Este viernes, 14 de marzo de 2014, Luis García Montero escribe en Público una columna titulada ‘La realidad y el deseo’ en la que arranca diciendo:
El cardenal Rouco Varela perdió la vergüenza en el funeral de Estado en recuerdo de las víctimas de Atocha. Después de repasar en un galope largo todos los caballos de batalla de la Iglesia contra las libertades democráticas, acabó por soltar las riendas y por alentar las interpretaciones falsas que hemos padecido sobre aquel crimen.
Añade que:
Me parece grave, pero no me parece muy grave. Una persona, en nombre de una asociación privada, puede perder la vergüenza sin afectar a las raíces de la vida democrática. Mucho más grave resulta que las instituciones y las leyes de un Estado pierdan la vergüenza
Y concluye que:
Lo grave, repito, no es la desvergüenza del sermón de Rouco, sino la gran mentira en la que vive la democracia española
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