España tenía el corazón en vilo y en esperanza aquella tarde. Madrid latía acelerado y a quien más quien menos se le estaban alterando los pulsos. Se estaba acariciando un sueño que parecía muy imposible y la ilusión crecía. Pero no todos deseaban lo mismo. Algunos, en realidad unos cuantos a pesar del inmenso ruido, deseaban que sucediera lo que al final sucedió y nos dejo tristes a la inmensa mayoría. Que no ganara Madrid, que perdiera Gallardón. Y en el paquete había gente muy dispar: los enemigos de España y todo lo español, los separatistas que saben el impulso integrador que traería una olimpiada , y algunos enemigos de Gallardón que ponen su inquina por encima de cualquier bien e interés general. El espectáculo de Libertad Digital y de las huestes de Es radio resultó un verdadero monumento a la vesania y al odio más destemplado. La desazón apenas disimulada cuando Madrid iba superando las votaciones y la esperanza crecía fue tan palpable como el alivio cuando al fin fue derrotada. Ahora ya pueden clavar , no han dejado de hacerlo nunca, todas sus dagas en quien les ha plantado cara y ganado la partida ante los micrófonos y ante los tribunales.
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón es un político que levanta pasiones. Y eso ya es mucho decir entre los políticos al uso. Lo escribía, muy bien por cierto, el sagaz Ignacio Camacho en ABC : “Antes de que comience en España el tradicional linchamiento del perdedor y de que al propio Ruiz-Gallardón le dé la pájara que suele acometerle cuando se queda -a menudo, por cierto- al borde del éxito y con la miel en los labios, hay que hacerle justicia a uno de los pocos políticos españoles que saben agitar el corazón de la gente con sueños más o menos visionarios. La política exige realismo para diseñar proyectos y sensatez para tomar decisiones, pero sin generar ilusión colectiva no se puede aspirar a otro horizonte que el del aburrimiento. Gallardón tiene sobre la mayoría de sus colegas la ventaja de que nunca se conforma con las rutinas del poder, y aunque no siempre sabe manejar sus propias inquietudes -otros las llaman ambiciones- es menester reconocerle el mérito de no quedarse jamás quieto.Los países, las ciudades, progresan así: desafiándose con nuevos retos aunque cuesten zozobras, decepciones… y zanjas.”
Suscribo todo y no añado más. El linchamiento había comenzado antes y la pájara un segundo después de no conseguir el sueño. Pero otras veces se ha recuperado y quizás le venga bien saber que son bastantes lo que pensamos que es uno de los pocos políticos que merecen ser escuchados y, por supuesto, discutidos.
Gallardón tiene defectos muy visibles y ha cometido errores de bulto y calibre. Su soberbia no es ajena a ninguno de ellos y su mala medición de los tiempos, su incapacidad de esperar el momento, afecta a todos sus movimientos, personales y estratégicos, y ha afectado a este nuevo intento de Madrid olímpico. Con ellos carga, pero también con sus virtudes donde a nadie se le oculta una inteligencia proverbial y una capacidad de transmisión a la ciudadanía de sus ideas y sus sueños.
Y están sus hechos políticos y sus victorias electorales ahora descontadas pero en tiempos supuestamente imposible. Gallardón, que no fue otro ni otra, fue quien arrebato al pacto PSOE-IU, la Comunidad de Madrid consiguiendo mayorías absolutas, que su sucesora y gran rival interna, Esperanza Aguirre no consiguió de primeras dadas (se quedo a un escaño que la hubiera mandado a la oposición de no ser por el Tamayazo) pero que luego es justo reconocer ha consolidado. Y fue Gallardón quien ha derrotado en la confrontaciones a la alcaldía, hasta casi la humillación a cuantos adversarios socialistas se la han confrontado. Por cierto, que es buena carrera en el PSOE porque los hacen luego a todos ministros: Trinidad Jiménez y Miguel Sebastián.
Pero Gallardon goza de los odios más feroces en el interior de su propio partido, sobre todo y en buena parte circunscrito a Madrid, y en algunos oráculos mediáticos que pretenden dirigir los destinos del PP. Para ellos es el peor de todos los enemigos, mucho más peligroso que los propios adversarios ideológicos, para ellos es un traidor, para ellos es tan sólo un reverso de Zapatero, que ahora aspira a quedarse sólo en la privanza de Prisa. Para ello es y será, por cualquier medio, el hombre a batir.
Con alguna novedad como puede ser el cambio de opinión del más poderoso y ducho de todos ellos: Pedro J. Ramirez, aunque en su editorial parecía que el que menos había tenido que ver en la candidatura olímpica, tras subrayar a ZP y a Esperanza Aguirre, era el propio Gallardon su motor e impulsor. Pero Pedro J. no es tonto y no duele sino que proclama que el viernes, a pesar de no vencer, se dio la mejor batalla, se dejó el terreno abonado y sentimos un profundo orgullo de ser españoles y parecer unidos. Ojalá fue trasladable esa imagen. Nos ganó un gran hombre, un hombre al que admiro y que es el verdadero líder de un mundo y de una ideas: Lula. Nos ganó el y hay que darle la enhorabuena. Porque además su causa era justa y su palabra verdadera.. Quizá eso, y recuerdo ahora la ultima vez que lo ví junto a Zapatero, lo que marcara la diferencia. La verdad del metalúrgico, la fuerza de ese líder verdadero.
Gallardón perdió ayer en Copenhague. Pero ha prestigiado a España ante el mundo y ha dejado a Madrid en la mejor posición para lo lograr los próximos Juegos Olímpicos del 2020. Puede que quien haya sido el corazón de la idea no los disfrute entonces como alcalde. Pero cuando un día se consigan será a él, como españoles y madrileños, al primero a quien habrá que dar las gracias. Y hoy , tras las lágrimas, decirle que como españoles y como madrileños ayer muchos estuvimos orgullosos de su trabajo y de que nos representara. Gracias alcalde, gracias Gallardón.
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