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La Marea de Pérez Henares

El motor gripado y un rayo de luz

Antonio Pérez Henares 27 Feb 2012 - 09:22 CET
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Aunque nos hemos pasado la semana contando, como si fuera la batalla de la Termópilas, una tangana entre estudiantes y policías en Valencia saldada con unos cuantos moratones, quinientas portadas, mil conexiones de radio y cien horas, como poco, de le televisión, la situación de España, que no es la que pretende twuitear el “agriprop”, ha ofrecido algunas trascendentales noticias y algunas medias de Gobierno de enorme calado e interés para el común de los mortales, aunque lejos de las preocupaciones de, pongamos, la otra Soraya o su compañera Leire Pajín.

Le economía española es como un motor gripado. Se ha hecho un bloque, se han soldado la piezas y no carbura. En esas estamos desde que empezó a toser y no se le hizo caso alguno hasta que acabo por colapsar. Su “gripazo” lo notamos en el bolsillo, en la hipoteca, en el paro, en el piso y en la angustia diaria bien sea nuestra o de alguien de nuestro inmediato alrededor.

Ese motor gripado es al que le toca al Gobierno arreglar. Tarea difícil, complicada y que necesita de mecánica a fondo y no de colocar un “relé” y a marchar. Hay que sacar y cambiar todas las piezas, volverlas a colocar, que engranen, darles aceite y que luego la “chispa” de la gasolina ( o sea el “parné) lo ponga en marcha y empiece a girar. Desde luego no es cosa de un día y si al final la cosa funciona veremos a que velocidad empieza a marchar.

Las piezas son esas reformas, la financiera, la laboral, la fiscal y los componentes el crédito, las empresas, el consumo y el trabajo. Todas forman un todo y todas tienen que acoplarse y funcionar conjuntamente, las unas dependen la otras y las otras de la una.

A las que les han empezado a meter mano esta semana han sido algunas piezas muy sensible. La que más, derivada del plan financiero de De Guindos, la de empezar a pagar. Muchas pequeñas y medianas empresas agónicas, muchas otras perecieron ya, lo necesitan para sobrevivir. El que el Estado, previa presentación de las facturas por parte de los ayuntamientos, que han de estar presentadas a la voz de ya, (el plazo es marzo) las empiece a abonar como prioridad va a ser el primer respiro serio y palpable, la primera medida positiva después de las de disgusto y esfuerzo con que nos hemos ido desayunado hasta ahora. Eso si que tiene alcance y es de sentido común y no aquel despilfarro estúpido de aquel plan E para instalar pajareras de oro en el jardín cuando se nos caía la casa a cachos. Si aquellos 13.000 millones se hubieran destinado a pagar las deudas quizás muchos no hubieran tenido que echar el cierre y hoy, aunque mal, no estaríamos peor.

Para comunidades autónomas y municipios esos dineros van a ser un rayo de luz en medio de la oscuridad. Un alivio y una esperanza que tanto en Castilla-La Mancha como en Castilla y León se esperan como el mana. El que se destinen estrictamente a pagar es la mejor inversión y la mejor medida que se puede tomar.

Pero la semana, si no hubiéramos estado abducido por la película de los “santos niños inocentes” masacrados por las SS de los Herodes del PP, tuvo algunos elementos más y de tan inusitada como desapercibida magnitud. Si en pasadas fechas al PSOE que se había pasado la campaña y media vida rajando contra los bancos (la otra media se consumió en pasarles la mano por el lomo) se le quedó cara de pasmo cuando fueron los derechuzos quiene ¡zas! les pegaban un sartenazo al sueldo de los banqueros esta a quienes tanto gemían por desahucios e hipotecas impagables se les cambiaba el paso cuando se anunciaba que ambas cosas iban a tener posibilidad de arreglo y solución.

No es fácil. Porque la ley no puede tener efectos retroactivos, lo firmado, firmado esta, , que también si se hubiera propuesto en 2007 por ZP ya serían unos años menos de estar en vigor y porque hay que aquilatar para que no se aprovechen los listos y sigan penando los justos y para que no tenga efectos perversos y contrarios de los que pretende. Porque lo que pretende es de pura humanidad. Ya es terrible perder el puesto de trabajo, pero si además se pierde el cobijo, nuestra “cueva”, nuestro ultimo refugio, nuestra casa, el desamparo ya si que es total. La dación en pago de la hipoteca podrá ser, pero me parece que es mucho mejor la formula de moratoria cuando no hay en ese momento posibilidad alguna de pagar y que luego esta, y adaptada a la posibilidad real, vuelva a poder irse afrontando cuando vuelva el trabajo y el ingreso a esa familia. Hay que contar, desde luego, con la voluntad de los bancos, pero el Gobierno tiene teclas y no pocas que tocar para lograrlo para que suene ese piano. Y los propios bancos una razón principal: Para que quieren 200.000 viviendas embargadas si no saben que hacer con el medio millón que les tiene sepultados los balances. Mejor que cuando puedan que les paguen. Pero eso es solo economía y una sociedad necesita también de solidaridad, de un mínimo de justicia y de humanidad. Que se frenen los desahucios y las ruinas familiares ha de ser no solo objetivo de un gobierno por temor a un verdadero incendio social, y ese sin necesidad del agiprop, sino el horizonte real de su labor.

No tengo duda que las algaradas, con o sin motivo, van a ser la constante en nuestro próximo devenir y que no tardaremos en dejar de sorprendernos de ver como los ex ministros han pasado de la cartera a la pancarta sin que se les mueva una ceja ni se les caiga una vergüenza al suelo. Pero lo que ha dicho Joseph Borrel y algún otro socialista en un arrebato de honradez es algo que más de tres deslizan en privado: “Algunas de estas cosas bien podíamos haberlas hecho nosotros”. Otras no, claro, pero lo de los banqueros y lo de los desahucios, por ejemplo, pues si.

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