Un gobierno no solo tiene el derecho sino la obligación de explorar cualquier posibilidad de que un grupo terrorista abandone la violencia y entregue las armas. Pero un Gobierno, un Estado, una sociedad lo que jamás puede tolerar es que los criminales no solo no paguen por sus crímenes- y estamos de acuerdo casi todos que en España no pagan precisamente mucho – sino que encima “cobren” por ellos.
Temo que se esté instalando entre nosotros un terrible síndrome de Estocolmo ante la banda de asesinos etarras y de voceros cómplices: “Como nos han dejado de matar son buenos y les debemos algo”.
Lo que ETA debe al pueblo español son 1000 muertos.
La perversión de las palabras ha hecho que hasta hablemos de PROCESO DE PAZ. Como si en vez de crímenes terroristas, de asesinatos y de chantajes, se hubiera librado una guerra , como si en vez de una sociedad democrática, pacifica, donde todos nos podemos expresar en libertad y con libertad lo que hubieran habido es un conflicto armado entre ejércitos contrarios. No hay presos vascos, hay asesinos en las cárceles por matar a Tomas y Valiente o a Miguel Angel Blanco.
Si ETA renuncia al violencia será un día feliz. Si Batasuna se decide a que la defensa de sus ideas independentistas ha de hacerla democrática y pacíficamente bienvenida sea al club político. Pero el comunicado etarra , tan anunciado y casi clamoreado alborozadamente, no ha ido precisamente por ahí.
Mas bien se diría que la banda y su brazo político pretenden que porque dejen de matarnos nos rindamos a sus exigencias . Pero si alguien acepta tal pacto será el peor día de la historia para la democracia española y habremos escupido sobre la tumba de quienes murieron por defender la libertad y la democracia. Habremos dicho que el crimen tiene premio, que el asesinato cotiza al alza y que el terrorismo da réditos políticos.
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