Este 16 de octubre de 2014, escribe David Torres en Público una columna titulada ‘Periodismo de ficción’ en la que arranca diciendo:
Hace tiempo que, en su carrera enloquecida por batir la marca de la actualidad, el periodismo rebasó la raya del pasado e incluso la del presente y ahora se dedica básicamente a rellenar quinielas. Ya no es posible el desparpajo de aquel crítico musical que publicó la crónica de un concierto cuando en realidad el concierto lo suspendieron porque la sala donde iba a tener lugar había sido devorada por un incendio.
Añade que:
En la cuarta mañana del ébola, algunos de los ansiosos obituarios publicados parecían apuestas desastrosas en una carrera de caballos mientras otros semejaban desviaciones de un universo paralelo. Al leerlas daba la impresión de que no importaba gran cosa que Teresa siguiera viva y luchando contra una enfermedad mortal: lo esencial era, que en su carrera de motos contra la competencia, el periodista le había echado de pasada un pulso a la realidad y la había hecho mierda.
Y concluye que:
A los precognitivos cronistas y los profetas del columnismo que recomendaban autopsia o incineración la muerte de Teresa también les sonaba de algo. Esta novedosa técnica literaria se conoce como “escribir de oído”.
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