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La Marea de Pérez Henares

Los gatos se empiezan a poner las botas

Antonio Pérez Henares 04 Abr 2009 - 09:57 CET
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Aunque a algunos les parezca temprano y puede que hasta nos falte una nevada( el proverbio “la luna de octubre siete lunas cubre” se está cumpliendo en cuanto a nieves este año) muchas aves llevan ya muy adelantada la cría. Los muy grandes a los que les va a costar sacar adelante al pollo, como es el caso del buitre leonado que empezó a enhuerar en pleno invierno, o los más chicos y prolíficos que pueden llegar a sacar hasta tres tandas de crías, tienen ya polluelos en los nidos.

En propia ciudades, en sus setos y tejados ya pueden verse abriendo el pico amarillo a los jóvenes mirlos en “cañones” reclamando lombrices a sus progenitores que no tiene tregua ni reposo. Los más tempraneros de los gorriones nuevos ya andan por las ramas donde los padres aún les seguirán alimentando por unos días, hasta que aprendan a manejar un poco mejor sus alas y dar algo mas que torpes vuelos. Por ahora no sólo no saben buscarse la pitanza sino apenas mantenerse en las ramas donde han llegado de milagro en su primera y peligrosa singladura aérea.

También pueden estar ya escapados , aunque todavía acogidos al refugio de las tejas de los edificios, los primeros estorninos del año.

Las urracas , parasitadas por los cucos, ejercen a su vez su predación sobre nidos de otros pájaros. Les quitan los huevos y hasta algún polluelo recién nacido. Las tórtolas turcas, cada vez más numerosas, entran en ruidosas disputas con ellas. Con las palomas, en especial con las torcaces ya no se atreven.

Los gatos se empiezan a poner las botas.

P.D. Vuelvo ahora, ya casi medianoche del monte. Una media luna en un cielo limpio iluminaba la noche. Se andaba hermosmente por los caminos, con la sombra queda, que sombra hacía al caminar, precediendo el paso del hombre en la noche llena de aromas, silencios, susurros y recorridos. El monte, los valles, el firmamento invita a detenerse y eso he ido haciendo: detenerme y mirar, simplmente mirar la belleza de la noche. Y no querer pensar ni sentir ninguna otra cosa. O tal vez, si.

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