Este 28 de abril de 2015, escribe María Blanco en Vozpópuli una columna titulada ‘De la puerta de atrás a la puerta giratoria’ en la que arranca diciendo:
En este agitado mes de abril, el clima político se hace denso y se percibe electrificado como en esos momentos que preceden a la tormenta. Los discursos se tensan, el tono se recrudece, las maneras a veces se pierden y yo, abstencionista, observadora y un poco hastiada de todo (y no hemos empezado), solamente pienso en las puertas.
Añade que:
Ya hemos aprendido que mientras que los funcionarios honestos prestan un servicio al público, los políticos, honestos o no, son gente «del partido» y a él se deben. Y ahora que van a cambiar los gobiernos locales y regionales en mayo y el nacional en otoño, las puertas giratorias están engrasando su mecanismo para que todo vaya bien.
Y concluye que:
Y, por supuesto, contándonos a los españoles que él siempre estuvo en ese tema y que le habrían nombrado consejero, aunque no hubiera sido presidente del gobierno. Y habrá gente que siga tragando. Me refiero a ambas cosas. A la pericia de González y a la indignación de Sánchez. Es la política de «puertas abiertas». Y esto no ha hecho más que empezar.
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