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OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «La sibilina «vendetta» de un hombre llamado Napoleonchu»

Pedro Manuel Hernández López 10 Feb 2025 - 17:21 CET
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Son muchas y abismales las diferencias y muy desiguales los motivos de «ambas venganzas», la de nuestro resentido y sectario ministro «Napoleonchu» y la de aquel otro hombre –el aristócrata inglés Lord John Morgan, conocido como «Caballo» entre los indios y que muy harto de su civilizada vida aristocrática en su Inglaterra natal y años después de haber convivido con la tribu sioux «Manos Amarillas», regresa al Oeste americano para salvar a su tribu de adopción que está siendo diezmada por sus enemigos, los «Pies Negros’ — con la ayuda de unos tramperos blancos– y expulsados de sus territorios sagrados. John Morgan, erigido en jefe de los «Manos amarillas» preparará su implacable venganza, esa venganza que todos hemos conocido como… «La venganza de un hombre llamado Caballo».

Tan importante -o incluso más que esa venganza del film de Irvin Kershner de 1976, está siendo la perpetrada –en esta «neo- España» feminista, progresista, democrática y socialcomunista de Sánchez– por su ministro de Asuntos Exteriores , el madrileño «Malbares», el inflexible y vengativo «Napoleonchu», que al parecer, ataca de nuevo y con desigual bravura para fulminar con la velocidad del rayo a cualquier embajador que no le baile el agua a su «puto amo» — como sentenció Óscar Puente– y a «él», como el responsable maximo y jefecillo supremo de los 1.000 diplomáticos que componen la Carrera Diplomática y Consular en España.

Según los mentideros y en los ambientes oficiales ya se comenta que son » siete» los embajadores cesados, víctimas de una sibilina «venganza» y encubierta por una «ley del silencio» (a modo de una «omertá» sanchista) por «temor» a las futuras represalias de «Napoleonchu», que incluyen incluso a los familiares de los embajadores afectados. Para quien lo desconozca, este peculiar y diminutivo calificativo, tiene su origen en un artículo del periodista Ramón Pérez Maura, actual Director de Opinión de El Debate, publicado el 11 de agosto de 2022, bajo el titulo «Napoleonchu, ausente».

Desde ese día, el «alias» de nuestro emblemático ministro de Asuntos Exteriores ya ha traspasado todas nuestras fronteras e, incluso, así se le conoce en el Reino Unido. Hasta ahí llega la gran cicatería y enquina del ministro «Malbares», del que se supone, que debería ser un vivo modelo y ejemplo a seguir por todos los diplomáticos por sus actitudes y cualidades : Empatia, educación, tolerancia, responsabilidad, respeto, inteligencia y  sensibilidad, para comprender, aceptar y resolver las distintas y variadas situaciones diplomáticas que puedan surgir y, fluidez de expresión para explicar bien las decisiones tomadas. Éstas deberían ser, «grosso modo», las cualidades que nunca deberían faltar en todo diplomático.

Nuestro resentido y vengativo ministro «Napoleonchu», a pesar de su buena «cabeza» y haber pasado por heterogéneas y prestigiosas Universidades — como Deusto, la Sorbonne y la Carlos III– y por la Escuela Diplomática, da la impresión de que «ellas» no han pasado por él, no le han dejado huella alguna y ni siquiera «posos», o, al menos, asi lo parece –dado que sigue mezclando «churros con merinas»– cuando confunde la «arbitrariedad», que es actuar por antojo la persona que ostenta un puesto o cargo público, con la «discrecionalidad» o la oportunidad de ejercer razonadamente la responsabilidad que conlleva la calidad de esa autoridad.

Si alguien duda de sus dogmáticos e irrefutables sentimientos de rencor y venganza solo tiene que ojear la prensa diaria, digital o escrita, o ver algún canal televisivo. Si lo hace , se encontrará con que son ya «siete» los embajadores que han visto acortar y cambiar su destino diplomático de manera abrupta por la sectaria decisión del ministro de Asuntos Exteriores — alias «Malbares» o «Napoleonchu», a gusto del lector– e incluso por los modos y su peculiar política con la que decide nombrar a unos, cesar a otros y la sensación de que, sus personales y viscerales manías persecutorias y los intereses de amistad son la única guía de la partidista «arbitrariedad» que guía e ilumina sus nombramientos en Exteriores.

