Resulta que en el debate sobre el estado de la nación, que comienza este martes en el Congreso de los Diputados, estarán ausentes las dos formaciones políticas que emergen estos días en las encuestas. Me refiero, claro, a Podemos y Ciudadanos, distintas y distantes, pero unidas en el éxito que encuentran en una parte de la ciudadanía harta, parece, de los esquemas tradicionales. Por eso mismo, Mariano Rajoy, que afronta su undécimo debate, y Pedro Sánchez, que se estrena en estas lides, tienen que acaparar con propuestas nuevas y, si posible fuere, con un lenguaje cercano e inédito, la atención de los electores. Están ante la quizá sea su última oportunidad de mantener al menos algo que podría ser un vestigio del bipartidismo imperfecto que nos ha venido rigiendo hasta ahora. Pero ¿podrán afrontar esta oportunidad?¿Sabrán, ambos, dar con las claves que les devuelvan una parte de esa confianza perdida, como muestran, de manera aterradora, las encuestas?
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez están condenados a entenderse. Lo dicen, ‘sotto voce», bastante altos responsables de las dos formaciones mayoritarias. Claro que ninguno de los dos puede admitirlo ahora -ya veremos en diciembre, tras las elecciones generales–. Y claro que la corteza del árbol no deja ver el árbol que impide la visión del bosque. O sea, que lo inmediato va a ser sacudirse leña hasta que canten las piedras, tratando de quedar mejor que el otro en un debate que es el acto parlamentario más importante del año y del que, la verdad, salen muy pocas cosas concretas desde que se instituyó por Felipe González, allá por 1983.
Me aseguran que Rajoy anunciará algunas medidas ‘beneficiosas para los españoles’; lógico, sobre todo en una tan larga época preelectoral como la que nos espera. Pero no creo que anunciando una bajada de las tasas judiciales, o determinados beneficios fiscales, vaya a crecer la popularidad que las encuestas le niegan a Rajoy. De la misma manera que el mero dar caña al Gobierno pasivo y lejano no hará más cercana y ágil la imagen de un Sánchez que llega, al menos, reforzado tras las escaramuzas internas en su partido, felizmente resueltas, creo, con la llegada de Gabilondo en sustitución de Tomás Gómez a la cabeza del cartel electoral madrileño, que parece que es el único que interesa a estas alturas. O ambos, y los demás, ensayan una revolución en sus ideas, forma y fondo, o este debate correrá el riesgo de ser uno más. Pero está muy claro que, faltando ya menos de un mes para la primera confrontación electoral, la andaluza, y apenas tres meses para esa ‘prueba de fuego’ que serán, para Sánchez y Rajoy, las elecciones autonómicas y municipales, ese debate sobe el buen o mal estado de la nación no es uno más.
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home