Gran verdad aquella que alerta que cuando los dioses quieren perder a los humanos les vuelven ciegos. O le dejan en manos de la peor de las compañías posibles: la «hybris», la soberbia. Rosa Díez, la esforzada, valiente y valiosa líder del partido UPyD es hoy en día el penoso ejemplo de este triste resumen de un fin de viaje anunciado. El partido que lidera y que durante años fue el tábano capaz de interrumpir la placentera siesta llena de corruptelas del bipartidismo nacional (PP y PSOE) al tiempo que denunciaba las componendas extractivas de los partidos nacionalistas catalanes y vascos, ni aparece en las encuestas. Su encefalograma demoscópico, da plano. Los electores que les venían apoyando se han pasado a otras formaciones (con preferencia a Ciudadanos) o simplemente, se han olvidado de ellos. Han olvidado que fue este partido el que con su discurso de hechos -no de palabras perdidas en ruedas de prensa-convirtieron el rechazo a la corrupción en denuncia ante los tribunales. El «caso Bankia», con los Rato, Blesa y demás «artistas» no estaría donde está sin esa tarea de fiscalización de los asuntos públicos. Por no hablar de las preferentes. O la permanente denuncia de las arbitrariedades, abusos e incumplimientos de algunos leyes por cuenta de los nacionalistas. UPyD cumplía un papel esencial. Era el partido llamado a ser el delator de las grietas del sistema. El «Pepito Grillo» capaz de sacudir de sus cómodas poltronas a los encubridores de la «Gürtel», los Eres de Andalucía o el saqueo del «Palau».
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