Hace miles de años, nuestra Tierra, fue sacudida por catástrofes semejantes a la DANA, pero la gestión del agua no estaba en manos de políticos…y el planeta se rehízo y sobrevivió
Se van a cumplir seis meses desde que la DANA arrasó Valencia. Los políticos, responsables en parte de lo sucedido y responsables al 100% de La malísima gestión, ya se han olvidado de los más de 200 muertos, de los heridos, de la pérdida de bienes materiales de los damnificados, del incierto futuro al que estos se enfrentan. El comportamiento de los que nos gobiernan, en el gobierno central y en los autonómicos, muestra una condición que parece ser natural en ellos: la falta de empatía y de asunción de responsabilidades característica de los sociópatas.
La catástrofe sucedida en Valencia consecuencia de la DANA y las sucesivas inundaciones que nos acometen me ha hecho buscar cómo las civilizaciones antiguas gestionaban el agua en condiciones climatológicas mucho peores que las que sufrimos en España. He buceado en los sistemas hidráulicos del antiguo Egipto hace 7.000 años y de Omán hace 4.000 años.
No voy a entrar en las cuestiones técnicas que a cualquiera dejan estupefacto por los conocimientos que aquellas civilizaciones alcanzaron; sería prolijo y además mal explicado por quien, como yo, carece de conocimientos técnicos, tecnológicos y científicos.
En 2006, los sistemas de irrigación, aprovechamiento y almacenamiento de agua de Omán que allí reciben el nombre de Aflaj, con una antigüedad de 4.000 años, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad. No puedes evitar quedar asombrado de lo que, en unas tierras desérticas de extrema aridez, construyeron nuestros ancestros hace miles de años para garantizarse el agua para las poblaciones, la agricultura y demás; sin olvidar el sistema de aprovechamiento mediante canalizaciones que recogían el agua de la época de lluvias para llevarlas hasta pozos en las que las almacenaban para hacer uso de ellas en la época de sequía. Estos sistemas se fueron perfeccionando a lo largo de los siglos y actualmente funcionan a la perfección en un país que sabe que el agua es escasa.
Aquellos hombres carecían de los conocimientos, los aparatos, las tecnologías y las ciencias de las que hoy disponemos, pero poseían el conocimiento de la tradición que, de generación en generación se transmitía y se perfeccionaba. Ese conocimiento les venía de mirar a las estrellas, de la astrología. Su permanente estudio de los movimientos de los planetas, les prevenían de los momentos en los que se producirían sequias o lluvias torrenciales. En función de lo que le hablaban las posiciones planetarias, de los conocimientos de la tradición acumulados a lo largo de generaciones y del manejo de todo ello por los “hombres sabios o sacerdotes”, una tierra extremadamente seca y sujeta a periodos de sequía alternados con lluvias torrenciales, tenía garantizada el agua necesaria para el uso doméstico, la agricultura, ganadería y el almacenamiento para los periodos de sequía.
La Gran Esfinge de Giza ubicada junto a las pirámides en la meseta de la que lleva su nombre, guarda el secreto del enigma que ella misma representa y de la portentosa civilización que hace miles de años surgió a las riberas del Nilo. En aquellos tiempos desconocidos para nosotros, que se hunden en la noche del mundo, unos seres desconocidos para nosotros, que tomaban sus decisiones consultando con las estrellas, con métodos desconocidos para nosotros, levantaron una civilización portentosa, todavía desconocida para nosotros. Al igual que en Omán, los egipcios dependían del agua, en este caso del agua del Nilo y de sus crecidas y tuvieron que ingeniárselas para solucionar los problemas que nacían de garantizar el agua para las ciudades, la agricultura, la ganadería y -¡importantísimo! – su almacenaje para hacer frente a los momentos en los que escaseaba. Y los egipcios, conocedores de que a las vacas gordas suceden las vacas flacas, también supieron leer en las estrellas, añadir a esa lectura los conocimientos seculares a través de generaciones y aplicar las técnicas, aparatos y métodos para hacer de su territorio un permanente oasis.
Hace miles de años los egipcios, preocupados por el agua, elemento vital para su existencia crearon un sistema de irrigación y distribución del agua que nosotros, poseedores de las más avanzadas técnicas y de una tecnología superlativa sin mencionar la IA, ni las hemos llegado a igualar y, si las hubiéramos igualado, no las hubiéramos utilizado para el bien general porque nuestras decisiones están pervertidas por la política y la codicia; mientras las decisiones de los egipcios eran tomadas por la lectura de los astros y su movimientos, la sabiduría de los “hombres sabios o sacerdotes” y como objetivo el bien general, y todos se aplicaban a ello, Solo voy a hablar del sistema de almacenamiento del agua para hacer uso de ella en los momentos de “vacas flacas” para el agua: Se calcula que fue entre 6.000 y 4,000 años A.C. cuando se empezaron las obras del desvío de las aguas del Nilo – mejor dicho, de sus tres brazos principales – para conducirlo hasta un lago artificial de agua dulce. Era la forma de garantizar agua en la época de sequía embalsándola en la época de lluvias y de desbordamiento del Nilo. Así dicho semeja una decisión fácil de tomar y menos fácil de llevar a cabo, pero conociendo las dimensiones de aquel lago artificial, nuestro asombro es mayúsculo: Los tres brazos del Nilo desembocaban tras su desviación en un lago artificial de las siguientes dimensiones: ¡450 millas de circuito y 300 metros de profundidad!
Que hace miles de años hubo civilizaciones superiores a la nuestra es claro y diáfano. Que nos miramos el ombligo satisfechos, como si nuestros ancestros solo hubieran sido una panda de monos saltarines, también. Hasta nosotros solo han llegado retazos nunca bien analizados del conocimiento que alcanzó la humanidad hace miles de años en términos de tecnología, técnica, ciencia, física, matemática etc. Sin embargo, lo que más nos debe avergonzar es que, habiendo sido nosotros, los hombres de este siglo de “las luces”, capaces de alcanzar altas cotas de cientifismo, que no ciencia, de tecnología, de medicina, de ingeniería, de matemáticas etc. estamos a años luz del conocimiento que la tradición encierra y del que se valieron nuestros ancestros para realizar obras que, ni siquiera somos capaces de concebir a pesar del bagaje de técnica, tecnología y maquinaria que poseemos. Más vergonzoso aún: en sociología, no solo no hemos avanzado, sino que llevamos siglos de retraso frente a los sistemas de relaciones humanas de hace miles de años, relaciones basadas en la búsqueda del bien común y en el respeto al equilibrio entre lo de arriba y lo de abajo. Claro que eso era cuando en la Edad de Oro, ni siquiera se imaginaban nuestros antepasados que siglos después una pandemia universal llamada codicia, trufada con el veneno de la política, ayudaría a catástrofes como la DANA a elevar su destrucción añadiendo dolor a los damnificados por la negligencia, la ineptitud, la ambición, el egoísmo y la ausencia de solidaridad de quienes fueron elegidos para resolver problemas y no para crearlos: los políticos
MAROGA
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