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Bokabulario

Socialistas: quitad vuestras manos de Clara Campoamor

Pedro F. Barbadillo 18 Mar 2007 - 01:32 CET
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La desvergüenza del PSOE es ilimitada. En los años 30 este partido se opuso a la propuesta de Clara Campoamor de conceder el voto a las mujeres y ahora la rapta para justificar las cuotas.

Con motivo de la aprobación de una horrorosa ley, la de Igualdad, que aumenta el intervencionismo hasta el punto de despojar de subvenciones a las empresas no paritarias, los socialistas han manoseado a la mujer que consiguió el voto para las mujeres: Clara Campoamor. La han citado tanto Rodríguez el Feministo como la ViceVogue, la del posado como modelo.

La realidad es que a Campoamor los socialistas y toda la izquierda y los republicanos la ningunearon y despreciaron, pues la culpaban de haber perdido el poder.

En el debate, celebrado en las Cortes Constituyentes, una diputada radical-socialista, Victoria Kent, se opuso a la concesión del voto para las mujeres. La doctrina de su partido las consideraba moldeables por los curas y, claro, para el PSOE antes el poder que los principios. Manuel Azaña se divirtió mucho con ese debate. Escribió:

Dos mujeres solamente en la Cámara y ni por casualidad están de acuerdo

.

Al final, la propuesta se aprobó por los pelos: 161 síes, 121 noes y casi 200 ausencias y abstenciones. Votaron a favor la derecha, parte de los socialistas y algunos republicanos. En contra lo hicieron los partidos republicanos, como el de Azaña. Indalecio Prieto, que se había ausentado de la Cámara, calificó la aprobación como:

Una puñalada trapera para la República.

Como las elecciones de 1933 las ganó la derecha, las izquierdas culparon de su derrota a Campoamor. No fue diputada ni en esa legislatura ni en la siguiente. Pidió el ingreso en Izquierda Republicana (el partido de Azaña) pero los militantes, mujeres incluidas, la rechazaron. En junio de 1936 publicó su libro Mi pecado mortal: el voto femenino y yo.

Resumen: España fue el segundo país de Europa, después de Gran Bretaña, en el que se reconoció a las mujeres el derecho de voto, y se hizo con la oposición de destacados miembros del PSOE.

Y una trola de Anasagasti, elaborada para reforzar las cuatro consignas que se imparten en los batzokis:

El PNV, los diputados que allí estuvieron, votaron afirmativamente. Es parte de nuestro acerbo político cuando la derecha cavernícola propiciaba que «era mejor que la mujer estuviera en casa y con la pata quebrada».

Esa derecha, en la que estaba incluido el PNV (Minoría Vasco-Navarra), aprobó el voto femenino. ¡Y él lo sabe!

A Anasagasti le gustaría que en las Cortes hubiera un 50% de diputadas y senadoras. El grupo nacionalista vasco en el Congreso tiene siete diputados, de los que sólo uno es mujer. El grupo peneuvista en el Senado, a donde desterraron a Iñaki Mirena, lo forman siete senadores; aquí el número de féminas es mucho mayor: dos.

Creo que Iñaki Mirena debería aplicarse su medicina y ceder su puesto en las listas –siempre ha sido el número uno por Vizcaya- a una de las hermosas y listas emakumes vascas. Como lleva en Madrid desde 1986, ya tiene ganada la pensión máxima de la Seguridad Social.

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