“A la política le pasa lo que al fútbol: Nunca se sabe cómo va a acabar el partido”
“El fútbol no es un juego perfecto. No comprendo porque se quiere que el árbitro lo sea” Pierluigi Collina, ex – árbitro de futbol italiano actualmente miembro del Comité de Árbitros de la UEFA
La política ha pasado de ser un mecanismo para conciliar conflictos sociales a un mecanismo para crearlos artificialmente, porque la división de la sociedad beneficia a la política. El fútbol ha pasado de ser un deporte de masas que aportaba valores y unía a los ciudadanos en torno a unos colores, respetando al contrario, a una máquina perfectamente engrasada para producir más y más millones de euros; y para ello y al igual que la política, no duda en atacar inmisericorde al contrario, en crear división, en polarizar a los aficionados.
El Real Madrid presenta una queja ante la RFEF con copia al C.S.D. tras la grave actuación del arbitraje en el partido Español Real Madrid. El partido terminó con 1-0 a favor del C.D. Español, si el resultado hubiera sido de 2 – 0 a favor del Madrid, la actuación del arbitraje ni se mencionaría. Y esto es así porque para los aficionados y los periodistas deportivos, es inconcebible que el Madrid pierda con el C.D. Español a no ser que el partido haya sido, o bien amañado o bien el arbitraje haya sido parcial. Al día siguiente del partido todos los medios y todos los periodistas hablaron de todo menos de fútbol.
La política ha conseguido qué en España, hoy y desde hace unos años, no se hable de fútbol. La insidiosa política ha esparcido su veneno por todas las capas de la sociedad, también por el fútbol. Hoy la crónica de los partidos celebrados el fin de semana hablan de todo menos de fútbol. Los medios de comunicación han trasladado la opinión sobre el desarrollo y resultado del partido del que hablan a lo que podríamos llamar “crónicas de fútbol sin hablar de fútbol”
Hoy se ganan o pierden más partidos en los despachos, en los organismos de deportes, judicialmente, porque los equipos de fútbol, al igual que los partidos políticos se han convertido en empresas que generan millones de euros cada año con los que medran los directivos de los equipos y los políticos. Mientras más generación de ganancias en euros, más y mejor para todos. Y es por eso por lo que los periodistas deportivos han pasado a ser cronistas de sociedad y reporteros de casos de denuncias contra el equipo contrario al que no se le ha podido ganar por culpa del árbitro o de la compra del partido y, en algunos caso – ¡asombroso! – porque el goleador del equipo pasó una noche tórrida con la celebritie de turno. No digamos cuando el presidente del equipo en cuestión, considerándose un ser superior, amenaza subliminalmente con los artículos y crónicas que, desde la sede del poderosísimo equipo, emiten durante toda la semana hasta el próximo partido que debe ganar, como pasa en política, por decreto ley. Los aficionados, que antes hablaban de fútbol apoyándose en la opinión de los periodistas que hacen las crónicas, hoy hablan de árbitros, de la FEF, de Comité de árbitros, del CSD, de la nueva groupie del crack del equipo; de todo menos del entrenador que ensayó una nueva alineación, de la táctica equivocada, de la poca profundidad, de la poca entrega, del malísimo o buenísimo partido realizado por sus idolatrados futbolistas.
Al igual que la política y por su insidiosa actuación envenenando a la sociedad, intoxicándola; en el fútbol, intoxicado de igual manera, ya no se habla de los valores sociales y culturales que atesora este deporte, tal como en política no se habla de los valores que hacen fuerte a una sociedad.
No debemos olvidar que a la política le pasa lo mismo que al fútbol: “Nunca se sabe cómo va a acabar el partido”
MAROGA
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