Cada vez son muy pocos los que, hoy día, por un motivo u otro, desconocen o no han oido hablar de la «Asociación Española contra el Cáncer» o de su acrónimo «AECC», pues , en casi todas las provincias, existe una «Asociación» cuyo principal objetivo es «luchar contra el cáncer, liderando el esfuerzo de la sociedad española para disminuir su impacto causado y mejorar la vida de las personas, costeando los tratamientos a los sin recursos, creando centros de asistencia oncológica y dotándolos de los equipamientos necesarios y adecuados para su tratamiento»
También es muy posible, que una gran mayoría de nuestra sociedad actual –salvo que pertenezca o trabaje en ambientes puramente sanitarios o para sanitarios– desconozca el significado de este otro acrónimo, muy ligado al cáncer, como es el «Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas» o «CNIO», ubicado en Fuencarral-El Pardo (Madrid) y, que tiene como objetivo «desarrollar nuevas formas de prevenir, de diagnosticar y de tratar el cáncer», contando para ello con grupos de investigación punteros en el mundo y con un programa para descubrir y elaborar nuevos tratamientos oncológicos.
Que yo sepa, no creo que casi nadie –y posiblemente me quede corto– conozca la historia real de cómo nació la «AECC». En 1953 y de una forma totalmente casual, José Biosca Torres, un importante acaudalado empresario e industrial catalán, una noche de febrero de 1953, paró a echar gasolina en su viaje hacia Madrid. En aquella gasolinera, se encontró con una mujer y su hijo, que tímidamente le preguntaron si les podía llevar a Madrid. A lo largo del trayecto, la mujer le contó que iban al «Hospital Clínico» porque su marido estaba ingresado con una enfermedad que se llamaba «cáncer» y que allí tenían el único tratamiento que existía, al que llamaban «Radioterapia».
El empresario catalán se quedó muy impresionado por el relato y, unos días después, en una cacería con sus socios y amigos, compartió el problema con ellos y, allí mismo, echaron una manta al suelo y empezaron a recaudar dinero para traer ese nuevo tratamiento, la ya famosa y efectiva «Radioterapia» a España. Seis años después, ya había 10 unidades de Radioterapia en España, fruto del trabajo de esa organización altruista de amigos a la que llamaron «AECC».
Asi nació y, en aquel histórico e inolvidable 1957, la cuestación que hicieron para recaudar dinero ascendió a 9 millones de pesetas ¡de las de entonces!. Esa marea de solidaridad se extendió como un reguero de pólvora por todas las provincias de España y, así brotaron y florecieron en todas ellas las llamadas «Asociaciones Provinciales contra el Cáncer» (APCC ).
Tras esta entrañable y altruista historia, todavía resulta mucho más vergonzosa,inmoral e indignante la conducta de Mª Antonia Blasco Maruenda –nacida en Verdegás , un pequeño municipio de Alicante y Bióloga de profesión– directora, a la sazón, desde junio de 2011, del «CNIO», presidido por Eva Ortega Paino, secretaria general de Investigación del Ministerio de Ciencia,Innovación y Universidades.
Mientras está «señora»–por tratarla con la educación y el respeto que ni tiene ni se merece– viene gozando desde hace ya 13 años de un sueldo anual de 230.000 euros, el salario de sus investigadores ronda los 17.000. Además — como le debió parecer poco e impropio para su categoría profesional– junto con la cúpula del CNIO se repartieron 720.000 euros en concepto de sobresueldo, entre 2014 y 2020. «Hoc modo» (de este modo), llegó a sumar a su «nimio» y «ruin» sueldo casi unos 30.000 euros más cada año.
No del todo contenta y llevada por su megalómana adicción a las obras de arte, no se cortó lo más mínimo y –mientras culpa al Gobierno de la falta de fondos del CNIO para desarrollar nuevas formas de prevenir, diagnosticar y tratar el cáncer, descubrir nuevos y eficaces tratamientos y fomentar la formación de nuevos cientificos, ha puesto su cargo a disposición de la gandiense Diana Morant Ripoll –la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades –debido a los bajos e irrisorios sueldos de sus jóvenes y esforzados investigadores,(¿?), de esos microscópios de última generación –como los tipicos «confocales de barrido láser»– que año tras año se presupuestan y que siguen sin poder usarse porque nunca se compran y, especialmente, de que el mayor centro de investigación del cáncer de España, esté “al límite” del colapso económico y con un «déficit» de 4,5 millones de euros.
