Este 1 de abril de 2015, escribe Fernando Jáuregui en Europa Press una columna titulada ‘Euroangustia’ en la que arranca diciendo:
Triste sino el de un país que, como la próspera, educada, Francia tiene que potenciar a alguien como Nicolas Sarkozy para evitar males mayores. Es bien sabido que se trata de alguien acusado de corrupciones varias, de personalismos diversos, con evidentes errores en su trayectoria política: todo con tal de evitar que los ultraderechistas de Le Pen se hagan con el gobierno central o, incluso, con algún gobierno departamental.
Añade que:
‘Sarko’ es, así, el peón existente entre un Hollande que ha llevado a la nada las recetas socialistas y que ya se ve reemplazado en un futuro no lejano por su primer ministro, Valls, y una Marine Le Pen que es, y ya es decir, casi lo mejor –lo menos malo– que existe en la militancia del Frente Nacional, cuajada de homófobos, racistas y antieuropeos.
Y concluye que:
Queda, pues, Alemania como factor de estabilidad, bien liderada, digan lo que digan, por una canciller que comete muchos menos errores que sus colegas en la UE y que sigue significando un escudo frente a las pretensiones y vulneraciones de Rusia. Claro que me preocupa, por tanto, el porvenir de Europa. Pero es que ¿no hay acaso motivos para esta preocupación? Para mí, Nicolas Sarkozy y su entorno significan el comienzo de una euroangustia.
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