Los escándalos familiares revelan la desfachatez del poder y los abusos del tirano, el desahogo con el que se conduce este Nerón, tan cínico, travestido e histrión como su caracterización por Peter Ustinov en Quo vadis.
El hermano, la mujer o «el cuñao» son hoy, prácticamente, instituciones del Estado que junto a los esbirros a los que el tirano ha dado una patada hacia arriba para callar o agradecer servicios prestados completan, junto a las empresas favorecidas y una pléyade de altos funcionarios mansos, el organigrama de quienes nos gobiernan.
El paradigma de esa tríada prodigiosa «enchufismo, clientelismo y corrupción» es la mujer del presidente, que las ha combinado perfectamente en su tarea de «captación de fondos públicos y privados» para su «cátedra», Air Europa, Aldama y otros amigos y menesteres, siendo la esposa del presidente y predicando así con el ejemplo.
Que todo este nepotismo del déspota que camina detrás de sus caderas le parezca bien a una gran parte de la Nación y que aún no se hayan «incendiado» las calles exigiendo su desalojo de Moncloa pone de manifiesto una enorme degradación social y tiene muy dificil explicación.
La única aproximación posible es que una buena parte de la población se siente reflejada en éste enchufismo «turnante», tan grande que abarca a una gran parte de la Nación, por supuesto al Estado y muy obscena y groseramente también a las 17 comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos, verdaderos paraísos del enchufismo.
Esa es la explicación de que ante semejantes abusos del poder y las ridículas explicaciones de sus esbirros, los que debieran haber exigido ya la renuncia o destitución del tirano hace ya mucho tiempo, continúen sin hacerlo a fecha de hoy.
Las autonomías y ayuntamientos están plagadas de enchufados por una costumbre secular, particularmente desde el turnismo de Cánovas y Sagasta del XIX y aún mucho antes, pues resulta evidente que el clientelismo forma parte de la idiosincrasia española, particularmente exacerbado por el sanchismo desde su propia casa.
Estudios recientes afirman que en España el 75% de las ofertas de trabajo se cubren con personal recomendado, lo cual resulta relevante e ilegítimo en la función pública, especialmente en los cargos superiores donde la práctica habitual es la concesión de cargos o beneficios a través de influencias o recomendaciones, la mayoría de ellas por supuesto «de militancia partidista», desatendiendo a los méritos propios de los candidatos, con consecuencias nefastas para la economía nacional, estimada en un 4,7% del PIB.
El hermano y la mujer del Presidente son los grandes enchufados, allí donde se debería dar mayor ejemplo. Y la constatación de que ante semejantes escándalos y, al margen de las resoluciones judiciales, la Nación no esté exigiendo en la calle la destitución de su Presidente muestra el grado de descomposición moral de los españoles.
Los españoles y su inactiva complicidad frente a la España enchufada son representativos del grado de sinvergonzonería vigente y de la inexistencia de los más elementales principios morales, no sólo en el partido socialista sino también, como consecuencia, en el conjunto de la Nación.
Víctor Entrialgo
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