El Poder, con independencia de su carácter y de quienes lo ejercen, tiene sus leyes y su vocabulario. Tanto el régimen franquista como el actual divide a los españoles en “buenos y malos”, en virtud de su adhesión. Y es de malos españoles aplicar el boicot contra los productos y servicios de los empresarios catalanes que respaldan el Estatuto separatista de Rodríguez-Maragall-Carod.
Sin embargo, el movimiento de protesta es imparable. En casa de un amigo de Madrid, cerca de la Castellana, tuvieron hace poco la junta de vecinos. Un propietario preguntó al administrador dónde tenía la comunidad la cuenta; el empleado contestó que en La Caixa; y los vecinos ordenaron su traslado a otra caja o banco.
Si a este suceso unimos noticias como la queja del presidente del Colegio de Agentes Comerciales de Cataluña sobre la pérdida de contratos, el uso de etiquetas de cava valenciano por marcas catalanas y la mengua de clientes de La Caixa, tendremos una aproximación del miedo entre los empresarios catalanes. ¡Hasta hay quien ha pedido el boicot al Premio Planeta en protesta por el chalaneo de José Manuel Lara, que es propietario del 40% del diario separatista Avui!
El presidente del Colegio, Enric Enrech, ha dicho:
Nosotros somos ajenos a ideologías y partidos. Queremos comprar y vender, sin que el nacionalismo, la zona geográfica o el idioma de las empresas afecten a nuestra labor
Pues no, caballero. Cuando la Nación y la Justicia están en peligro nadie puede ser neutral ni indiferente. ¿Cuántos de sus mil agentes han votado a Esquerra o se han burlado de los castellanoparlantes?
El éxito del boicot no se debe a Losantos ni al fantasma de Franco, sino a personas como los vecinos de mi amigo: gente de orden cuyos únicos actos políticos eran la lectura del ABC y el voto cada cuatro años, y que creía que los problemas los solucionaría otro –Dios, el Rey, Bruselas, el Tribunal Constitucional, la sensatez-. Ahora están dispuestos a soportar pequeños gastos y molestias porque saben que ya no queda espacio para las cesiones ni los apaños.
¡La derecha en pie! ¡Gracias Rodríguez, gracias Carod, gracias Maragall!
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