«A veces es necesario y forzoso que un hombre muera por un pueblo, pero nunca un pueblo entero debe morir por un hombre: acuérdate siempre de esto, Sefarad». Las palabras del gran poema de Salvador Espriu debieron sobrevolar la reunión del Comité Ejecutivo del PP en el que los barones asistentes escucharon en silencio y por primera vez sin aplaudir -¡todo un hito¡- un discurso complaciente de Mariano Rajoy al analizar los resultados obtenidos en las elecciones del domingo. Rajoy insiste en el análisis tecnocrático y economicista que han rechazado buena parte de los electores tradicionales del partido. No es probable que todos los barones del PP hayan leído a Salvador Espriu, pero es seguro que más de uno sí. Desde luego, lo doy por hecho entre algunos cuyas baronías pertenecen a lo que históricamente fueron territorios del Reino de Aragón. Pienso en la sobria y solvente María Fernanda Rudi, en el mallorquín José Ramón Bauzá o en el superado Alberto Fabra, el hombre al que sin ser Hércules le fue encomendada la imposible tarea de limpiar los establos valencianos del rey Augias.
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