Este 19 de septiembre de 2014, escribe Ignacio Camacho en ABC una columna titulada ‘Programas, programas‘ en la que arranca diciendo:
MacLuhan murió sin alcanzar a saber hasta qué punto el crecimiento de la aldea global acabaría elevando al paroxismo su doctrina sobre los medios y los mensajes. Fue su discípulo Postman el que adelantó que la fuerza irruptiva de la televisión iba a imponer sobre la cultura y las relaciones sociales una especie de supremacía del espectáculo.
Añade que:
Para contrarrestar el estrellato de los tronistas de Podemos en las tertulias políticas que clonan el modelo del vociferio rosa y amarillo, el reciente líder del PSOE ha decidido acudir a la fuente original del nuevo paradigma comunicativo. Jorge Javier Vázquez hizo de médium e intérprete en una rara modalidad de conversación monoaural que suplantaba la voz del entrevistado. Daba lo mismo porque el mensaje era la presencia, no el discurso.
Y concluye que:
Puede crear tendencia y arrastrar a las élites dirigentes por los platós en una competencia de audímetros: «hormigueros» de marionetas, estrategias de taburete. Democracia catódica: casta, demagogos y viceversa. Si la audacia tiene éxito, el sucesor de Rubalcaba tal vez aparezca cualquier noche en «Tu cara me suena». Disfrazado, claro está, de Felipe González.
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