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OPINION

Pedro Manuel Hernández López: «El «efecto carcoma»»

Pedro Manuel Hernández López 21 Feb 2025 - 18:56 CET
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La zoología es la disciplina biológica que se encarga del estudio científico de los animales. Es una subdivisión de la biología, dedicada al estudio de la diversidad animal y su distribución en la Tierra, de cómo funcionan, se reproducen e interactúan. Por ella sabemos que los organismos «Xilófagos» son un amplio grupo biológico de insectos coleópteros que pueden digerir los componentes de la celulosa y la madera. Por eso reciben el nombre de «xilófagos» (del griego «xilo», madera y de «fago», comer) o «comedores de madera». La carcoma representa una de las mayores amenazas para la estructura integral de los edificios de madera. Por diminutas que parezcan, pueden causar daños significativos e irreparables, por lo que es importante saber cómo reconocerlas y cómo prevenir y tratar sus peligrosas infestaciones.

Trasladándonos a la política que Pedro Sánchez viene ejerciendo desde que asaltó impunemente la Moncloa a lomos de una moción de censura fundamentada en una cicatera traición del PNV y en una sentencia manipulada, su «efecto carcoma» sería políticamente un efecto «liberticida», que es el que está minando los Derechos y Libertades fundamentales que se recogen en nuestra Constitución y, por tanto, en nuestra forma de gobierno la «Monarquía Parlamentaria».
En este caso, ya no se trata de las repugnantes larvas «xilófagas»–que perforan la madera (artesonados, muebles, vigas, etcétera) creando túneles y galerías que la dañan dejando un característico polvo llamado serrín o «quera»– sino de los «eleuteriófagos» (del griego «eleutería», libertad y»fago» comer) conmilitones socialcomunistas que mantienen a Sánchez en el poder «devorando» la libertad de los que nunca le votan ni le bailan el agua.

Aunque su significado apenas varía, quizá, para que se entendiera mejor, debería llamarles «liberticidas» –del latín, «libertas», libertad y «occidere», matar– ya que su principal misión, bajo las órdenes del megalómano, sátrapa y mitómano Sánchez, no es otra que, como su nombre indica, es «matar y destruir las libertades» de todos los ciudadanos y «El Estado de Derecho». Mentiras, chanchullos, prevaricaciones, leyes y decretazos anticonstitucionales son, entre otras, las despóticas medidas que acostumbra a usar Sánchez en su egocéntrica manera de ejercer el poder, que es algo muy distinto a gobernar.

Sánchez tiene el poder suficiente para ejercerlo férreamente, pero carece de la necesaria autoridad moral para gobernar y, por eso, usa el «efecto carcoma» para finiquitar, poco a poco, los pilares  constitucionales de nuestra democracia,  justicia, libertad y separación de poderes.
Moncloa decide todo, lo manda todo, qué es verdad o qué es mentira, cuáles son los medios informativos y de comunicación que pueden existir y cuáles no, qué juez puede juzgar y cuál no, qué delitos se perdonan o cuáles no, a quiénes hay que pedir perdón y a quiénes no –excepto al Excmo. D. Álvaro García Ortiz, fiscal general del Estado, a quien hay que pedirle perdón, sí o si, siempre, porque es «su» fiscal–. Cuando un gobierno decide qué es verdad y que no , cuando un gobierno  decide qué es delito y qué no según quién lo cometa o el juez que lo enjuicie, a eso se le llama «dictadura chavista». Por eso el «sanchismo» es puro «chavismo» y, prácticamente, ambos están al mismo nivel de una «autocracia presidencialista».

En España, las medidas impulsadas por el gobierno de Pedro Sánchez han generado un intenso debate sobre su impacto en las libertades civiles. La mayoría de sectores políticos de la oposición y los de comunicación –no receptores de ninguna subvención económica– los califican de “liberticidas”, mientras que otros los ven como muy necesarios para el bien común. Desde el inicio de su mandato, el gobierno de Sánchez ha implementado reformas en áreas como el sistema judicial, leyes que regulan la libertad de expresión y normativas para controlar la desinformación en redes sociales. Los críticos argumentan que estas acciones limitan los derechos fundamentales y las libertades individuales ya que algunas de estas reformas podrían concentrar demasiado poder en manos del Estado.
Los «liberticidas» las ven como esenciales para preservar el orden y la cohesión social y proteger, a la vez, la democracia ante el auge de la desinformación y la polarización social. Como justificación politica argumentan que es necesario actualizar las leyes para enfrentar los nuevos desafíos tecnológicos y garantizar la convivencia social.

El debate sobre las políticas del gobierno de Sánchez y su impacto en las libertades refleja la importancia de encontrar un equilibrio entre seguridad, orden social y derechos individuales. Fomentar un diálogo abierto y fundamentado es crucial para una sociedad democrática.

Algunos autores –como Friedric Hayek, Frédéric Bastiat, Benjamín Costant o Isaiah Berlín– dedicaron su vida a definir y ampliar, más y mejor, nuestro conocimiento sobre el «Estado de Derecho», «La Ley» o las auténticas dimensiones que «La Libertad» debería poseer y posee en nuestra realidad política actual. Uno de los conceptos más discutido ha sido, sin duda, el de «Democracia» y que, en España, hoy se encuentra bajo el intenso y continuo asedio de la dictadura socialcomunista de Sánchez y, a su vez, son muchas las élites de intelectuales «wokes», las económicas y políticas que desean destruirla aprovechándose de ella. La democracia, mal entendida, puede y suele convertirse, por desgracia, en el camino más corto y directo hacia la «Tiranía» y, en España, ya la estamos viviendo en primera persona desde los aciagos y liberticidas gobiernos de Zapatero y de su mejor y más aventajado discípulo, Sánchez I «El Exhumador» oficial del Valle de Cuelgamuros .

Los liberticidas desean modificar nuestra comprensión de la «democracia», para así, entregar todo el poder al Ejecutivo que, de seguir ejecutándolo, perderemos aún más derechos y contribuiremos a pavimentar el camino hacia una «tiranía» política, social y económica de un gran número de sociedades. Urge luchar imperativamente por mantener una «democracia liberal», siendo conscientes –tanto, de los defectos, que dicha forma política posee, «ab initio», como de las virtudes que la han hecho grande durante el tortuoso y convulso siglo XX.

El único objetivo de Sánchez es desafiar a nuestra democracia con su famoso << Plan de acción democrática>>, un eufemismo con el que solo aspira a dotarle de impunidad y reprimir cualquier contestación que venga de la «fachosférica» oposición para, así, recuperar, de una manera u otra, la censura en España, sea de manera burda o sutil.
Sánchez no pretende perfeccionar la democracia, sino evitar que se manifieste en toda su extensión cuando ese sano y útil ejercicio perjudique sus intereses políticos y sus personales sombras familiares que cada vez son mayores y mejor documentadas.

Nadie como él ha fabricado tantos bulos del máximo rango en unos escenarios tan adversos como la pandemia o la crisis económica ni tampoco nadie ha cosechado, en tan poco tiempo, tantos y tan contundentes varapalos de las distintas  instituciones para intentar frenar sus excesos.

Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico del PP por Murcia.

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