Un chico con parálisis celebral es agredido en el Colegio Torres Quevedo de Cantabria lo graban y difunden y no aparece ni el director, ni el alcalde, ni el presidente de la comunidad, ni el demagogo Revilla, que estaría en el hormiguero, ni el fiscal, ni la guardia civil, ni la policia nacional, y la dirección del colegio manda tres días a casa a los agresores que ya han vuelto a la misma clase. ¿En qué país vivimos?
Condenas que no se ejecutan, fiscales que solicitan que la ley no se aplique a políticos como Laura Borrás, facinerosa malversadora condenada, y piden que se espere a que lleguen los «indultos para políticos», concedidos por sus mismos colegas, ocupados todos en reivindicaciones de lengua o nación para malversar caudales públicos.
Alertas que no hubo o que no llegaron a muchos móviles en Valencia. Y en este país cada vez más ovejuno no se levanta, -por el momento-, frente al Comendador, el Fiscal General o el Ministro de Justicia, ni Fuenteovejuna ni nadie.
Mientras los perros entran en la planta de complementos del corte inglés, los mayores no pueden pedir cita para el médico one line sin tener obligación de hacerlo, mientras los parlamentarios se tocan los cascos en el Congreso para traducir una lengua del Estado que todos no sólo conocen sino que dominan, sobre todo para pedir.
Gussanos goebbelsianos que repiten la misma consigna transmitida por el führer desde la guarida del lobo sin un ápice de dignidad. Estamos en manos de delincuentes, covachuelistas y demagogos que con una desvergüenza y una provocación insultantes blanquean el asesinato, no resuelven los problemas del pueblo y lo autorizan todo con tal de conservar el poder.
El presidente que copia su tesis, hace catedrática a su mujer y está pensando en hacer doctor honoris causa a su perro, habla de que las universidades privadas en las que estudiaron sus ministros regalan títulos. Una señora que Eres quien eres por tus eres y vinieres, va con lencero y salto de cama al parlamento y se disfraza de bolivariana los fines de semana, que se niega a ir al logopeda y no sabe hablar ni hacer la o con un canuto, cuestiona la Constitución y la presunción de inocencia. ¡Cuántas vergüenzas nacionales más tendremos que aguantar!
Algunos tragan con todo, lo normalizan todo y así contribuyen a crear la sociedad de la que luego se quejan. Por eso frente a los esbirros sociales, a todos los hombres-masa, sabrás si conservas la dignidad cuando, además de la lucha legítima contra los que te dañan queriendo y no los que te hieren sin querer, conservando la serenidad y la esperanza, sigues al menos escandalizándote con sus vergüenzas.
Víctor Entrialgo
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