Nuestro cuerpo diplomático ha gozado siempre de una larguísima «tradición» y de un alto «prestigio hasta la llegada del «vindicativo»– del italiano, vendetta– jefecillo, de la hasta ahora, respetable Carrera Diplomática. Napoleonchu no olvida y no perdona nada, ni los viejos desencuentros ni los recientes desaires. Siempre está dispuesto a usar su afiladisima guillotina contra el que ose retar o desairar a su «megalómana» personalidad por muy leve o inexistente que sea el motivo.

Es por esto, por lo que ya circula, por todos los pasillos de la madrileña sede de Exteriores, el rumor de que si Aznar tenía un «cuaderno azul», Albares tiene otro «a lo Conde de Montecristo», en el que apunta, casi con patológicos detalles todas las cosas ocurridas hace 15 o 20 años: alguien que no le saludó por el pasillo o cuando entró en el despacho, una mala mirada, un mal gesto o una frase mal interpretada… es suficiente para que la «máquina de la venganza» se ponga en marcha.

Todo lo guarda –como si de una «ladrona urraca» se tratase– y, al final, termina castigando a sus posibles autores con cicatera y placentera venganza servida en una fria «bandeja de plata», puesto que en un plato, sería demasiado vulgar y zafio para él.

De los «siete» embajadores cesados hasta este momento, los últimos represaliados por nuestro ministro Napoleonchu, han sido Juan González-Barba y Alberto Antón, ambos , hasta ahora, embajadores en Croacia y Bélgica. Mientras que el primero, lo ha sido por publicar en «El Confidencial» un artículo sobre «La proyección exterior de nuestra monarquía parlamentaria», en la que hacía, al final del texto, una somera referencia a Felipe VI resaltando que el Rey «contribuye a que la presencia de España tenga mayor alcance e impacto»; al segundo, por dar unas cabezadas durante el discurso de Albares en la «IX Conferencia de Embajadores» en Madrid, tras haber tomado unos antihistamínicos para paliar los síntomas gripales. Desde ese mismo momento ya cuenta con otro «alias» a sus espaldas : el de «Kim Jong», por su similitud con el totalitario y líder supremo norcoreano «Kim Jong-un», cuando en el 2015 ordenó ejecutar a su ministro de Defensa, Hyon Yong Chol, por insubordinación y por «dormirse» durante un desfile militar.

Anteriormente, la guillotina del «Kim Yong» español ya había cercenado las cabezas de cinco embajadores más. Al embajador de Corea del Sur, Guillermo Kirtpatrick , por haberse reunido con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la Real Casa de Correos sin pedirle autorización; al de Nueva Delhi, José María Ridao por un artículo en El País, donde en 2023 reflejó su intenso «malestar» con la Intervención Gral. de la Admon. del Estado ante la posibilidad de que eliminaran los salarios más bajos en las embajadas ; Javier Benosa por tocar un tema muy sensible para el Gobierno cuando –a finales de 2023 y solo llevando 9 meses como jefe de la Oficina de Gibraltar– denunció en «El Mundo» el silencio de Exteriores con la «amnistía» a todos los implicados en el «procès» ; Raimundo Robredo, embajador en Sudáfrica, ha sido cesado y al parecer por confrontaciones personales y, Victoria González- Román, cesada como la embajadora de Dinamarca  porque a nuestro «Napoleonchu» no le gustó nada que –en la visita de SS MM los Reyes de España en noviembre del 2023– estuviese allí su marido, también diplomático en Madrid.

José Manuel Albares Bueno será siempre recordado como –«Napoleonchu»,»Malbares» o el «Kim Jong» de España»– el ministro de Exteriores que acabó con medio siglo de una magnífica política exterior española para satisfacer los soberanistas deseos del reino de Marruecos. Hay dudas de que lo haya logrado y además ha enfadado a la oposición española, a las bases socialistas «pro-polisario», a una gran e importante parte del cuerpo diplomático, a los servicios secretos españoles por no defenderles en el «caso Pegasus» y en definitiva a Argelia, que todavía no ha devuelto a su embajador y ha sustituido a España por Italia,
como socio preferente.

Porque, ministro, en política «con mayúsculas», cuando se pierde la capacidad de identificar lo que es «corrupción» y distinguir entre la «arbitrariedad» y la «discrecionalidad», se está muy, muy enfermo… ¡Recuérdelo y hágaselo mirar!

Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico del PP por Murcia.

 

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