Las protestas populares contra el matrimonio homosexual, la reacción de la derecha liberal y el suicidio del historiador Dominique Venner indican que en Francia hay debate y también una sociedad que se opone al Poder.
Hace una semana, se suicidó en la catedral de Notre Dame de París el escritor Dominique Venner. Mientras en Francia e Italia su acto sigue siendo debatido, en España la clase opinadora se empeña en mentir sobre la inclusión de la religión en el currículo (dos apuntes: el primero, es mentira que se vaya a obligar a estudiar religión católica, esa elección es voluntaria y además se evaluará también para los protestantes, judíos y musulmanes la enseñanza de su religión; el segundo, si se evalúan los chirridos que causan los alumnos con la flauta dulce y las flexiones que hacen en educación física, ¿por qué no los conocimientos objetivos de la religión?) y en cuántos ministros asistieron al último acto de Aznar.

El periódico que mejor información ha dado sobre el asunto es El Manifiesto, y el segundo El Semanal Digital, ambos digitales por supuesto. Venner elaboró tan detalladamente su suicidio que incluso redactó una lista de asistentes a su funeral, para evitar que éste se convirtiera en un circo. El Manifiesto ha sido el único medio que ha reproducido completa la carta de despedida de Venner, de la que entresaco este párrafo:
(…) en el ocaso de esta vida, ante peligros ingentes que se alzan para mi patria francesa y europea, siento el deber de actuar hasta que aún tenga fuerzas para ello. Juzgo necesario sacrificarme para romper el letargo que nos agobia. Ofrezco lo que me queda de vida con intención de protesta y de fundación. Escojo un lugar altamente simbólico, la catedral Notre-Dame de París que respeto y admiro, esa catedral edificada por el genio de mis antepasados en sitios de culto más antiguos que recuerdan nuestros orígenes inmemoriales. Cuando tantos hombres se hacen esclavos de su vida, mi gesto encarna una ética de la voluntad. Me doy la muerte con el fin de despertar las conciencias adormecidas.
El suicidio de Venner se une a las protestas populares contra la aprobación del matrimonio homosexual, que han asombrado tanto al Imperio Progre como a los centro-reformistas de todos los demás países. Por eso, ya se empieza a hablar de la posibilidad de que esté naciendo una Contrarrevolución en la patria de la Revolución:
Esos números no indican apenas una coyuntura política. Ellos corresponden a un nuevo y extraordinario fenómeno de opinión, que toca en el fondo de los espíritus y se extiende por toda Francia. Es un estado de resistencia activa a la ofensiva revolucionaria, presentando cuatro notas inéditas: 1) una raíz idelológico-religiosa; 2) sus protagonistas son jóvenes, tanto matrimonios como solteros de ambos sexos; 3) su estrategia es innovadora y eficiente; 4) tiene carácter irreversible.
En las semanas previas a la aprobación del proyecto, multitudinarias manifestaciones de rechazo ocurrieron en ciudades de toda Francia, siendo las más importantes las ya mencionadas en París. La próxima será el 26 de mayo, Día de la Madre en Francia, y posiblemente congregará aún más gente.
El comentario más difundido es: la izquierda perdió la juventud, perdió la calle, perdió al pueblo… y perdió la brújula.
Y sobre todo lo anterior, los periódicos de papel supuestamente de derechas y los opinadores del mismo ramo (incluidos los de 13 TV), callan.
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