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Se dice que “la historia se repite”, No de una forma exacta, claro, pero con equivalencias, o cómo dirían Jung y Pauli, con “sincronicidades” (coincidencias no causales). Fernando VII, “el Deseado” (como se llamaba a sí mismo y por los aduladores, primera coincidencia con Sánchez…), o “el rey Felón” (como lo llamaban los liberales, segunda coincidencia…), tenia un carácter nada envidiable (tercera coincidencia…). Cuanto a las tendencias como gobernantes, son ambas autocráticas (cuarta coincidencia…). Me dirá: sí pero Sánchez es guapo, alto y delgado (de dar envidia, como claman sus palmeros), y Fernando VII era muy feo, más bien bajo y obeso, y con varios defectos anatómicos de origen genético. Bueno, en lo físico, serán al revés, como las imágenes especulares. Pero si uno se mira al espejo, la imagen es al contrario, pero la personalidad no cambia. Cosas de la sincronicidad.
¿Y los hechos históricos? Respetadas las diferencias anacrónicas, convengamos que hay muchos paralelismos. Absolutismo versus liberalismo; Constitución entremedio (la Pepa del 1812 y la actual); golpes de estado “en douce”; monarquismo contra republicanismo; ambiente conflictivo/enfrentado en el País; influencia extranjera en el gobierno y elecciones (de Francia con Fernando VII y de Soros & “company”/Zapatero y Grupo de Puebla etc., con Sánchez); y hasta el 23 de las fechas, con el golpe contra el Trienio Liberal en el verano del 1823, y el “golpe” actual del verano del 2023, mientras lo pasamos en letargo estival,,,
¿Estamos en los albores de una “Década Ominosa 2.0”? ¿Dependería de Su Majestad el Rey Felipe VI salvarnos, como pide la Plataforma Rescate España en Periódico Digital? ¿No se debe presionar al Rey para que decida, como dice Sánchez (mientras que sea él propuesto por el Rey, claro)? ¿Debe seguir el camino que marca Armengol? ¿O se hace camino al andar, como dice Machado?
Vamos a ver, por un lado serian los mismos golpistas-separatistas que impulsaron al Rey a pronunciar su decisivo discurso de 3 de octubre los que estarían en la posición clave de condicionar quien gobernaría España, aunque, junto al partido de los ex-terroristas etarras, no quieran comunicar personalmente al Rey su decisión (como determina el art. 99 de la Constitución). Además, muchos de ese “bloque progresista” – entiéndase que aquí “progresista” no se refiere a progreso el sentido de perfeccionamiento, sino que están progresando hacia el derribo del “regimen del 78”, como lo llaman ellos despectivamente, y el despiece de España como la conocemos – no serían siquiera diputados, por fraude de ley (art. 6.4 del Código Civil) al jurar su escaño. Según el Art. 2 de la Constitución, debe ser en español, pues las demás lenguas españolas solo serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos. Y la fórmula de juramento no puede ser “un viva la Pepa” (no pun intended). Y por el otro lado están los pertinaces y resilientes liberales de toda la vida, a favor de la Monarquía parlamentaria, la Constitución, la unidad de España, de la paz y verdadero progreso. Ah, y además ganaron las elecciones…
Tenemos la fortuna de tener un Rey muy serio, educado, y preparado en todos los sentidos, seguramente mucho más que los actuales candidatos a la presidencia del gobierno. Y la futura Reina, va por el mismo camino, o quizá más alto. ¿No es una ironía de la vida ver el mismo día que la Princesa Leonor empieza su comprensiva preparación para ser nuestra Capitana General, que el engendro de Frankenstein invista cómo tercera autoridad del Estado a una persona con la tortuosa trayectoria e ideología de la Sra. Armengol? – No comments.
Considerando los artículos de nuestra Constitución:
- 2. La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.
- 30.1. Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España; [y el Rey es español];
- 56.1. El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes;
- 62.d. Proponer el candidato a Presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución;
- 99.5. Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones [con “luz y taquígrafo”, sin tanto voto por correo forzado, con programas claros, honestos y constitucionales, sin interferencias exteriores] con el refrendo del Presidente del Congreso.
Con estas claras directrices de nuestra excelente Constitución estoy seguro que Su Majestad Felipe VI, dado su demostrado temple, tomará la resolución mas salomónica posible, sin necesidad de más “presiones” o “manoseos”.
Alea jacta est, y ¡Viva España!
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