A ese déficit presupuestario –que hace peligrar su futura subsistencia y viabilidad investigadora– hay que sumarle el tremendo abandono que presenta desde hace años por culpa de su directora, María Blasco, y que –según los jefes de los diferentes departamentos y las malas y no afines lenguas de «doble filo» a ella — se ha dedicado, con «partidas propias» y procedentes de dudosa donaciones …(¿?) a comprar carisimas obras de arte de muy dudoso gusto, por valor de casi tres millones de euros (entre 2018 y 2023). Del total, unos 291.979,35 euros corresponden al coste de las «obras de arte elaboradas». A estos gastos hay que sumar los costes derivados de los sueldos del personal de la «Oficina de Imagen Institucional– la gestora de las actividades artísticas del CNIO– que han ascendido a 585.106 euros, lo que eleva el total de los gastos derivados de las actividades artísticas a 877.788 euros «del ala», ¡Casi ná…!
Suma y sigue…A todo este oficioso y manifiesto expolio de fondos públicos, hay que añadir –según se recoge en El Debate– la compra de dos casas «a tocateja» en Galicia y «la parcela» de al lado, de 268 metros que cuenta con un huerto de 156 metros, dos hórreos, un patio y una amplia zona con varias plazas de garaje…
Mientras el despilfarro del dinero público campa a sus anchas, el CNIO –a falta de resultados clinicos definitivos, podemos afirmar que es un enfermo sospechoso de presentar un gravísimo «cáncer económico» muy metastásico que afecta gravemente a la viabilidad del Centro y de rebote a las sufridas arcas de la Administración pública española. Oo¿ Cómo es posible que estos amorales manirrotos y dilapiladores sigan al frente del Centro sin que hasta el momento hayan sido cesados fulminantemente y puestos a disposición de la Justicia por malversación de fondos públicos, por prevaricación continuada y por apropiación indebida de dinero y continuen al frente del CNIO ? ¿A qué se dedica la Secretaría General del Ministerio de Ciencia…? ¿Acaso no ha incurrido en la culpa de «in vigilando» e «in eligendo…? ¿No se les cae la cara de vergüenza dar lugar a que por la espúrea y snobista adicción artistica de su apática directora –situación que llevan denunciando desde el 2022 al Ministerio de Ciencia… sin éxito— el CNIO esté en una situación «limite»? […] «Carecer de los necesarios «microscopios confocales», es como quedarse ciego ante el cáncer. Son una herramienta de uso rutinario que necesitamos todos los grupos de investigación”, explica uno de los investigadores. ¿Para qué tenemos un Código Penal y un diligente «corpus iudicialis» ?
La situación es tan grave que hay investigadores que se están yendo a otros centros para poder usar sus equipamientos. Sus equipos son tan anticuados y obsoletos que otros centros –aparentemente mucho más modestos como, el «Severo Ochoa» y el «Centro Nacional de Biotecnología»– cuentan con unas capacidades tecnológicas muy superiores (con hasta seis microscópios confocales, entre otros materiales).
Esto es algo que llama mucho la atención, porque el CNIO pese a contar con un presupuesto de más de 40 millones de euros, lleva ya varios años sin que el Ministerio de Ciencia…actualice la subvención de 22 millones que le asigna para ir a la par de la actual inflación y, sin embargo, el Gobierno de la actual dictadura socialcomunista de Sánchez a través del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030– le otorgó una sustanciosa y muy generosa subvención de más de 63 millones de euros, a la casi desconocida y muy enigmática «Fundación Cibervoluntarios», en diciembre del año 2023, para formar a niños y adolescentes del mundo periodístico en base a unos principios «ideológicos» (¿?) muy beneficiosos para hacer mella en las redes sociales y, otros 65 millones más ,en dos años, a los «sindicatos de clase» y sin someterlo a «concurrencia competitiva» ni a ningún control.
Ante está hemorragia pecuniaria como no va a firmar –dónde y cuando sea menester– D. José Álvarez , «el foulares», que «el presidente Sánchez tiene palabra y es de fiar»[…] ¡Cómo para no afirmarlo y en alta voz!
Con independencia de las graves y continuas deficiencias que hacen peligrar la viabilidad y subsistencia del CNIO, la mayor e insistente reclamación de los Jefes del puntero Centro de investigaciones de España es –con mucha diferencia– es pedirle la dimisión y/o el cese irrevocable y fulminante de su honesta,diligente, ahorradora y responsable directora, Blasco.
¡Al revés te lo digo… pá que me entiendas!
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico del PP por Murcia.
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