La semana bursátil no ha podido ir peor. El IBEX se ha dejado un 6 por ciento y ha vuelto a niveles de 2013. El lunes abrirá desde los 9.700 puntos y acumula pérdidas en lo que va de año del 5,4 por ciento. Ya nos habían anunciado los analistas que este año iba a ser volátil. No se cuántos podían prever que el inicio iba a ser tan convulso. Lo cierto es que andábamos todos preocupados por la situación de Grecia y la brutal caída del precio del petróleo, cuando la presidenta del Santander completa una ampliación de capital de 7.500 millones de euros. Los títulos de la entidad bancaria se cayeron un 14 por ciento el viernes y no se descarta que siga cayendo. Cierto que esta ampliación refuerza el capital del banco, quizás por sugerencia del BCE, pero no cabe duda de que la ampliación es de gran envergadura y de gran impacto. Las peticiones llegaron a los 11.000 millones de euros. También hay que señalar, y aquí es donde la huida de pequeños inversores ha podido hacer más mella en el valor, que Banco Santander cambia su política de dividendos. En una carta de Ana Botín dirigida a los accionistas, se les anuncia que el dividendo con cargo a los resultados de este año pasa de 0,60 euros a 0,20 euros por acción en cuatro pagos. Resultado, la mayor caída del valor desde 1998.
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