «Ministerio de Justicia» en Madrid.
Pocos son los que saben, que el origen del escudo que preside el «Salón de Plenos del Tribunal Supremo», es también de los años republicanos. También exteriormente, hay otros vestigios republicanos muy claros, como el de la trasera del «Ministerio de Agricultura» o el del «Parque del Retiro» de Madrid.
La segunda vengativa y revanchista ley íntimamente relacionada con la de ZP — y que también se incluye y asocia con la «Memoria de largo plazo»—es la llamada «Ley de la Memoria Democrática» y que fue promulgada por Sánchez, «El puto amo» ( Óscar dixit), y que, tras ser aprobada, entró en vigor, en octubre de 2022,
Esta Ley busca «fomentar el conocimiento de las etapas democráticas de la historia de España y mantener la memoria de las víctimas de la Guerra de España y la Dictadura franquista a través de iniciativas, como la creación de un Censo de las Víctimas y la retirada de cualquier simbolo evocador».
Ha supuesto un paso más en la rencorosa y retorcida senda que abrió ZP en 2007. Frente a este «guerracivilismo» pareidólico y obsesivo y la exclusión de ciertas víctima– las del «terror rojo»– los votantes y seguidores de Nuñez Feijóo y los de Abascal propusieron abarcar todas ellas y reivindicar la histórica concordia alcanzada en 1978, con la promulgación y aprobación de nuestra actual «Carta Magna».
¿Quiénes serían las víctimas en uno y otro caso…? ¡He ahí la cuestión! como diría Williams Shakespeare por boca del príncipe de Dinamarca, el joven Hamlet.
Pero…mientras que para los socios de las izquierdas radicales de Sánchez, seria toda persona «que haya sufrido, individual o colectivamente, daño físico, moral o psicológico, así como daños patrimoniales o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales (…); para los constitucionalistas del PP y VOX se reconocen –además, de las víctimas de la guerra hasta la aprobación de la Constitución– a todas las que han sufrido «violencia política y social», desde la Segunda República hasta la actualidad y se incluyen las víctimas del terrorismo de ETA, el GRAPO, el FRAP y las del terrorismo del Islám.
En cuanto a los conceptos de «guerracivilismo» y «concordia» la exclusiva y separatista Ley de Sánchez ahonda en que la memoria de las víctimas –del golpe de Estado, Guerra Civil dictadura franquista, su reconocimiento, reparación y dignificación– representan, por tanto, un inexcusable deber moral en la vida política y es un signo inequívoco de la calidad democrática.
<< La historia de un pueblo no puede construirse ni desde el olvido ni desde el silencio de los vencidos >>.
En cambio, en el texto del PP y de Vox registrado en las Cortes Valencianas, se subraya que «la Guerra Civil nos debe enseñar a todos que no importa el bando ni su color ni el origen ni sus creencias religiosas o políticas y que el sufrimiento y la muerte fue la misma para todos. Las víctimas fueron, son y serán siempre «las víctimas» con total y absoluta independencia del lugar donde cayesen».
En cuanto al «ámbito educativo», en la norma estatal sanchista se recoge que se actualizarán los contenidos curriculares para la ESO, FP y Bachillerato de forma que se incluyan «el conocimiento de la historia y de la memoria democrática española y la lucha por los valores y libertades democráticas, desarrollando en los libros de texto y materiales curriculares la represión que se produjo durante la Guerra y la Dictadura»
Mientras que en el resto de Comunidades –que carecen de la Ley de Concordia de Castilla y León– simplemente se indica que se incluirá en el currículum educativo «la formación en la defensa de los derechos humanos y las obligaciones contenidas en la Constitución, en el Estatuto de las Autonomía y en los valores superiores del ordenamiento jurídico»
Respecto a la «exhumaciones» en general, todas las respectivas Administraciones Públicas facilitarán a los ciudadanos y asociaciones la búsqueda, exhumación, documentación y honra a las víctimas de la guerra o de la represión política» con independencia del bando en el que militaron, su ideología o demás demás circunstancias personales.