Hace unos días un alarmante reportaje venia a decir poco menos que los jabalíes estaban entrando en Madrid y que sus hordas poco menos que cercaban la capital . Dando por descontada la ignorancia con que suelen abordarse tales asuntos-aquí se llegaba a afirmar que la causa estaba en el incendio que asolo Guadalajara hace años y que se produjo a unos 250 km de distancia- lo cierto es que el periodista acababa por aseverar tras oír a los agricultores que algo había que hacer para frenar a los bichos. O sea, cazarlos. Y si había veda, pues abrirla.
Algo similar he ido leyendo en otros sitios puntuales con respecto a ciertas y focalizadas plagas de conejos que causan severos daños en determinadas zonas de La Mancha. ¡Que vengan los cazadores! se clama y se proclama.
Bueno, no vamos a quejarnos por que se piense de nosotros algo en positivo y que el urbanita medio quizás vuelva a entender-otras cosas creo que ya es imposible- que el control de poblaciones y el mantenimiento de ciertos equilibrios es algo más complicado que su dogma de que a la Naturaleza no hay ni que toserla. O sea, ni arar un campo, ni desbrozar un bosque, ni sanear una encina, ni limpiar un cauce del río, ni ¡que sanguinaria atrocidad! matar uno sólo de los animalillos que por allí pululan.
Pero resulta que sí, que hay que hacer, y hacerlas bien, todas estas cosas. Y cazar es parte de esas necesarias “labores” del campo, fíjense ustedes que cosas. Es muchas más cosas, pero esa también resulta ser una de ellas. ¿O creen ustedes que en los propios Parques Nacionales no se “caza”?. Pues claro. En la mayoría de los casos no los cazadores pero si los propios guardas. Porque hay que hacer un control y mantener unos equilibrios.
Los jabalís no van a invadir Madrid , pero si aparece una piara por el jardín de su urbanización no es la mejor idea echarles de comer.
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