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Bokabulario

La sanidad muestra el fracaso del Estado de las Autonomías

Pedro F. Barbadillo 19 Mar 2014 - 15:44 CET
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Ha muerto una niña de tres años en el condado de Treviño porque a la Sanidad vasca no le dio la gana de mandar una ambulancia a atenderla, pese a un convenio firmado hace tiempo.

Lo que ha ocurrido en Treviño (donde los buitres del abertzalismo ya han acudido a por carroña) pasa constantemente en la sanidad pública española: pacientes rechazados porque están domiciliados en otras comunidades autónomas. Por ejemplo, en los hospitales de Valencia durante el verano o en los pueblos de Cantabria y Vizcaya, expedientes sanitarios redactados únicamente en lenguas vernáculas

Además, tenemos tarjetas sanitarias diferentes, calendarios de vacunación diferentes, compras de medicamentos más caras… Para mostrar el absurdo de la sanidad pública, en cambio los inmigrantes ilegales y los comunitarios eran atendidos casi sin obstáculos en todos los hospitales, y en la mayoría de los casos gratis. Sólo la crisis ha hecho recuperar el sentido común en este asunto, no sin que el Imperio Progre clamase contra semejante crueldad: hacer pagar la atención sanitaria a quien no pagase impuestos para sostenerla.

Hace unos meses, el Ministerio de Sanidad anunció que implantaría una tarjeta sanitaria única para todos los españoles, aunque tardará varios años. Además, las Administraciones autonómicas están firmando convenios para atender a los pacientes de regiones limítrofes.

Todo lo anterior supone el reconocimiento de un fracaso.

A la muerte de Franco había un sistema sanitario público unificado que atendía a todos los españoles. En los años siguientes, los partidos políticos -con la aprobación de los ciudadanos- lo desguazaron… y ahora lo reconstruyen. 35 años tirados a la basura, junto con miles de millones de euros y docenas de vidas.

Pero no pasa nada… Los votantes de los partidos nacionalistas y regionalistas seguirán enfadándose cuando no se les atienda en hospitales de fuera de sus comunidades, pero seguirán votando a los partidos, sea el de Revilla, sea el de Mas, que quieren sus mini-ministerios de sanidad. Lo mismo cabe decir de los votantes de partidos de izquierdas, que admiten la privatización del sistema sanitario: sólo para los de mi pueblo.

Este país de cretinos no tiene arreglo.

CODA: El Mundo ha publicado las conversaciones entre la madre de la niña y el servicio de atención de Osakidetza: «Nosotros desde aquí médico no te podemos enviar». Diga lo que diga Alex.

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