Tras el cataclismo del PP, resulta que Mariano Rajoy sigue siendo un calco de sí mismo, como, por lo demás, todo el mundo esperaba. Es inaudito: que el partido triunfador es el suyo, que descarta cualquier cambio en el Gobierno y en el partido y que él es el mejor candidato para las elecciones generales. Sobran los comentarios. Resulta que es que lo que tienen que hacer es ser más cercanos y comunicar mejor. Inaudito de nuevo. ¿Tampoco va a cesar a Cospedal de la secretaría general? Es capaz. Y nada sobre la contundente derrota, ni la inconmensurable pérdida de poder, ni los dos millones y medio de votos evaporados. ¿Seguirán con el mono-relato de la economía? Seguro. Ni media palabra del profundísimo cambio que ha llegado y que comienza tras el 24-M. Ni una mención a Manuela Carmena, Ada Colau, Mónica Oltra. Ni a la ganancia previsible de poder del PSOE, a pesar de que ha perdido 700.000 votos. Silencio sobre la eclosión de las plataformas populares en lugares señeros de la geografía patria. La realidad no existe para ellos. Solo agarrarse a la posibilidad de conservar algún poder gracias a Ciudadanos, que no se lo va a poner fácil. Una levísima mención a la corrupción, que «podría haberles perjudicado algo».
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