Es curioso ver cómo indigna el supuesto maltrato dispensado a sus ex trabajadores por el marido de Manuela Carmena a los mismos que aplauden la Reforma Laboral del Gobierno de Rajoy, que convierte en esclavos, y encima en esclavos pobres, a los trabajadores. Esperanza Aguirre, que creyó desacreditar a la candidata de Ahora Madrid diciendo que había sido una juez del «cuarto turno», al que se accede, por cierto, por el prestigio y la excelencia, vuelve ahora a alimentar la campaña contra Carmena con la munición de la fracasada empresa de su marido, que en el aspecto jurídico los tribunales no le han señalado ninguna responsabilidad penal. En ambos casos, Esperanza Aguirre sabe, habla, opina, juzga y malmete por lo leído en algún periódico, donde, como bien sabemos quienes hemos gastado nuestra vida trabajando en ellos, no siempre se acierta a nombrar la verdad. Con lo del «cuarto turno» pasó eso, que no era cierto, y con lo del estudio de arquitectura del marido de la ex magistrada, y las presuntas sevicias a los empleados, y los impagos, y las insolvencias, y los traslados patrimoniales, se irá viendo lo que haya de verdad.
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