Lo conocí, lo aprecié y lo quise. Fue un hombre íntegro, honrado, cabal y bueno. De muy pocos puede decirse tal cosa. Un símbolo del sindicalismo verdadero, de la entrega a la lucha por los derechos de los trabajadores. Un ejemplo en estos días de otros sindicalistas tan alejados de esos parámetros y esos comportamientos.
Muy poca gente, aunque tambien y tanto se haya olvidado entre tanto progre de diseño, hizo tanto, sufrió tanto y consiguió tanto en la lucha por las libertades y la democracia.El sí fue un luchador por la libertad contra el franquismo y contra la dictaura. Cuando tocaba, cuando de verdad había que hacerlo. Descansa en paz, Marcelino Camacho, con tu vida cumplida que tú sí te lo has ganado
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