Este 10 de octubre de 2014, escribe Marcos Paradinas en Elplural.com titulada ‘Tarjetópoli’ en la que arranca diciendo:
Recuerdo aquellas noches de jueves en Roma, en que, reunidos en torno a un batallón de Birra Moretti, nos preparábamos para ver Annozero, el magnífico debate que dirigía Michele Santoro en Rai2. Mis amigos italianos se esforzaban con paciencia en explicarme el quién es quién de su panteón político y cómo había llegado la política italiana a convertirse en la cochiquera que era. Irremediablemente, muchas de esas lecciones acababan desembocando en Tangentopoli.
Añade que:
Gastarse 15 millones de euros en 13 años a base de usar la tarjetita de marras en cajeros, joyerías, supermercados y restaurantes supone una habilidad sólo al alcance de esos participantes en concursos que tienen que llenar un carro de la compra en un tiempo récord. Pero también implica un compadreo vergonzante entre los partidos de los implicados, que sólo se explica con los beneficios recibidos por las formaciones: desde 2003, dos de cada tres euros donados por Caja Madrid fueron a parar al PP; el PSOE recibió un donación de 420.000 euros (casi tres veces por encima de lo que permitía la ley) y una de las tarjetas black sirvió para pagar una fianza judicial de Izquierda Unida.
Y concluye que:
Con este panorama, es inevitable que cale el discurso contra la casta. Están “ellos”, los que viven instalados en el mangoneo, y “nosotros”, los que se parten el lomo para llegar a fin de mes. Porque cuando la podredumbre se extiende a diestro y siniestro, los ciudadanos no encuentran otra alternativa que dividirse entre arriba y abajo.
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