El sábado 14, buscando que películas se me ofrecían en la televisión para no echar mano de las consabidas series que a mí me aburren, encontré en TVE 1 un programa titulado “Mañaneros”, nombre que no se corresponde en absoluto con la hora en que estaba emitiéndose. Fue tal la miseria moral que los presentadores y tertulianos afines expulsaban de sus bocas en forma de palabras, que a los 5 minutos tuve que poner en marcha el humidificador, a los 7 minutos, a pesar del calor que entraba por la terraza, abrirla para que se aireara y a los 10 minutos, con un pañuelo impregnado de agua de colonia Álvarez Gómez, para poderlo soportar, cambiar de canal.
El pestilente olor nauseabundo a cloaca informativa, a miseria moral a flor de piel, a mamoneo, tiralevitas, limpiabotas y periodismo comprado y periodistas vendidos, era de un calibre imposible de soportar por los sentidos de mi oído, de mi olfato y de mi vista. Tanto los presentadores, el inefable Javier Ruíz acompañado de Adela González, como los tertulianos Luis Arroyo y una chica morenita que no tengo el gusto conocer ni quiero, se retorcían dialécticamente en contorsiones patéticas para elevar a Pedro Sánchez a la categoría de Santo de peana y hornacina en el asunto de las mordidas y las guarrerías españolas como decía Chiquito de la Calzada; vamos, les faltó poco para ya y allí mismo canonizarle, al tiempo que ¡faltaría más! culpaban al PP de todo. La chica, además, espumeaba ditirambos hacia Pedro Sánchez como si se tratara de un ser extraordinario, de un galáctico, de un santo con halo que, ¡señores y señoras! ¡Había pedido perdón! ¡Dios, que pestilencia de información!
Menos mal Que en la plataforma de películas clásicas que me ha regalado un hijo mío encontré La Reina de África.
A la mañana siguiente, hoy domingo 15 y tras desayunar, me puse frente a mi viejo ordenador, que me sigue siendo fiel, para documentarme sobre mi próximo artículo. ¡Hete aquí! que aparece una noticia que dice: Jordi Évole propuso poner a una calle el nombre de Santos Cerdá. De traca.
¿De qué están hechos estos personajes? ¿A que subdivisión de los homínidos pertenecen? ¿Dónde los buscan? ¿Qué cantidad de miseria moral corre por sus venas? ¿Qué se desayunan para poder soportarla?
P D. A pesar del humidificador y de la colonia, además de la terraza abierta, el pútrido y pestilente olor a miseria moral emanado desde la pantalla del televisor no desaparece de mi salón
MAROGA
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