La realidad histórica puede parecernos -en ocasiones- que no se ajusta a la verdad de un hecho o situación. Casi en la mitad del siglo XX, en el continente africano, se descubre un acontecimiento esencial que cambiará -definitivamente- la percepción del cristianismo. Es importante señalar la trascendencia de este descubrimiento que, lamentablemente, suele pasar muy desapercibido, cuando no ignorado a nivel popular.
En 1945, un descubrimiento casual (el avance, conocimiento y transformación de nuestra especie parece ser movido por hilos causales, que no casuales), dio paso a un tesoro de documentos antiguos en el Alto Egipto. Cerca de la aldea de Nag Hammadi, a unos cien kilómetros de Luxor, unos beduinos encontraron accidentalmente una vasija con antiguos códices, muchos de los cuales resultaron ser Evangelios desconocidos hasta entonces; igualmente, aparecieron otros importantes textos pertenecientes a los primeros tiempos del cristianismo y, todos ellos, con un fuerte contenido de enseñanza gnóstica, sobre la que, hasta la fecha, había escasos datos, sólo conocidos en círculos muy reducidos.
Estos documentos -conocidos actualmente como la Biblioteca de Nag Hammadi- son considerados como una de las fuentes más importantes de información sobre el cristianismo primitivo y sobre la figura y enseñanzas de Jesús desde un prisma de enseñanza universal gnóstica.
Para comprender el origen y la doctrina de los llamados “evangelios gnósticos” escritos entre el siglo II y IV, encontrados en Nag Hammadi, es necesario introducirnos brevemente en el movimiento que les dio origen. La Biblioteca de Nag Hammadi (como se le conoce hoy día) contiene códices de papiro de cuarenta tratados escritos en copto (una antigua lengua egipcia) que datan de los siglos III-V d.C. La mayoría de los documentos muestran las influencias gnósticas en un grado u otro, y un número de los libros encontrados son evangelios gnósticos.
Conocíamos cierta enseñanza del movimiento gnóstico a través del trabajo de eruditos y de relatos gnósticos de Jesús desde tiempo atrás. Aunque la mayor parte de lo que se conocía provenía de los escritos de los primeros líderes cristianos como Ireneo de Lyon (130-200), Hipólito de Roma (170-236), y Tertuliano de Cartago (160-225). Debemos señalar que para los Padres de la Iglesia [son escritores eclesiásticos de la antigüedad cristiana a los que la Iglesia considera como testigos calificados de la fe. Están considerados testigos privilegiados de la Tradición de la Iglesia. Sus escritos ofrecen una riqueza cultural y apostólica, que hace de ellos los grandes maestros de la Iglesia] estaban convencidos de que las enseñanzas gnósticas eran de naturaleza claramente heréticas.
Con el descubrimiento de Nag Hammadi, de pronto tuvimos libros completos y no sólo partes incompletas o breves sobre el movimiento gnóstico, sobre el que había gran desconocimiento y errónea interpretación. La historia muestra una cara oculta o desconocida.
Los evangelios gnósticos son escrituras hechas por los primeros gnósticos «cristianos». Después del primer siglo del cristianismo, se desarrollaron dos divisiones principales: los cristianos ortodoxos y los gnósticos. Los cristianos ortodoxos se aferraron a los libros que forman el canon de la Biblia y a lo que hoy se considera como la verdadera teología ortodoxa.
Los cristianos gnósticos (si realmente se pueden llamar cristianos en sentido estricto) tenían un punto de vista claramente diferente sobre la Biblia, Jesucristo, la salvación, y prácticamente todas las otras doctrinas cristianas importantes.
La enseñanza gnóstica ofrece una perspectiva complementaria acerca de la visión y pensamiento del mensaje del Maestro Nazareno. Es muy interesante poder adentrarnos en el testimonio de textos que iluminan el contexto del cristianismo primitivo, de los orígenes de la religión con mayores seguidores en el planeta.
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